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En 1966, un comando integrado por 18 jóvenes militantes de la resistencia peronista secuestraron un avión de Aerolíneas Argentinas y lo desviaron para aterrizar en las islas Malvinas ocupadas desde 1833 por el Reino Unido.

La acción armada se denominó “Operación Cóndor”.

El operativo tuvo un detallado plan que había comenzado a gestarse mucho tiempo antes de que el Douglas DC4 Teniente Benjamín Matienzo se aprestara a realizar el vuelo 648-AR que debía partir a las 00:34 del 28 de septiembre de 1966 desde el Aeroparque Metropolitano “Jorge Newbery” con destino original hacia la ciudad de Río Gallegos, provincia de Santa Cruz.

El Comando Cóndor con la bandera argentina que flameó en Malvinas. Foto: Héctor Ricardo García/Diario Crónica

Argentina estaba bajo la dictadura de Juan Carlos Onganía y la operación se llevó a cabo justo cuando el Príncipe Felipe, consorte de la Reina Isabel, se encontraba en Buenos Aires.

Dardo Cabo, periodista y metalúrgico de 25 años, estaba al frente del grupo de jóvenes de entre 18 y 32 años, todos miembros del Movimiento Nueva Argentina. Junto a él viajaron Alejandro Armando Giovenco, de 21 años; Juan Carlos Rodríguez, de 31, empleado; Pedro Tursi, de 29, empleado; Aldo Omar Ramírez, de 18, estudiante; Edgardo Jesús Salcedo, de 24, estudiante; Ramón Adolfo Sánchez, de 20, obrero; María Cristina Verrier, de 27, dramaturga y periodista e hija de César Verrier, juez de la Suprema Corte de Justicia y funcionario del gobierno del expresidente Arturo Frondizi; Edelmiro Ramón Navarro, de 27, empleado; Andrés Ramón Castillo, de 23, empleado de la Caja de Ahorros; Juan Carlos Bovo, de 21, obrero metalúrgico; Víctor Chazarreta, de 32, obrero metalúrgico; Pedro Bernardini, de 28, obrero metalúrgico; Fernando José Aguirre, de 20, empleado; Fernando Lisardo, de 20, empleado; Luis Francisco Caprara, de 20, estudiante de ingeniería; Ricardo Alfredo Ahe, de 20, empleado; y Norberto Eduardo Karasiewicz, de 20, obrero metalúrgico.

Uno de los pilotos del Douglas DC4 estaba al tanto de la misión y además había practicado aterrizajes de emergencia en la provincia de Chaco.

Héctor Ricardo García a su regreso con la tapa del diario y la exclusiva del Operativo Cóndor.

Entre los 42 pasajeros del avión se destacaba uno en especial: Héctor Ricardo García, director del diario Crónica, a quien Dardo Cabo le había sido avisado que debía viajar en ese avión para tener “una primicia”.

La invitación no era sólo para que el matutino porteño difundiera la noticia, sino también porque el medio se había destacado por dar a conocer la acción del piloto Miguel Fitzgerald, quien se convirtió el primer argentino en volar a las Malvinas en octubre de 1964 a bordo de un Cessna 185, con motor de 260 HP, matrícula civil LV-HUA y bautizado “Luis Vernet”.

En el avión también viajaba el gobernador del entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, el contraalmirante José María Guzmán.

Secuestro y aterrizaje

La tripulación técnica estaba conformada por el comandante Ernesto Fernández, el primer oficial Silvio Sosa Laprida, el técnico de vuelo Aldo Baratti y el radiooperador Joaquín Soler.

El avión de Aerolíneas Argentinas partió hacia Río Gallegos, pero a mitad del vuelo cuando la aeronave se encontraba entre Comodoro Rivadavia y Puerto San Julián, el comandante Fernández García, fue abordado por los militantes que le marcaron el cambio de destino. Nunca antes en Argentina un avión había sido secuestrado.

Al acercarse a las islas Malvinas, el Douglas DC4 aterrizó en la misma pista de cuadreras que había sido escenario de la gesta de Fitzgerald dos años antes. La aeronave quedó atrapada en la turba, al final de la recta de 800 metros: el lugar fue bautizado como “Aeropuerto Antonio Rivero”, el gaucho que lideró un levantamiento contra los ingleses en 1833.

Tras el forzado aterrizaje, el comando a cargo de la Operación Cóndor colgó siete banderas argentinas en las inmediaciones del avión: alambrados, postes fueron utilizados como mástiles para que la enseña patria flameara en el Atlántico Sur, en donde también cantaron el himno. En ese marco, los “cóndores”, como se autodenominaban, tomaron como rehenes a algunos kelpers que se habían acercado hasta allí, incluido el jefe de la Policía local y un alcalde.

Los argentinos izaron la bandera en las islas Foto: Héctor Ricardo García/Diario Crónica)

A las 09:57, utilizaron la radio del avión e informaron: “Operación Cóndor cumplida. Pasajeros, tripulantes y equipo sin novedad. Posición Puerto Rivero (Islas Malvinas), autoridades inglesas nos consideran detenidos. Jefe de Policía e Infantería tomados como rehenes por nosotros hasta tanto gobernador inglés anule detención y reconozca que estamos en territorio argentino” .

Las banderas habían sido confeccionadas por la madre de Cristina Verrier y la decisión de llevar siete banderas estuvo ligada al significado bíblico del número, relacionado con la perfección. “La recuperación de las Islas Malvinas no puede ser una excusa para facciosos. Es causa profunda de la vocación de patria de cada argentino”, aseveró Onganía en el comunicado oficial emitido por la Casa Rosada tras conocerse la noticia.

El grupo liderado por Dardo Cabo se acercó hasta la residencia oficial del mandatario de las islas Malvinas, sir Cosmo Haskard, allí informaron a las autoridades que el propósito de la misión era “reafirmar la soberanía argentina” sobre el archipiélago y que se trataba de una operación pacífica.

Pese a esa última aclaración y tras liberar a los pasajeros argentinos -luego fueron alojados varios días en casas particulares, incluyendo la del gobernador isleño-, los uniformados locales rodearon el avión con armas antiaéreas y también dotaron a pobladores civiles de armamento.

Las 36 horas siguientes fueron de extrema tensión en las inmediaciones de Puerto Argentino, ya que los militantes no se rindieron y no tenían pensado hacerlo ante los británicos. La mediación llegó de manos del párroco local, el holandés Rodolfo Roel, quien ofició una misa a bordo del Douglas DC4 a pedido de Dardo Cabo.

La entrega de las armas tuvo como protagonista al comandante del avión Fernández García, quien fue reconocido como máxima autoridad por los cóndores. Tras permanecer detenidos en la iglesia local durante 48 horas, los miembros del comando argentino fueron trasladados el 1º de octubre hacia mar abierto, donde los esperaba el buque Bahía Buen Suceso: para hacer entrega de los prisioneros se necesitó de dos viajes, ya que en el primero el fuerte oleaje hizo imposible que pudieran subir a la embarcación por la escalera de soga.

Una vez a bordo del buque argentino, Cabo entregó las banderas al contraalmirante Guzmán: “Señor gobernador de nuestras Islas Malvinas, le entrego como máxima autoridad aquí de nuestra patria, estas siete banderas. Una de ellas flameó durante 36 horas en estas islas y bajo su amparo se cantó por primera vez el Himno Nacional“.

En tanto, en las islas Malvinas aún permanecían los pasajeros que fueron sorprendidos por la iniciativa de los cóndores. En ese grupo se encontraba una niña de nueve años, Lucía Miriam del Milagro París, quien estuvo alojada en la casa del gobernador junto a su madre, la azafata del vuelo, una familia y Héctor Ricardo García. El director de Crónica le encargó una misión a la niña: avisar cuándo levantaban el teléfono en la planta baja para que él pudiera levantar el de la planta alta y escuchar las conversaciones del mandatario local.

Días más tarde, el 3 de octubre, el Bahía Buen Suceso dejó a los cóndores en Tierra del Fuego, donde quedaron detenidos en las jefaturas de la Policía Federal de Ushuaia y Río Grande.

Ante el juez

Acusados de los delitos de privación de libertad y tenencia de armas de guerra, los militantes se limitaron a responder ante el juez del Tribunal de primera instancia de Tierra del Fuego, Miguel Ángel Lima: “Fui a Malvinas a reafirmar nuestra soberanía”. Lisardo fue el único que amplió su declaración: “Lo volvería a hacer”, agregó ante el magistrado.

 

Quince de ellos fueron dejados en libertad luego de nueve meses en prisión: Dardo Cabo, Alejandro Giovenco y Juan Carlos Rodríguez permanecieron tres años en prisión debido a sus antecedentes político-policiales como militantes de la Juventud Peronista. En 1967, Cabo recuperó las siete banderas que habían flameado en las islas. Tres años más tarde entregó una de ellas a César Cao Saravia, junto a una carta.

Tras varios días en Puerto Argentino, los pasajeros argentinos hicieron el mismo trayecto que los cóndores: lanchas militares los llevaron a mar abierto para entregarlos al Bahía Buen Suceso, que los llevó de regreso al continente.

 

Bandera del Operativo Cóndor en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur
Foto: Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur

Décadas más tarde, con la democracia ya consolidada, Verrier, ideóloga del plan ejecutado por los cóndores, entregó en 2012 seis de las banderas a la entonces presidenta Cristina Fernández, la restante fue cedida por Susana Arrechea, viuda de Cao Saravia.

Una de las banderas, “la más sucia, la más embarrada”, fue colocada en el mausoleo donde descansan los restos de Néstor Kirchner en Río Gallegos -a pedido de Verrier-; y las restantes fueron enviadas a la Basílica de Nuestra Señora de Itatí, en Corrientes; al Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, en la ex-ESMA; al denominado patio Malvinas Argentinas de Casa Rosada; a la Cámara de Diputados; al Museo del Bicentenario, en Balcarce 50; y la Basílica de Luján.

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