La Patagonia atraviesa horas de profundo dolor tras la muerte de Rubén Patagonia, referente indiscutido de la música patagónica y promotor incansable de la cultura de los pueblos originarios. El músico falleció este jueves 15 de enero de 2026, a los 69 años, mientras permanecía internado en una clínica de Comodoro Rivadavia, ciudad donde nació y desarrolló gran parte de su trayectoria artística y cultural.

La noticia provocó una fuerte repercusión en distintas localidades del sur argentino, especialmente en Chubut, Río Negro y Santa Cruz. Artistas, instituciones culturales y referentes sociales expresaron su pesar por la partida de una figura que trascendió lo musical para convertirse en una voz identitaria de la Patagonia profunda.

A lo largo de su carrera realizó giras por Europa y América Latina, donde difundió la música patagónica en festivales culturales y espacios alternativos.

Una vida dedicada a la identidad patagónica

Rubén Chauque, conocido artísticamente como Rubén Patagonia, nació el 2 de julio de 1956 en la provincia del Chubut. Descendiente de pueblos originarios, desde muy joven entendió al arte como una herramienta de expresión cultural, social y política. A partir de la década de 1970 inició un camino artístico marcado por la necesidad de rescatar la historia silenciada de los pueblos originarios y de narrar la Patagonia desde una mirada propia.

Su obra influyó en nuevas generaciones de músicos patagónicos que encontraron en él un modelo de compromiso cultural y coherencia artística.

Su obra abordó de manera constante la identidad, la memoria colectiva y la lucha de las comunidades mapuche, tehuelche y aonikenk, combinando sonidos ancestrales con lenguajes musicales contemporáneos. Ese cruce le permitió construir un estilo único dentro del folklore argentino, con una fuerte raíz territorial y un mensaje comprometido.

Discografía y legado musical

La trayectoria discográfica de Rubén Patagonia resulta fundamental para comprender la música del sur argentino. En 1979 editó Más Acá del Colorado, su primer trabajo, que marcó el inicio de una obra coherente y profundamente ligada a la identidad patagónica. Luego llegaron discos emblemáticos como Miremos al Sur, Ay, Patagonia, Cutral-Có —producido por Ricardo Iorio— y Volver a Ser Uno, con producción de León Gieco.

En varias oportunidades llevó su música a escuelas rurales y comunidades alejadas de los grandes centros urbanos, fuera del circuito comercial.

En 2006 lanzó Historias, reafirmando una vez más su compromiso artístico y cultural. Cada uno de estos trabajos funcionó como una crónica sonora del sur, con relatos atravesados por la resistencia, el despojo, la esperanza y la cosmovisión de los pueblos originarios.

Aportes culturales y trabajo educativo

El legado de Rubén Patagonia no se limitó a los escenarios. En 1984 fundó el taller didáctico Volver a Ser Uno, un espacio dedicado al rescate, la transmisión y la revalorización de las culturas mapuche, aonikenk y selk’nam. A través de esta iniciativa, impulsó el trabajo educativo con nuevas generaciones y fortaleció la memoria colectiva de la región.

Sus presentaciones en festivales nacionales incluyeron relatos y reflexiones que contextualizaban cada canción dentro de la historia patagónica.

Su figura se consolidó así como un referente cultural integral, capaz de articular música, educación y militancia cultural en un mismo proyecto de vida.

Presencia en el cine nacional e internacional

Rubén Patagonia también dejó su huella en el cine. Participó en La película del Rey, dirigida por Carlos Sorín, junto a Ulises Dumont, Ana Maria Giunta y Julio Chávez, una obra emblemática del cine argentino reconocida en festivales internacionales. En 1987 filmó “La eterna sonrisa” en Estados Unidos, junto a Daniel Day Lewis; que en 1988 participó de la película “De los Apeninos a los Andes” (Italia) junto a Giuliano Gemma y Luis Brandoni. En 1989 filmó “El navegante y los cóndores (Francia); trabajó en el 2000 con el director de cine Héctor Olivera en “El camino”. También participó en “El Elegido”, una tira emitida diariamente en Telefe, junto a Lito Cruz, Patricio Contreras, Pablo Echarri, entre otros; y también la película de producción comunitaria “Lonko Pincen”, junto a Osvaldo Bayer y Juan Palomino.

Su participación en el séptimo arte amplió el alcance de su mensaje y reafirmó su compromiso con la difusión de la cultura patagónica en distintos lenguajes artísticos.

Puente entre el folklore y el rock

A lo largo de su carrera, Rubén Patagonia compartió escenarios y grabaciones con artistas de gran relevancia como León Gieco, Divididos, Almafuerte, Bersuit Vergarabat, Víctor Heredia y Lito Vitale. Su trabajo tendió puentes entre el folklore, el rock y otras músicas populares, sin perder nunca la raíz ancestral.

Fue uno de los pocos artistas capaces de integrar el loncomeo, el kaani y otras expresiones originarias con la potencia del rock nacional, ganando respeto tanto en festivales folklóricos como en escenarios ligados al rock y al metal.

Un símbolo del sur argentino

La muerte de Rubén Patagonia deja un vacío profundo en la cultura del sur argentino. Su voz, su obra y su compromiso marcaron a generaciones de músicos y militantes culturales que encontraron en él un faro y una referencia ética.

Rubén Patagonia no fue solo un músico. Fue un símbolo de la Patagonia, un defensor de la identidad y un puente entre el pasado y el futuro de los pueblos originarios. Su legado permanece vivo en sus canciones, en su trabajo educativo y en la memoria colectiva de una región que hoy lo despide con respeto, dolor y gratitud.

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