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Correa comenzó su intervención asegurando que actuó siempre conforme a la reglamentación vigente y destacó el carácter estricto de los controles dentro de la Armada Argentina.
“Quiero expresarles a este tribunal que he cumplido con todas las responsabilidades que la reglamentación me exige, que he cumplido esa reglamentación en forma rigurosa y que cuando me he equivocado me han sancionado, aunque ese error no cause peligro. En la Armada somos rigurosos con nosotros mismos”, manifestó.
El oficial recordó que se desempeñó como jefe de Operaciones del Estado Mayor del Comando de la Fuerza de Submarinos, un organismo que desarrolla sus tareas desde tierra, y afirmó de manera categórica: “Soy inocente. Actué con el convencimiento absoluto de estar haciendo lo correcto”.
Durante su exposición, apeló a una comparación entre la función judicial y la conducción de un buque para referirse a la responsabilidad que enfrentan los magistrados al momento de dictar sentencia.
“Ustedes, señores jueces, están haciendo las veces de comandante de ese buque. Van a evaluar qué puede hacer y qué no puede hacer. Lo que decidan va a impactar. Esa toma de decisión es lo que en la Marina llamamos la soledad del comando”, expresó.
En ese contexto, pidió que la decisión del tribunal estuviera guiada por la reflexión y la justicia. “Encomiendo su decisión al Señor para que les brinde luz”, señaló.
Correa también evocó el momento en que la tripulación del ARA San Juan zarpó en octubre de 2017. Recordó que junto a otros integrantes del Estado Mayor participó de la despedida de los submarinistas y destacó el profesionalismo y el espíritu con el que emprendieron la misión.
“Despedimos una dotación de profesionales bien adiestrados y felices”, afirmó. Añadió que con varios de los tripulantes compartió destinos, guardias, clases, cumpleaños, cenas y horas de inmersión, además de la “pasión por el arma submarina” y la particular camaradería que caracteriza a quienes integran esa fuerza.
En uno de los pasajes más emotivos de su declaración, remarcó que todos los integrantes de la Armada conocen desde el inicio de su carrera los riesgos inherentes a la actividad naval y militar.
“Todos los que vestimos este uniforme sabemos que nos preparamos para la guerra. Sabíamos desde el primer momento que el mar es un entorno con peligro y que asumíamos riesgos de manera voluntaria”, sostuvo.
Según indicó, los 44 tripulantes del ARA San Juan comprendían esos riesgos y los aceptaban porque entendían que su misión era la defensa de los intereses de la Nación en el mar.
“Ellos honraron ese juramento hasta el final”, afirmó.
Correa describió además los fuertes vínculos que se generan entre los submarinistas durante las navegaciones y las inmersiones, donde la confianza mutua resulta esencial para la supervivencia.
“Vivimos momentos difíciles de esos que solamente los submarinistas entienden. Donde la confianza en el otro es lo único que nos mantiene con vida”, expresó.
Finalmente, señaló que el dolor por la pérdida de la tripulación trasciende lo personal y constituye una herida para toda la institución naval.
“Es un luto institucional profundo que golpeó el corazón de toda la Armada”, dijo.
También dedicó unas palabras a los familiares de las víctimas, al afirmar que merecen “todo el apoyo, el acompañamiento y la contención posible”, y cerró su intervención con un homenaje a los fallecidos: “A mis camaradas en Patrulla Eterna, honor y respeto permanente”.
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