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Recordar a Oscar es transitar por gran parte de la vida de la comunidad automovilística y compartirla con la misma tenacidad que el protagonista le puso a su manera de hacer las cosas, con absoluta dedicación sin importar los pormenores ni los comentarios, sin importar las horas ni los esfuerzos y queda flotando en el aire una frase de estas últimas horas que dice que “era el primer en llegar y el último en irse”.
Conocí a Oscar cuando recién llegaba de su Entre Ríos natal a principios de los 90 y se hacía cargo de LU12, la radio que nos unió para siempre, y allí formalizamos una relación que comenzó con algunos roces porque por allí llegué tarde al autódromo alguna vez y esto era “inconcebible” para él, y tuvimos nuestra discusión que luego con los años, nos comentamos con risas y hasta con cariño, porque a pesar de su aspecto de “cascarrabias”, tenía un corazón de oro.
Aprendimos con los años y las carreras, a compartir mucho mas que el micrófono de la radio, porque aprendimos a compartir la vida, a discutirla, y sentirla como propia y esto nos dio esa unión que hoy se siente en el alma y en el cuerpo porque Oscar se fue, sabiendo que se iba pronto, como me dijo hace una semana atrás por teléfono y no le quise dar importancia, a pesar de que me dejó pensando durante horas y tragando saliva.
Pero era así, a veces cuando hacia falta frontal y concreto sin tapujos ni escondidas, con claridad cuando entendía que debía de ser, y aprendí mucho de sus valores, hoy considerados tradicionales pero de una magnitud fenomenal en estos tiempos, porque después de aquellos primeros pasos por la radio comenzó a trabajar en el Automóvil Club Río Gallegos y allí mostró toda su voluntad y su eficiencia, su notable calidad de trabajo, su dedicación casi increíble y su voluntad de hacer.
Nos tocó compartir varios viajes como cuando fuimos a transmitir a Piedra Buena o a San Julián o a Calafate y hasta un viaje a Punta Arenas, y en 2001 cuando iba a venir el TC por primera vez en este siglo, nos mandaron a participar de una carrera para ir tomando color, y viajamos juntos los dos a Olavarría, donde contactamos con toda la dirigencia de la categoría, y todo esto sirvió para unirnos mas a pesar de vivir vidas distintas, pero a la hora de compartir con las carreras fuimos como hermanos.
Llegar al autódromo a cualquier hora era encontrar a Oscar, llegar un día de carreras era pasar a saludarlo por la cabina “de abajo” y palpitar un poco lo que pasaba, porque él sabía todo, estaba en todo, vivía para todo, algo difícil de explicar, porque para entenderlo hay que vivirlo, por eso nos va a costar tanto saber que no esta, que ya no nos va a dar la planilla necesaria del momento, que no nos va a comentar lo que pasa como lo hizo durante tantos años.
Ir un día de semana a cualquier hora a la pista era encontrarse con Oscar cambiando una lamparita, arreglando un tubo fluorescente o ante una necesidad de saber, la reflexión real de lo que pasaba y lo que sentía con todos los temas, la dedicación incuestionable y su facilidad de hacer, algo que será bastante complicado igualar, casi imposible, como ir a una entrega de premios y que él no haya ordenado y organizado todo como era normal que sucediera.
El automovilismo deportivo lo va a sentir porque fue un hacedor de cosas y una respuesta de problemas cotidianos, porque fue un protagonista imprescindible del trabajo diario sin importarle nada mas, solo cumplir, y sumado a esto, el “rey de los papeles” todos al día, con notas y soluciones administrativas a la orden del día en un panorama completo de su actividad que sin lugar a dudas se notará desde el próximo lunes, no tenemos dudas de eso.
Se fue Oscar Truco y se nos fue un laburante fenomenal, un amigo leal, un trabajador indispensable que costará reemplazar aunque nunca nadie podrá igualar lo que hizo y lo que hacía cada día y para nosotros que oficiamos de prensa, el contacto permanente, la charla abierta y el teléfono dispuesto para cada curiosidad, para cada problema, para cada tema a discutir siempre, con la claridad que merecía
Lo vamos a sentir mas allá del dolor de la pérdida de un amigo, porque por eso estamos llorando hoy.
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