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El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, cumplió tres años al frente de la Iglesia porteña. Nacido el 12 de abril de 1968 en Río Gallegos, ingresó al seminario de la Diócesis de San Isidro el 14 de marzo de 1989 y fue ordenado sacerdote el 24 de octubre de 1997 en la Catedral de San Isidro por el entonces obispo Jorge Casaretto.
En 2006 pasó a ser párroco de la Iglesia Santa Clara de Asís en la localidad de El Talar, partido de Tigre, en los barrios populares San Pablo y Almirante Brown; y en 2014 volvió a La Cava como párroco. El 20 de noviembre de 2017 fue nombrado obispo auxiliar de Lomas de Zamora y el 3 de enero de 2019, obispo de Río Gallegos.
Este miércoles, brindó una entrevista en Orbe 21, el canal de televisión del Arzobispado de Buenos Aires.
“Estoy realmente muy contento. Ayer tuvimos una reunión de consejo presbiteral y le decía a los miembros del consejo que para mí fueron tres años muy intensos, parecen muchos más. Años hermosos de compartir con la Iglesia de Buenos Aires, con los sacerdotes, son un equipo maravilloso, sacerdotes entregados, cada uno con su carisma propio, pero que acompañan a nuestra gente anunciando el Evangelio, con las distintas parroquias, con los movimientos. La vida de la Ciudad de Buenos Aires y de la Iglesia de Buenos Aires es tan rica, tan intensa, tan linda, que no hay tiempo para aburrirse. Soy un agradecido a Dios de poder ser pastor en esta comunidad grande de Buenos Aires”, afirmó.
Consultado sobre si ha podido conocer todas las comunidades que integran el arzobispado, señaló que “las parroquias en la Ciudad de Buenos Aires son 186, sin tener en cuenta algunas capillas y algunas otras comunidades, me quedan alrededor de 18. En agosto bajará el número porque voy a visitar dos comunidades parroquiales a las que no había ido”.

En este sentido, sostuvo que la intención es “llegar a todos, poder compartir y conocer. Estos años han sido también años para conocer, para escuchar, para poder discernir junto con otros y en esto es clave, estar metido en medio de la realidad, hay una frase que dice que allí donde estén nuestros pies que esté nuestro corazón“.
“Mis pies están en la Ciudad de Buenos Aires, mis pies quieren estar en cada barrio, en cada calle, en cada realidad porteña y ahí está el corazón rápidamente porque Buenos Aires enamora”, completó.
No perder las raíces
Durante la entrevista, leyeron algunos mensajes para el arzobispo. “Siempre digo que no quiero olvidarme de quién soy y siempre le pido a la gente que más me conoce y que ha compartido conmigo la vida, que también me lo marque y me lo diga. Soy miembro de una familia, soy hijo, soy tío, soy hermano. Después, he sido sacerdote en la Diócesis de San Isidro y por lo tanto siempre le digo a las comunidades, con las que todavía tengo algún vínculo que me conocen y me acompañan a su manera, pasó con la Diócesis de Lomas de Zamora y por supuesto, con la Diócesis de Río Gallegos, siempre digo: ‘Ayúdenme a seguir siendo de algún modo Jorge’. Si Dios me llamó así como soy, creo que no tengo que traicionarme, sí, mejorar, como todos nosotros. Me parece que es importante no olvidarnos de quiénes somos”.
“El papa Francisco siempre recordaba que no tenemos que olvidarnos de nuestras raíces porque quien se olvida de sus raíces se seca. Es importante tener en cuenta las raíces”, recalcó.
El llamado
García Cuerva recordó también cuando fue notificado de la designación. “Me llamaron el 15 de mayo (de 2023), el Día de San Isidro Labrador. Yo estaba en Río Gallegos celebrando, terminé la Eucaristía, tenía un llamado de la nunciatura, me pedían que viajara a Buenos Aires, que el nuncio tenía algo para decirme. Y viajé . El 17 de mayo, que era un miércoles, fui a la nunciatura y ahí me dijo que el papa Francisco me había elegido arzobispo de Buenos Aires y si aceptaba, enseguida dije que sí, me puse a llorar, me emocioné mucho. Salí de ahí y no sabía para dónde agarrar“, rememoró.
Decidió ir a Pompeya a ver al padre Dri. “Él estaba durmiendo la siesta, pedí que se despierte y le dije al padre Luis Dri, que era con quien yo me confesaba, se lo conté. Me abrazó mucho, estaba muy contento, estaba súper contento”.
“Estos años han sido también años para conocer, para escuchar, para poder discernir junto con otros”.JORGE GARCÍA CUERVA, ARZOBISPO DE BUENOS AIRES
Después, recordó: “Vinieron días duros que no voy a dejar de olvidarme porque uno también tiene memoria, ciertas cosas que pasaron con los medios, donde a uno lo juzgan por fotos o por extractos de frases”.
“Me acuerdo porque no deja a veces de doler un poquito, pero es real. Aprendí aprendí un montón. Estoy más que agradecido también de esos momentos difíciles, las demostraciones de cariño de la gente que a uno lo quiere, fueron inmensas, desde el mismo Papa Francisco que llamaba prácticamente todos los días para recordarme que Dios es más grande y que no pierda la alegría y el buen humor, hasta la demostración del cariño de la gente que me conocía realmente y que sabía quién era a lo largo de mis más de 50 años de vida. Las muestras de cariño fueron hermosas”, destacó.
“Recuerdo los momentos difíciles, no tengo una memoria selectiva, pero también tengo que ser un agradecido a Dios por todo lo hermoso que pasó”.
“A Mario Poli le tengo un cariño muy especial”.JORGE GARCÍA CUERVA, ARZOBISPO DE BUENOS AIRES
Tras conocer la designación, sus padres se alegraron. “Se emocionaron, también estaba la preocupación, por lo menos de mi mamá, porque uno pasaba a tener un grado de exposición mucho mayor y al mismo tiempo eso iba a significar también una exposición mediática fuerte, mayor responsabilidad y mayor trabajo. Mamá siempre nos cuida”.
García Cuerva asumió en lugar del cardenal Mario Poli, sobre quien mencionó: “Le tengo un cariño muy especial, es un hombre que me sigue acompañando y que realmente me ayudó a hacer una transición muy ordenada. Es un gran hombre que seguimos teniéndolo, gracias a Dios, entre nosotros acá en la Ciudad de Buenos Aires“.
Un pueblo que reza
Respecto a las homilías en las que siempre hace alguna referencia a la situación actual, marcó: “Si hay fortaleza o si hay valentía es porque primero hay una oración de un pueblo que me acompaña y que me sostiene. No es por propio mérito, sino realmente por gracia de Dios y por el sostenimiento en la oración y en el cariño de nuestro pueblo más fiel“.
“También hay que tener en cuenta que lo que hago siempre es rezar con el evangelio, rezar con lo que va pasando en la realidad y ahí es donde se junta evangelio y realidad. Y creo que también es el enorme desafío que tenemos como iglesia que es iluminar con la buena noticia de Jesús todo lo que nos pasa diariamente”, señaló.
“Si hay una cuestión que tengo muy clara es que sin Dios y sin el acompañamiento de otros es imposible la vida, se hace demasiado difícil, soy un agradecido eternamente”.
¿Qué sueña para la iglesia de Buenos Aires? “Sueño que sigamos anunciando con mucha fuerza la buena noticia de Jesús, estoy convencido de que tenemos una palabra para nuestro pueblo que es la palabra de Dios y que nuestra gente la necesita. Sueño con una iglesia alegre y, al mismo tiempo, muy cercana al dolor y a los que sufren. Sueño con que cada uno de los sacerdotes, cada uno de los religiosos y cada uno de los laicos se sienta acompañado, se sienta parte de esa gran familia, que no nos cortemos solos” expuso.
“Sueño con que podamos, como iglesia de Buenos Aires, vivir muy involucrados en la realidad. Buenos Aires es una ciudad desafiante, cosmopolita, que la iglesia nunca se sienta al margen, sino que siempre también tenga una mirada y una misión profética”, completó.
“Les agradezco a todos, soy muy, pero muy feliz, lleno de problemas y de desafíos como todo el mundo, y con un montón de temas por resolver, pero realmente un tipo muy feliz, gracias a Dios. Consciente de mis fragilidades, por las que pido perdón, pero al mismo tiempo también con ganas de seguir caminando a Buenos Aires para anunciar el Evangelio”, concluyó.
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