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Por Ismael Tebes (Especial para La Opinión Austral)
La historia manda. Un 16 de junio de 1983, dos pibes prácticamente desconocidos, se ganaron el mango en una pelea que terminó sorprendiendo a todos. Porque aunque eran novatos, adolescentes y totalmente inexpertos en el arte de las piñas; se fajaron como expertos y calentaron el clima en una noche fría en el Complejo Deportivo “Ingeniero Knudsen” de Caleta Olivia.
El “Roña”, con 15 años y casi 58 kilos, horas antes había falsificado el permiso reglamentario con la firma de una vecina. La negativa de su madre estaba puesta e inclusive, sus hermanos no fueron al festival para no “levantar la perdíz”. Había pasado apenas una semana de que Castro decidiera “entrenarse” a las órdenes de Perico Duarte cuando una baja inesperada lo llevó a convertirse en boxeador.
El festival había sido organizado por el Club YPF e incluía la presencia de boxeadores de Trelew, entre ellos un oponente para Daniel Arce, el “Trompa”, quien llevaba más tiempo entrenando y venía de debutar con un nocaut técnico en Pico Truncado.
“Estábamos en nuestro pueblo y eso era una motivación especial, porque íbamos a estar frente a nuestra gente. La verdad es que creí que le iba a ganar fácilmente a Castro”, recordó Arce sobre aquella movida sorpresa.
Aquella mítica pelea terminó en empate y con los dos rostros enrojecidos por la acción, llenos de aplausos. “Fue una pelea pareja. Castro era más vivo, corría y yo no lo podía agarrar. Eso sí: en el segundo round me pegó una piña en la cabeza y me hizo ver las estrellas” reconoció el “Trompa” según refleja el libro “Plata o mierda”, escrito por Sebastián Contursi.
Al revés, la versión del “Roña” difería diametralmente. Quien subió a pelear con pantalón y botas prestadas por Oscar Ayala expresó: “Para mí, yo lo cagué a trompadas. Yo era una piltrafa de persona. En ese momento no soñaba con llegar lejos. Lo tomé como una cualquier actividad, para ganar plata. Y como me habían pagado bien, le tomé el gustito y después quería pelear todos los días”.
Si bien su nombre se asocia a aquella pelea con Jorge Fernando Castro, el día de su debut como amateur, Daniel Francisco Arce, el “Trompa” forjó su propio camino en el boxeo. Cumplió una destacadísima carrera como profesional y llegó a coronarse campeón sudamericano.
Era el mejor exponente del boxeo de barrio, el estilo que no suele aprenderse en los libros. Era cuestión de calzarse los guantes y subirse al ring para poder demostrarlo. Esa escuela inexplicable lo forjó en la vida misma.
Como amateur peleó con todos y en todos lados, sin medir riesgos y a veces, hasta con dos combates por fin de semana. En esos tiempos, no se pesaba sino que se medía la altura como criterio equivalente. Cuando los pibes le ganaban a los viejos no dejó ciudad de Santa Cruz por recorrer.
Se mostró en Chile y era una figura emergente en los tiempos de Pedro César Duarte y Carlos “Tano” Velázquez y abundaban los profesionales en el flanco norte: Daniel Macías, César Roberto Guerrero; el salteño José Martín Cruz y Luis “Pimienta” Escudero.
Como rentado debutó en 1988 en la ya extinta categoría medio mediano junior en el ex Complejo de Gas del Estado en Pico Truncado noqueando en el último round, el octavo, a Juan Carlos Velázquez. Y desde ahí sumó una maratón de triunfos ante Daniel Mejuto; el chileno radicado en Comodoro Rivadavia Ramón Aguila Castillo; Ramón “Sugar” Páez; Ramón Crespín y Raúl “Pelado” Montesino, a quien noqueó en el primer round en noviembre de 1.988.
En el 89’ Víctor Flores le arrebató su invicto en La Rioja pero su carrera volvió a revitalizarse con triunfos ante Rubén Traba; el rionegrino Néstor Monge; Héctor Adarme y el también caletense Leopoldo Valdivia. Sufrió reveses ante los chilenos Julio Barría, Oscar Benavidez Muñóz, Juan Carlos González y Pedro Jofré Carrasco, siempre de visitante.
En el ’90 tuvo su primera gran chance. Salió del país para buscar el título Internacional del Consejo Mundial de Boxeo en la categoría ligero. Por una gestión del propio “Roña” Castro. “Me iba de viaje y él me decía que vaya con lo que tenía puesto. Me tenía un bolsón lleno de buzos, ropa y hasta chinelas”, señaló.
Llegó hasta Zaragoza, España donde el local Pedro Sánchez, lo terminó venciendo por puntos en fallo dividido a doce vueltas. También combatió en Río Gallegos, empatando con Carlos Franco el 12 de octubre del 89 y repitió en 1991, perdiendo por puntos con Andrés Rogel, otro ex profesional capitalino. La última en ésta ciudad, la concretó ya en el tramo final de su carrera, el 6 de noviembre de 1992 perdiendo por puntos con Fabián de Jesús Alvarez.
Una gran noche se dio para él, el 15 de mayo de 1992 en el Complejo “Ingeniero Knudsen” cuando superó por segunda vez por puntos al chaqueño Faustino Martire Barrios, aquel recordado pupilo de Santos Zacarías, y en 1992, se coronó campeón sudamericano ligero al vencer en Caleta Olivia a José Ramón “Bronca” Soria. Se despidió en 1994 sumando nombres destacados a su récord: el correntino Rodolfo Rodríguez; Héctor Fernández y el mendocino Osvaldo Corro quien le arrebató en Mendoza, el cinturón continental.
El “Trompa”, apodo que para él y para casi nadie, no requería explicación; pasó por todos las situaciones; vivió a su manera y así, llegó a encontrar la felicidad. A su modo, quizás a contramano de la lógica y sin que le haya faltado pasión. Sus últimos tiempos no fueron los mejores. Jubilado municipal y con algunos problemas de salud, nunca negó su verdad. Y la expuso a quien quisiera escucharla y le prestara el oído por un rato.
No hace mucho, un homenaje realizado en el gimnasio Mosconi lo mostró erguido, campeón, auténtico. Y quizás ese gesto, resultó el mejor último aplauso. En un ring, con sonido de campana; con hijos y nieto en la platea, disfrutando de lo que fue su pasión y su medio de vida.
Arce la peleó siempre, a veces en silencio. A veces peleado con él mismo y con el tiempo que dilapidó, empujado por sus propios fantasmas.
Boxindanga, entrenador, remisero, municipal, un tipo caminante de las calles de su ciudad. Más caletense, imposible. Un loco lindo que a veces quería resistirse al pasado pero lo extrañaba. El “Trompa” boxeador quedará en el recuerdo de su ciudad. Había nacido el primero de febrero de 1964. Tenía 62 años y se fue como lo que fue, un campeón de barrio y calle de tierra; capaz de desafiar al mundo.
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