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La Fundación Favaloro abrió sus puertas a una nueva jornada de donación de sangre junto a la Fundación Hematológica Sarmiento (FUHESA) en una acción que reunió a vecinos de la Ciudad de Buenos Aires, familiares de pacientes, profesionales de la salud y personas comprometidas con una causa que literalmente puede salvar vidas.

Dra. Laura Favaloro, directora de Relaciones Institucionales, Comunicación y Desarrollo de fondos y Dr. Sebastián Defranchi, director Médico; ambos de Fundación Favaloro, junto a Yael Macolino, Responsable de Promoción y Fidelización de FUHESA.

Este viernes desde temprano, decenas de personas se acercaron a donar de manera voluntaria. Entre ellas estuvieron la Dra. Laura Favaloro, directora de Relaciones Institucionales, Comunicación y Desarrollo de fondos; e integrantes del equipo de la Fundación y Grupo Olmos, quienes acompañaron la iniciativa destinada a reforzar las reservas de sangre y generar conciencia sobre la importancia de donar de forma habitual.

“Donar sangre es un gesto simple, seguro y profundamente humano. René Favaloro nos enseñó que el ejemplo es una de las formas más poderosas de enseñar, y creemos que la solidaridad también debe ejercerse. Cada donación puede convertirse en tres oportunidades de vida”, expresó la Dra. Laura Favaloro.

La sangre donada resulta fundamental para cirugías, trasplantes, tratamientos oncológicos y emergencias médicas diarias.

La jornada se realizó además en la antesala del Día Mundial del Donante de Sangre, que se conmemora cada 14 de junio por iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con el objetivo de agradecer a los donantes voluntarios y concientizar sobre la necesidad de contar con sangre segura y disponible para quienes la necesitan.

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La doctora Laura Favaloro donó sangre durante la jornada.

Aunque el gesto dura apenas unos minutos, su impacto puede ser enorme: una sola donación puede salvar hasta tres vidas. La sangre donada resulta fundamental para cirugías, trasplantes, tratamientos oncológicos y emergencias médicas diarias.

La escena se repite cada año, pero mantiene intacto su valor: personas que no se conocen entre sí unidas por una decisión simple y poderosa. Porque la sangre no puede fabricarse ni reemplazarse, sólo puede llegar a quien la necesita gracias a otra persona dispuesta a donar.

La jornada volvió a poner en primer plano algo esencial para el sistema de salud: detrás de cada transfusión, hay un acto anónimo de solidaridad que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

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