La enorme mayoría de las historias políticas comienzan en las grandes capitales del país y, las menos, por no decir una enorme minoría, se construyen lejos de ellas, y en casos aún más excepcionales, en el extremo sur de Argentina. La de Néstor Carlos Kirchner pertenece a esta última categoría. Río Gallegos fue su lugar de nacimiento, el escenario de sus primeros pasos en la militancia, el territorio donde construyó su poder político y el punto de partida de una carrera que lo llevaría hasta la Casa Rosada y, posteriormente, a la conducción de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
Este martes 27 de octubre se cumplen 16 años de su muerte. Tenía 60 años cuando falleció en El Calafate, durante una jornada que había comenzado atravesada por el Censo Nacional de 2010 y que terminó convertida en una de las fechas más recordadas de la historia política reciente de la Argentina.
Para Santa Cruz, su partida significó mucho más que la muerte de un expresidente. Fue la desaparición de un dirigente que había surgido de la política local, había gobernado la provincia durante 12 años y alcanzado la máxima responsabilidad institucional del país. Su nombre quedó ligado a una etapa de profundas transformaciones políticas y a una discusión que continúa vigente: qué lugar ocupa el Estado, cómo se distribuye el poder y de qué manera se construye un proyecto político desde el interior de la Argentina.
Se formó en la política local
Néstor Kirchner nació el 25 de febrero de 1950 en Río Gallegos. Cursó sus estudios primarios y secundarios en la ciudad y luego se trasladó a La Plata para estudiar Derecho en la Universidad Nacional de La Plata, donde también desarrolló su militancia en el peronismo universitario y conoció a Cristina Fernández.
Tras recibirse de abogado, regresó a Santa Cruz. En una provincia con una escala política y económica muy diferente de la nacional, comenzó a construir su propio espacio, primero desde la actividad profesional y la militancia, y después mediante la competencia electoral.
En 1982 participó en la creación del Ateneo Teniente General Juan Domingo Perón, una organización que funcionó como plataforma de su construcción política. Con el retorno de la democracia, ocupó la presidencia de la Caja de Previsión Social y avanzó en la organización del justicialismo santacruceño.
El 6 de septiembre de 1987 fue elegido intendente de Río Gallegos por una diferencia de apenas 111 votos. Aquel resultado, ajustado y decisivo, marcó el comienzo de una etapa en la que el dirigente local empezó a consolidar una estructura política propia.
Cuatro años después, en 1991, ganó la elección para gobernador de Santa Cruz. Fue reelegido en 1995 y nuevamente en 1999, por lo que permaneció al frente del Ejecutivo provincial hasta 2003.
Su paso por la Gobernación le permitió ampliar su influencia, desarrollar vínculos políticos y económicos y proyectarse más allá de los límites provinciales. Río Gallegos dejó de ser solamente el escenario de su construcción: se convirtió en la base desde la cual organizó el salto a la política nacional.
La llegada a la Casa Rosada
El 25 de mayo de 2003, Kirchner asumió la Presidencia de la Nación en un país que todavía atravesaba las consecuencias de la crisis de 2001. Había obtenido el 22% de los votos en la primera vuelta y llegó al Gobierno después de que Carlos Menem desistiera de competir en el balotaje.
Su llegada al poder representó un hecho singular para Santa Cruz. Por primera vez, un dirigente nacido en Río Gallegos se convertía en presidente argentino. El recorrido desde la intendencia de una capital provincial patagónica hasta la Casa Rosada modificó la dimensión de la política santacruceña y situó a la provincia en el centro de decisiones nacionales.
En su discurso de asunción, Kirchner planteó una idea que sintetizaba el horizonte de su gobierno: “Vengo a proponerles un sueño, quiero una Argentina unida, quiero una Argentina normal, quiero que seamos un país serio, pero además quiero que seamos un país más justo”.
Su gestión tuvo entre sus principales ejes la recuperación de la actividad económica, la renegociación de la deuda externa, la reducción del desempleo y el fortalecimiento del mercado interno. En materia institucional, impulsó cambios en la Corte Suprema de Justicia y promovió una política de derechos humanos que incluyó medidas para reabrir los procesos judiciales por los crímenes de la última dictadura.
Su gobierno también procuró fortalecer los vínculos con otros países de América Latina, en un escenario regional en el que varios mandatarios buscaban ampliar la autonomía política y económica de sus naciones.
La Presidencia amplificó una forma de hacer política que Kirchner había desarrollado durante sus años en Santa Cruz: la construcción de poder desde el territorio, la negociación, la confrontación con adversarios y la centralidad de las decisiones del Estado. Esa combinación definió tanto sus apoyos como buena parte de las controversias que acompañaron su gestión.
De la Patagonia a la integración sudamericana
La trayectoria de Kirchner no terminó con su salida de la Presidencia, en diciembre de 2007. En 2009 fue elegido diputado nacional y, en mayo de 2010, asumió como secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas.
La designación amplió su campo de actuación: el dirigente que había comenzado su carrera en Río Gallegos pasó a desempeñar una función vinculada con la coordinación política entre los países sudamericanos.
En ese ámbito, su figura quedó asociada a la búsqueda de consensos regionales y a los esfuerzos por fortalecer los mecanismos de integración. La Unasur representaba entonces una apuesta por la cooperación entre gobiernos de América del Sur, en un contexto de diferencias ideológicas y tensiones diplomáticas.
Su recorrido político trazó así una línea que unió distintos niveles de poder: la intendencia, la Gobernación, la Presidencia y la representación regional. No se trató solamente de una sucesión de cargos. Cada etapa amplió el alcance de las decisiones que podía impulsar y el territorio en el que intervenía.
El 27 de octubre de 2010, cuando todavía ejercía esa función regional, murió en El Calafate a causa de un paro cardiorrespiratorio. Su fallecimiento interrumpió una carrera política que, aun después de la Presidencia, seguía proyectándose sobre la vida institucional argentina y sudamericana. Sin embargo, su legado sigue intacto y, aún hoy, su nombre es evocado por millones de personas y sigue siendo una de las principales inspiraciones en la incursión de los jóvenes en la política.
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