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Mientras se lleva adelante el juicio por el hundimiento del submarino Ara San Juan, el Grupo La Opinión Austral entrevistó en exclusiva a familiares de los tripulantes fallecidos. Repasaron el impacto familiar ante la tragedia, el incansable pedido de justicia y la lucha constante por llegar a la verdad.
El abogado querellante Luis Tagliapietra, padre del fallecido teniente de corbeta Alejandro Tagliapietra, y Lucía Zunda Meoki, hermana del submarinista Adrián Zunda Meoki, visitaron los estudios de LU12 Radio Río Gallegos. Además, formó parte de la charla a través de una comunicación telefónica Susana Ecoria, mamá de Fabricio Alejandro Alcaraz Coria.
Los testimonios se producen en el marco del proceso judicial que comenzó hace más de dos meses en la capital santacruceña y que actualmente se encuentra ingresando en su etapa final.
Testimonios del dolor
LU12: ¿Cómo sigue el juicio? Ya declararon los familiares
Luis Tagliapietra: Está previsto por ley. Más allá de las potestades del querellante, está la Ley de Víctimas que lo exige. Esto no es un beneficio, la ley exige al Tribunal que las víctimas sean escuchadas. No es vinculante, simplemente deben ser escuchadas. Las 44 familias son cientos de familiares y los que se animaron a dar su voz fueron poquitos. A pesar de que pasaron ocho años y medio, las familias están destruidas. Muchísimos familiares nos dejaron, fallecieron, sin siquiera saber qué pasó con sus hijos. Con tratamientos psicológicos, psiquiátricos, hijos que no comprenden qué pasó ni dónde están sus papás. Y a los que se animaron a hablar les costó muchísimo porque es muy duro. Fue muy duro para todos nosotros escucharlos, la verdad.
LU12: Lucía, por cuestión laboral estás en Río Gallegos, pero sos de Mar del Plata. ¿Cómo vivís este período?
Lucía Zunda Meoki: Cuando ocurrió todo estaba viviendo en Brasil. Cuando me enteré del juicio que se iba a dar acá, no podía creerlo. La vida en Mar del Plata -después de todo lo vivido- para mí fue bastante difícil. Me vine para acá y uno nunca cree que estas cosas van a suceder en Río Gallegos. Entiendo que el cotidiano no es como en la provincia de Buenos Aires donde se ven muchas cosas, donde vivimos las crisis, por ejemplo, en este momento del país. Acá es muy diferente, vivimos de otra manera, más tranquilos en un montón de aspectos. Eso no significa que las cosas no ocurran.
Soy única familiar presente. Antes de que levantamos el acampe, mi papá tenía que hacerse un tratamiento oncológico y tuve que viajar a Mar del Plata. Les dije a mis compañeros de lucha -otros familiares- que yo no creo en la Justicia argentina. Ha habido muchos casos como la AMIA, por ejemplo, donde hasta el día de hoy no se sabe qué sucedió. Estando acá y siendo la única familiar presente en la ciudad, sentí la responsabilidad moral de estar presente.
LU12: ¿Cómo era Adrián? ¿Era mayor que vos, menor?
Lucía Zunda Meoki: Adrián era mayor, nos llevábamos cinco años. Si me ves a mí, estás viendo a mi hermano. Pasamos mucho tiempo juntos. Mis padres trabajaban mucho, entonces él me enseñó un poco de la vida. Nosotros somos chicos de barrio.
LU12: ¿Vienen de familia militar?
Lucía Zunda Meoki: No, fue una elección de él, en el secundario. Él estudió electromecánica en la Escuela Técnica de Mar del Plata y en el último año, donde van a exponer todas las carreras, él quería ser ingeniero electromecánico y le interesaron los barcos al escuchar al personal de la Armada Argentina.
Trabajó en un lavadero un año entero de noche para pagarse sus estudios para prepararse para entrar a la escuela de oficiales. Incluso en el medio de su carrera como militar estudió en la UTN de Punta Alta. Un hombre muy inquieto, con muchos interrogantes en su cabeza y curioso. Siempre intentó ser el mejor y con 32 años llegó a ser capitán de navío. Qué buena carrera que hizo con la pasión que le generó su carrera submarinista.
LU12: Susana, contanos algo de Fabricio
Susana Ecoria: Nació en San Luis, en El Volcán, a 20 kilómetros de la capital. Tenía un tío que se retiró de la Armada, y por intermedio de él se fue involucrando para estudiar en la fuerza. Terminó el secundario y se fue a rendir. Ese año no entró, recién al año siguiente ingresó y cuando se recibió le dieron una corbeta. Él no era submarinista. Estando en Mar del Plata decidió estudiar ese año de submarinista. Y bueno, es por eso que se hizo submarinista.
LU12: ¿Y cómo vivió con el resto de la familia todo este tiempo?
Susana Ecoria: Estamos prácticamente por terminar esta etapa de juicio. La verdad que desde un primer momento fue algo terrible. Después seguimos con la espera: la espera para buscarlo, la espera para el juicio y ahora la espera para la sentencia. Estamos ahí esperando, ojalá se haga justicia, la que necesitamos. Igual no nos va a devolver la vida de mi hijo, pero por lo menos que digan quiénes fueron los responsables, que no son los responsables los chicos que iban en el submarino.
Llegar a la verdad
LU12: El acusado Luis Enrique López Mazzeo dijo que el submarino estaba apto, una frase común entre los imputados
Luis Tagliapietra: El problema lo tenemos desde siempre, ya que ni ellos ni nosotros podemos ratificar ni rectificar eso. Los familiares fueron muy claros en ese sentido, queremos saber la verdad de lo que pasó. No es justicia si viene a raíz de una mentira. La verdad es lo que pasó y a partir de esa verdad, que los responsables respondan. Hay algo que dijo López Mazzeo que es cierto. La jueza de Caleta Olivia dijo: “Ya la Armada me entregó en bandeja de plata a los responsables”. Y nos damos cuenta que, si bien por supuesto tienen responsabilidades, todo quedó circunscripto en eso. O sea, una jueza que quedó muy cómoda aceptando todo lo que la Armada le remitía en cuanto a documentación, incluso en cuanto a hipótesis e historias, y hoy estamos en un juicio intentando develar si justamente lo que la doctora Yáñez determinó es cierto o no.
Para que se entienda, días atrás declararon los contraalmirantes Gustavo Trama y Alejandro Kenny y el capitán de navío De Argallo, retirados, fueron convocados por el exministro de Defensa Óscar Aguad para que investiguen qué pasó. La investigación la hicieron mientras estábamos en la búsqueda de los restos y, por supuesto, la hicieron basadas en algunos de los papeles y documentos que la propia Armada les remitió.
Entonces, por orden de un ministro de Defensa que ante todo dijo que los responsables eran los tripulantes, les impone a tres ex oficiales de la Armada que investiguen. Esa investigación la hacen de manera unilateral, por cuenta propia, sin convocar absolutamente a nadie de afuera. Nosotros ya éramos formalmente querellantes, nos podrían haber invitado; tenemos peritos de parte, podían invitar a expertos de otros países.
De hecho, todo el tiempo se habló de la colaboración de Estados Unidos, por ejemplo, pero para analizar esto no se los invitó. Entonces, ¿qué hicieron? Ellos tres sumado a un brigadier de la Fuerza Aérea, que mencionó el almirante Kenny como si un accidente aéreo tuviera algún tipo de comparación con el de un submarino, una locura total cuando justamente la Organización Marítima Internacional tiene protocolos dispuestos para lo que es la investigación de accidentes e incidentes marítimos. Eso no se tuvo en consideración. Supuestamente recurrieron a técnicos de los cuales no dieron nombres, pero por supuesto también de la propia Armada Argentina, y todo para terminar en un informe que en resumen lo responsabiliza particularmente al capitán del submarino, al capitán Fernández.
Todo esto en un contexto totalmente limitado en donde no se tuvieron en cuenta las reglas más básicas de cualquier investigación penal. Cualquier investigación penal, desde un hecho chiquito hasta el más grande, tiene un protocolo científico de valoración de la prueba y de producción de la prueba en donde necesariamente, si no está sostenido en eso, solamente se sostienen en hipótesis, en pareceres.
En una investigación seria eso no corresponde, por eso siempre se recurre a peritos objetivos, porque se busca la mayor objetividad posible. Siempre tuvimos expertos, por ejemplo, de la Prefectura, expertos ingenieros navales del ámbito civil siempre de nuestro país y, repito, un sinnúmero no solamente de expertos sino de instituciones estatales de otros países que hace más de cien años investigan accidentes e incidentes marítimos, de países como Alemania, de una seriedad que está por encima de todo. ¿Cómo puede ser que no se haya hecho nada en ese sentido? La sensación subjetiva que nos queda es que realmente a nadie le interesó saber qué es lo que pasó. Después de casi ocho años están en el banquillo los acusados que tienen responsabilidades, pero repito, vemos que el hilo se pretende cortar por lo más delgado. Los entregaron para satisfacer alguna idea de justicia y nada más. A mí en lo personal eso no me llena, eso no me basta. Yo sé que no, pero incluso si así lo fuera y si la verdad nos demuestra que no hay responsables que den cuenta de ello, así será, pero nos debemos a nuestros seres queridos el mejor homenaje que es la verdad.
LU12: ¿Qué opinión tenés, Lucía?
Lucía Zunda Meoki: Creo que desde el principio nos han querido inculcar lo imposible. Imposible era encontrar al submarino, imposible es saber la verdad, y la verdad es que el tiempo y a través de la lucha de todos los familiares logramos encontrar el submarino después de un año, cuando continuamente nos decían que era imposible.
Esto que vivimos acá durante el juicio son las mismas cosas que vivimos durante todo ese año que luchamos por decir la verdad, nuestra verdad, lo que hoy les dije a los jueces. La honestidad duele y es lo que tiene que tener este juicio. Entonces las personas que alzamos la voz, estamos presentes e intentamos comunicar a través de los medios de comunicación porque han querido callar innumerable veces. Hoy la lucha es más importante por la verdad y la justicia.
¿Qué hay detrás de todo esto? Me encantaría saberlo, pero entiendo que es algo más grande, que es la política seguramente, que es la Armada Argentina también seguramente. Pero bueno, sí quiero decir lo mismo que dije hoy en mi testimonio, que sentimos que hay algo más, porque ha habido muchas tragedias en la Argentina donde incluso hasta en la tragedia de Once, como dice Luis, siempre hubo un ministro que fue condenado. En nosotros, los familiares, estamos siendo perseguidos por la inteligencia de la Armada Argentina.
LU12: Susana, ¿cómo vivieron ustedes la tragedia?
Susana Ecoria: Yo me enteré por la televisión porque estaba viendo el noticiero C5N a las cero horas del día 17 y el noticiero abrió de fondo el mar y ahí dieron la noticia. La verdad que fue algo increíble, no lo podía creer. Me dio la sensación de que me pasaba un rayo y bueno, ahí estuve esperando a mi esposo que viniera a trabajar y ahí empezó ese peregrinar. Después yo me vine porque como decían en una página que lo estaban remolcando, me vine con la esperanza de recibirlo porque mi marido dice: “Andá vos, así cuando él llega, que tiene a Fabricio, nos reciba”. Y bueno, esas cosas fueron como una tortura porque uno pensaba una cosa y no era así, y después pasaron unos días y nos docuenta que no iba a volver Fabricio.
LU12: ¿Habías hablado con él?
Susana Ecoria: Sí, hablábamos por teléfono de cosas de familia, estuvimos hablando de todas las cosas de nosotros, pero bueno, en síntesis del submarino no hablamos. Cuando uno da testimonio, se me ocurre, uno habla más desde el corazón. Por ahí está el desconocimiento lógico de cuestiones técnicas que tienen que ver con la navegación, menos de un submarino me imagino, pero reitero, ante este tipo de situaciones uno habla más con el sentimiento, el dolor. Muchas noticias que he leído, escuchado y voy atando cabos, dicen que sí, el submarino realmente no estaba en condiciones para hacer ese viaje.
LU12: Luis , además lógicamente de representar a varias familias, también su hijo estaba ahí.
Luis Tagliapietra: Todo fue muy duro. Yo particularmente nunca pude hacer un duelo porque siempre estuve en lucha. Estuve en lucha cuando el 27 de noviembre de 2017 decidí viajar a Caleta Olivia para ver qué pasaba, porque ya nos dimos cuenta que nos estaban miendo, que nos estaban ocultando cosas. Entonces, de manera así espontánea, se me ocurrió ir y ver qué pasaba. Tuve siempre la ventaja en mi calidad de abogado para que me abran algunas puertas, que tampoco fueron fáciles. Un poco como describía Lucía, empezó ahí una lucha que parecía que no tenía fin. Yo dejé mi trabajo, dejé absolutamente todo para buscar a mi hijo. Terminamos acampando 60 días en Plaza de Mayo en el peor momento del invierno, en muchos casos estando yo solo, y tratando de defender lo que teníamos porque venían grupos de 40 a 50 policías a querer desalojarnos.
Surgió que algunos familiares teníamos que ir en la búsqueda y se dio que terminé siendo uno. A la vez de los elegidos era el único que hablaba inglés. En el barco se hablaba solamente inglés y tenía algunos conocimientos de náutica, pero también fundamentalmente conocía toda la causa. Así que termino embarcado y siendo el vocero con la empresa, en donde todos los días tenía las planificaciones de la búsqueda y de alguna manera debatíamos con los responsables qué era lo que había que hacer. Pasé 36 horas sin dormir, donde pasamos tormentas con olas de más de 10 metros de altura, donde pasamos momentos muy duros.
La empresa puso rumbo al puerto de Punta Arenas en Chile y dijeron: “No buscamos más porque ya agotamos todas las posibilidades, se termina”. Fui yo quien me quejé con el responsable de la Armada en ese momento, que era el director de Material Naval, el almirante Burden, y dije que no, que tenían que cumplir con el contrato. Nosotros habíamos impuesto, también los familiares habíamos impuesto en el contrato, que tenían que buscarlo por 60 días operativos válidos y todavía no se habían cumplido. Entonces exigimos que la búsqueda siga. Volvimos el primero de noviembre a Comodoro Rivadavia. Ahí le remarcamos lo que nosotros pretendíamos, que era que se profundice la búsqueda.
El 13 de noviembre de vuelta la empresa abandona la búsqueda porque la iluminada señora jueza Yáñez, y lo digo con todo el sarcasmo que se te ocurra, por instancia del iluminado doctor Fernando Burlando, que se hacía el que sabía que no, que el submarino está en una posición a la altura de Puerto Pirámides, porque “yo sé”, dijo Burlando. Y a la señora Yáñez dijo: “Sí, vamos a ver donde dice el doctor Burlando que está el submarino”. Entonces tuvimos que navegar 250 millas al norte para llegar a Puerto Pirámides, ver este lugar donde había arena nada más. Lo que significó esa pérdida de tiempo fue casi dos días de navegación, mientras se estaban procesando las últimas imágenes que habían recabado en donde realmente estaba el ARA San Juan y lo confundieron con una formación geológica de rocas.
Al pasar con los AUV a mayor resolución, el geólogo francés vio esto que era como una especie de onda expansiva que había alrededor de esas presuntas rocas y dijo: “No, acá esto no es natural”. Y estando a la altura de Puerto Pirámides, tuvimos que volver 250 millas más al sur de vuelta hasta ese lugar, bajar con el ROV y efectivamente verificar que era el ARA San Juan. Por eso se encontró el 17 de noviembre, si no lo hubiéramos encontrado el 13. Paralelamente, en Mar del Plata, en la base naval, se cumplía el aniversario del hundimiento del ARA San Juan y el presidente Macri el 15 de noviembre dice públicamente frente a todos los familiares que ya se iba a encontrar el submarino, pero porque ya se sabía. A ver, esto lo entienden pocos familiares. Cuando nosotros el 13 van hacia Punta Arenas, ya estaban analizando esta información que yo te digo. Lo encontramos el 17 porque tardamos dos días en volver. Macri, esto es una realidad, Macri y Aguad el 14 ya sabían que era muy probable que eso era el submarino, pero tampoco lo podían decir porque hasta que no bajemos y lo filmemos no se podía confirmar. Está bien, como fueron también muchas veces que supuestamente era el submarino.
Con testimonios que dan cuenta de la dura realidad por la que atraviesan , los familiares de los 44 tripulantes que fallecieron en el ARA San Juan siguen exijiendo justicia de cara al inicio de los alegatos que iniciarán el lunes 22 de junio próximo.
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