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En una sala de audiencias de Córdoba, donde suelen imponerse los silencios formales y las palabras medidas, esta vez ganó la emoción. Thiago, un adolescente que esperaba desde hacía años una familia definitiva, escuchó la pregunta que cambiaría su vida para siempre. Y no fue un trámite más: fue un momento cargado de lágrimas y esperanza.
Frente a él estaban Gabriela Castro y José Augusto Hernández, quienes desde hacía meses ya lo sentían como un hijo. Solo faltaba la confirmación legal. Pero incluso para quienes están acostumbrados a estos procesos, la escena resultó imposible de atravesar sin conmoverse.
La jueza a cargo del caso, visiblemente emocionada, hizo una pausa antes de continuar. “Vení, porque no puedo hablar”, le pidió a la abogada subrogante, en un gesto que dejó ver que lo que estaba ocurriendo iba más allá de lo jurídico. Tomó aire, se recompuso y, mirando a Thiago, formuló la pregunta clave:
—Thiago, ¿aceptás a Gabriela y a José como papás?
La respuesta llegó inmediata, con una sonrisa que resumía años de espera:
—Obvio que sí.
La sala estalló en aplausos. A un costado, sus nuevos padres no podían contener la felicidad. La escena, registrada en video, se volvió viral en pocas horas, no solo por la respuesta del joven, sino por la emoción genuina de todos los presentes.
La historia fue compartida por Gabriela en sus redes sociales, donde puso en palabras lo que el video mostraba: un deseo cumplido y una familia que se elige desde el corazón.
“Hoy somos legalmente papás nuevamente, aunque ya hace más de seis meses nos escogimos”, escribió. Y agregó: “Lloré, lloraron y también la jueza lloró, porque todos los niños y adolescentes merecen ser amados, cuidados y valorados”.
Gabriela, consultora psicológica, y José, pastor y fundador del Ministerio Cristo Manantial de Vida, no son ajenos al compromiso con la infancia. Tiempo atrás habían sido familia de acogida de una beba llamada Alma, a quien cuidaron hasta que pudo regresar con su familia biológica. Esa experiencia reforzó su vocación de acompañar, contener y construir vínculos.
Con Thiago, la historia tomó otro rumbo: el del “para siempre”.
“Sé que no podremos borrar tu pasado —escribió Gabriela—, pero estoy segura de que el presente está trayendo lindos recuerdos y que lo que viene serán muchísimas cosas hermosas”.
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