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A poco más de un mes de que el papa León XIV pise suelo argentino en su esperada visita oficial programada del 8 al 11 de noviembre, los preparativos alcanzaron a los rincones más artesanales. La logística de la gira papal derivó en un encargo tan imprevisto como histórico para el taller del ebanista Luis Astorga: fabricar los dos sillones en los que se sentará el pontífice durante sus apariciones públicas en la Catedral de Córdoba y en el predio de Fadea.

Luis, en los primeros días trabajando en los sillones del papa. FOTOS: LA OPINIÓN AUSTRAL

En diálogo con Radio LU12 AM680 Radio Río Gallegos, el carpintero repasó los detalles del pedido eclesiástico y la emoción de volcar más de cuatro décadas de oficio en una obra que terminará exhibida como patrimonio en el Museo de la Industria.

El nexo con la comitiva eclesiástica se gestó de forma directa mediante el clásico mecanismo del boca en boca, sin intermediarios corporativos ni licitaciones públicas. “El padre Juan Martínez, que está a cargo de la visita del Papa acá en Córdoba, habló con un amigo de él, que viene a ser un cliente mío, y le comenta que tenía que hacer los sillones para el Papa. Entonces este cliente le dice: ‘Mirá, te doy el teléfono de mi carpintero, que él me ha hecho muchos trabajos, trabaja muy bien, así que yo te lo mando a él, te doy buenas referencias, así que háblalo con él, a ver si él te los puede hacer'”, recordó Astorga sobre el primer contacto.

Planos desde Roma y el mandato de la austeridad

Las especificaciones técnicas y el diseño estructural no se definieron a nivel local, sino que cruzaron el Atlántico de forma directa desde la Santa Sede. El pedido oficial llegó acompañado por una directiva clara respecto a la sobriedad que debía transmitir el mobiliario. “Eso me las enviaron desde el Vaticano, una foto donde están las medidas, que hay que respetar la tabla y el sillón. Pero nos pidieron desde el Vaticano que no fuera tan lujoso, que fuera algo más austero, más simple, pero dentro de eso, que fuera lindo, que sea vistoso“, explicó el artesano sobre las pautas fijadas por la Iglesia.

Los sillones para el papa. Solo le restan detalles de tapizado. FOTOS: LA OPINIÓN AUSTRAL

A partir de esas coordenadas, la tarea de adaptar las líneas del estilo a un formato sobrio quedó bajo la responsabilidad técnica de Astorga, a quien le otorgaron libertad para definir la carpintería. “El Padre Juan me dijo: ‘Bueno, acá te mando las medidas, esto es el formato, sigamos en esa línea, pero bueno, te dejo a tu criterio para que hagamos algo lindo, pero dentro de todo, simple‘”, reconstruyó sobre las conversaciones preliminares.

En cuanto a la materia prima, la elección recayó sobre el Paraíso, una madera nacional que combina resistencia, un precio razonable y un dibujo natural marcado en sus vetas para contrastar con la tela del tapizado. “Tratamos de buscar una madera que contraste con el tapizado, pero que no pierda la naturalidad de la madera vista, así que elegimos, yo elegí Paraíso, que es una madera vistosa, tiene una veta muy dibujada, es madera semidura”, detalló. A su vez, remarcó las diferencias con los materiales tradicionales del rubro: “Antes se trabajaba cedro, nogal, roble, pero son maderas que son muy caras. Tratamos de poner algo que esté al alcance, suelto que la gente lo pueda pagar, y la verdad es que el Paraíso es una madera medianamente nueva que se está trabajando y es una madera muy linda“.

El carpintero cordobés en plena labor. FOTOS: LA OPINIÓN AUSTRAL

La selección del insumo requirió un trabajo presencial e individual por parte del carpintero en los depósitos de la capital cordobesa. “Esta madera no es de acá de Córdoba, las madereras la traen de afuera, pero yo la adquiero aquí en Córdoba. Yo voy, la elijo, imagínate que soy muy meticuloso en ese sentido: voy, la elijo, le toco el peso por el tema de que si está seca o no, que no esté muy doblada, tengo una elección muy rigurosa cuando tengo que hacer cualquier tipo de madera, y en este caso con los sillones para el Papa, con más razón todavía”, fundamentó.

Ensamble tradicional y alianzas de toda la vida

Para garantizar la durabilidad y estabilidad del mueble sin apelar a herrajes visibles ni refuerzos metálicos, Astorga recurrió a las técnicas clásicas de encastre que domina desde sus inicios en la profesión. “En este caso nosotros trabajamos con espiga. Eso es fundamental cuando es un mueble de este tipo, el acoplado a la espiga es fundamental. Entonces ahí ya no te hace falta ningún otro elemento para unirla ni sujetarla. Estando bien esos dos elementos, que son la base de una estructura de lo que estés haciendo, no nos hace falta ninguna otra cosa”, puntualizó sobre la física del armado.

El esquema de trabajo incluyó también la labor de tapicería, área para la cual el ebanista convocó a un colaborador histórico de su trayecto profesional. “Tengo al señor Roque Pedernera, que yo trabajo hace más de 20 años con él, es una persona que tiene muchos años en el oficio. Así que cuando yo agarré este trabajo, lo busqué a él, no busqué a otro, no pregunté precio, nada, yo sé que él trabaja muy bien“, remarcó. Sobre la reacción de su colega al enterarse del destino de la obra, relató: “Hasta hoy me llama, pero en este momento los sillones están en su taller, ya lo están tapizando. No lo podía creer; yo lo llamé un día a la mañana y a la tarde fue al taller porque decía: ‘Debo estar soñando’. ‘No’, le digo, ‘es verdad, nos tocó a nosotros hacer esto'”.

El diseño final contempla detalles específicos de terminación que deberán ensamblarse una vez que la tela esté colocada. “El sillón terminado, lo que se aprecia en madera serían las dos patas delanteras, una base abajo que une la pata trasera con la delantera en ambos lados, y tiene una parte de la pata trasera del respaldo que se ve abajo. Después que está todo tapizado el respaldo, yo le aplico una terminación, un coronamiento que se le dice en madera, toda dibujada. Yo voy y lo aplico arriba del respaldo, lo atornillo por atrás y él termina de tapizar la parte de atrás del respaldo. Pero el sillón técnicamente ya está terminado“, detalló en profundidad sobre la secuencia constructiva.

Generaciones en el taller y la vorágine de la prensa

El vínculo de Astorga con el oficio no deviene de una tradición familiar, sino de una vocación que descubrió a temprana edad y que sostiene de manera ininterrumpida. “No lo heredé, lo adquirí yo. Fue en una ocasión a los 16 años, entré a un jardín que me llevó un hermano mayor, y bueno, desde ese momento, ya hace 43 años, no dejé de hacer esto que me gusta, me encanta, fue una decisión que tomé yo de seguir en esto”, expresó sobre sus inicios.

Actualmente, esa misma vocación se proyecta en el trabajo cotidiano junto a su hijo Facundo, de 26 años. “Trabaja conmigo hace más de 10 años. Esperemos que él siga este oficio que a mí tanto me gusta“, sostuvo, aunque aclaró su postura respecto a la libertad de elección de sus hijos: “Yo siempre digo que uno tiene que hacer en la vida lo que le gusta. Yo tengo esa suerte, esa virtud de encontrar algo que me gusta y hago desde hace 43 años lo que me encanta. En algún momento mi hijo empezó a estudiar mecánica e inyección, cuando vino el tema de la pandemia obviamente se cortó todo, y por cosas de la vida siguió trabajando conmigo. Yo le digo: ‘Fíjate lo que te gusta hacer en la vida, hacelo y yo te voy a apoyar’. Si me gustaría que tuviera este oficio, me encantaría, pero nadie puede obligar a nadie”.

En cuanto al valor afectivo del hito, Astorga dimensionó lo que significará observar las imágenes oficiales del evento. “Todos me han preguntado lo mismo y sí, yo creo que estas son dos etapas. Una es la emoción de fabricar algo donde él se va a sentar, hecho en Córdoba, y personalmente la otra parte es cuando él se siente, y yo ver que él se sienta en algo que hemos creado con mi hijo aquí en el taller. Va a ser un momento muy especial y me va a quedar plasmado de por vida en mi memoria”, confesó.

La repercusión mediática provocó un desfile ininterrumpido de cronistas y cámaras por el establecimiento, situación que obligó al carpintero a fijar límites para cumplir con los plazos de entrega. “Se me anfilan en el taller los medios para hacerme nota. Llegó un momento en que tuve que decir: ‘Bueno, vamos a parar un poco, porque si no no llegamos, va a tener que estar más de parado el Papa porque no me van a dejar terminar’. Les decía a los del medio que no es que sea mala leche, pero no los puedo atender a todos porque si no no trabajo. Entiéndanme que de a poco voy y trato de cumplir con todos”, relató con franqueza sobre el impacto periodístico.

Para encarar la fabricación sin descuidar sus obligaciones comerciales previas, el artesano debió entablar conversaciones directas con sus compradores habituales. “Hablé con los clientes y les dije: ‘Mirá, me salió este trabajo que tengo que hacer‘. Cuando les comenté de qué se trataba, me dijeron que no había ningún problema, que me quede tranquilo. Tampoco son dos meses, son dos semanas que voy a tener que reprogramar lo que estoy haciendo, no tuvieron problema. Pero yo ya entrego esto y listo, sigo con lo que estoy haciendo también porque tampoco puedo quedar mal con los demás clientes”, explicó.

El destino de los sillones y un mensaje sobre el costo real

Respecto al itinerario de uso durante la estadía papal, Astorga confirmó la función específica de cada una de las dos unidades idénticas en producción. “Lo que me comentó el padre Juan es que uno va a estar en la Catedral, donde él va a dar una charla, y el otro va a estar en Fadea, donde él da la misa y donde va a estar toda la gente esperándolo”, precisó. Posterior a los actos eclesiásticos, los muebles mantendrán un destino público: “Los sillones quedan acá en Córdoba, en el Museo de la Industria. Tengo entendido que va a ser así, como fue en su momento cuando vino Juan Pablo II, que quedó el Papamóvil acá en el museo“.

En el tramo final de la entrevista con “La Decana de la Patagonia”, desmitificó los valores económicos en torno al mobiliario especial y rechazó cualquier especulación financiera ligada al encargo. “Esto a mí no me cambió la vida económica. Es un sillón que lo puede adquirir fácilmente cualquier persona, no es que van a tener que vender el auto para hacer esto; está en un precio alcanzable, no es una locura. Pero sí creo que esto me sirve para que me conozcan un poco más y que se me abran un poco más de puertas”, reflexionó. Y concluyó con una mirada colectiva sobre la relevancia del trabajo encomendado: “Esto es un orgullo no solamente de Córdoba, sino de todos los argentinos, porque al margen de que cada uno haya nacido en distintas provincias, somos todos argentinos”.

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