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Si bien la idea de compartir el automovilismo con los vecinos de Punta Arenas ya había tenido mucho asidero en los años 50 con las carreras de Ford T y la presencia permanente en Chile de Héctor “Coco” Fadul representando a Río Gallegos, el Gran Premio Abrazo del Estrecho de 1963 fue el puntapié inicial de una confraternidad mucho mas elevada y compartida con ambas ciudades.
Pero lo que tenemos en cuenta hoy es el reglamento que se terminó orquestando para poder compartir esta inquietud, y que estipulaba motores de hasta 4000 c.c. con carburación libre, lo que hizo que se fuera perfeccionando permanentemente en materia de rendimiento y fueran quedando en desuso los motores tradicionales, aunque eran todos 8 cilindros, con unidades en su gran mayoría que provenían de vehículos importados que habían ingresado al sur del paralelo 46 hasta 1957.
Los autos se igualaban con los chilenos incluso con el Ford Fairlane 57 del lado argentino y el Ford Ranchero del mismo año del lado chileno con el mismo motor 292 de Ford 8 cilindros, el Chevrolet Bel Air 1957 o incluso algún otro como el Studebaker que pusieron en pista los hermanos Campana, por lo que se pudo compartir el mismo reglamento técnico que no otorgaba grandes diferencias, pero luego a partir de 1968, con la incorporación de otros modelos como el Ford Falcon que trajera José Muñiz y que había pertenecido a Carmelo Galbato en TC, o el Ford Falcon que había sido de Oscar Cabalén en manos de Edgardo Thevenon, la cuestión se complicó y varios pilotos pretendieron algo menos oneroso y lo obtuvieron poniendo en escena aquellos “veteranos” autos de la importación, pero con motores mucho mas estandarizados con mayor cilindrada pero mas sencillos y con un solo carburador.
La “5000” o la “Mecánica Regional” había nacido como una necesidad de abaratar los costos y aparecían mas autos y pilotos y de aquellos inmensos Fairlane de los primeros años, se repartían ahora con las mismas unidades pero con otros valores y se unían varios como Antonio “Tim” Lorenzo, César “Pelusa” Mayeste con un auto pintado de color naranja que se dio en llamar “la zanahoria voladora”, Jorge “Cabezón” Gorchs, Miguel Mayeste y el mismísimo Miguel “Mike” Guittard, quien ya empezaba a recortar los modelos, o el inefable Luis Ramiro “Cholo” López, defensor a ultranza de la marca del chivo o el “Nata” Oyarzún.
Si bien en automovilismo por aquellos principios de los 70 tenían en las categorías de turismo un crecimiento inusitado producto de las grandes carreras en ruta o las de larga distancia, en la pista de tierra, la Mecánica Regional era la “vedette” que había suplantado a los tremendos autos que habían aparecido a finales de los 60 y que complicaban el presupuesto de muchos y que le dio a la especialidad la oportunidad de seguir compartiendo con los chilenos, porque aceptaron que mas alá de lo que habían logrado años atrás Marcos Lausic con Ford Ranchero, “Betoto” Vera con auto similar, Goodfrey Finlayson con ranchero en sus inicios, Esteban Capkovich adaptándose a todos los cambios o Mario Vitelle con un inefable sonrisa, se siguió compartiendo incluyendo a los autos que los chilenos presentaban como mas modernos.
Lo cierto es que la Mecánica Regional fue la solución que se encontró para darle continuidad a la actividad, lo que se comparte hasta hoy con la llamada TC5000, donde luego de varios años y de muchas carreras y kilómetros, los argentinos volvemos a tener un campeón en la figura de Gerónimo Nuñez la temporada pasada, pero en el recuerdo de muchos aún pasan levantando tierra y piedras de todo tipo un Fairlane 8 con un ruido singular, seguido de un Falcon recortado o de un auto reformado como el “Despreciado” de Capkovich, historias frescas de nuestro automovilismo deportivo.
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