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Hace pocas horas dejó de existir Luis Oyarzun, reconocido vecino de la ciudad de Río Gallegos, enamorado indiscutible del automovilismo ex piloto fanático de la trayectoria de su hijo José Luis, empleado de comercio trasladado a ganadero y trabajador incansable con tan solo 76 años de edad.
El protagonista estuvo vinculado de siempre a los autos de carrera, incluso desde la época del colegio, donde sus compañeros lo rescatan como un fanático de los autos ya en esa época, y comenzando a palpitar de cerca las carreras siendo muy joven, para subirse por primera vez a finales de los 80 con un auto de la recordada 850 Regional que le facilitara Juan “Natalino” Oyarzún.
Previo a este tema, en Río Gallegos de los 70 y 80 hubo tres grandes negocios de almacén como lo fueron Argensud, La Anónima y Casa Adrover de la familia Sancho San Miguel que eran los mayores y tradicionales y precisamente en este último se destacó un empleado incondicional, trabajador como pocos incluso cuando la firma pasó a llamarse “El Sol” en su sede habitual de la calle Perito Moreno donde hoy se levanta una dependencia municipal de tránsito.
Allí y durante muchos años José Luis Oyarzun cumplió una labor social destacable en la atención del público y en la colaboración permanente con los propietarios, a tal punto que cuando llegó su jubilación, tuvo la oportunidad de adquirir mediante el apoyo de la familia San Miguel, un campo cercano a la ciudad donde pasó de empleado a ganadero en un muy corto plazo, y allí además de sus quehaceres rurales, pudo dedicarse también a apoyar la carrera deportiva de su hijo.
En el ámbito automovilístico pudo ingresar como piloto a finales de los años 80 con una unidad de la categoría 850 Regional que poseía Juan “Nata” Oyarzun y luego adquiriría un auto muy veloz construido por Néstor Fora que había sido de Raúl Barragan, sumado a otros especiales que adornaron su paso por el automovilismo, habiéndose dado un “lujo” en 1992, cuando tuvo0 la oportunidad de correr en una misma carrera junto a su hijo que hacía sus primeras armas.
Luego José Luis (hijo) ,ingresó en la Escuela de policía de Santa Cruz por lo que se cortó su activa participación, y Luis esperó con paciencia hasta que José Luis pudo volver a tomar parte de las carreras de autos y volvieron a aparecer ambos en el mundo automovilístico de la región aunque en otra categoría como la monomarca 1300, donde José Luis se destacó sobradamente como piloto y como dirigente, con su padre apoyando permanentemente su labor.
Se fue así uno de los galleguenses mas fanáticos del automovilismo local y regional, amante de los fierros por excelencia, querido y valorado por todos quienes tuvieron la suerte de conocerlo, habiendo compartido con la vecina que compraba todas las semanas en el almacén con la misma afabilidad con la que trató a sus compañeros en la pista, en la que fue respetado y querido también junto a su hijo y a la familia que hoy siente con dolor su partida.
Lucho, o “el viejo” Oyarzun, dejó una marca imborrable en el ámbito de las carreras lo que seguramente será por muchos años un recuerdo de historias y de respeto, valores que siempre puso por delante frente a la adversidad, y un amor por los fierros que será parte de las historias siempre contadas del automovilismo regional.
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