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El pasado sábado 20 de junio, la gloria volvió a Comodoro Rivadavia de la mano de Gimnasia y Esgrima, que venció a Quimsa por 68 a 56 y se consagró campeón de la 42ª edición de la Liga Nacional de Básquet. Más allá del resultado final, el título quedó marcado por la consolidación de un proyecto deportivo que fue creciendo etapa tras etapa hasta alcanzar su máxima expresión.
El campeonato de Gimnasia no puede entenderse como un hecho aislado, sino como la culminación de un proceso que se fue construyendo con decisiones sostenidas a lo largo de las últimas temporadas. La dirigencia apostó por continuidad, desarrollo de jugadores y la llegada de perfiles con experiencia competitiva.
En ese marco, la llegada del entrenador Pablo Favarel fue un punto de inflexión. Con antecedentes de campeón en Indonesia, asumió el desafío de liderar un plantel con recursos ajustados frente a otros candidatos, pero con una idea clara: construir identidad desde la defensa y la adaptación constante.
El equipo atravesó etapas de ajuste, con cambios de nombres y roles durante el inicio de la temporada, pero nunca perdió el rumbo. La incorporación de piezas como Bryan Carabalí fortaleció la defensa, mientras que Kenneth Horton aportó experiencia en momentos decisivos.
La consolidación del modelo: ajustes, identidad y evolución competitiva
El proceso tuvo una característica central: la capacidad de evolución permanente. Gimnasia no fue un equipo estático, sino un plantel en construcción constante. Las modificaciones tácticas, los cambios en la rotación y la búsqueda de equilibrio fueron una constante durante la temporada regular.
Con el correr de los partidos, el equipo encontró estabilidad y confianza, encadenando una racha de diez victorias consecutivas que lo posicionó entre los principales candidatos al título. Esa regularidad no fue casual: fue el resultado directo de un trabajo de corrección y ajuste sostenido.
En ese contexto también emergió la figura del base Sebastián Carrasco, quien se transformó en uno de los líderes del equipo dentro de la cancha. Su capacidad para asumir responsabilidades en los momentos de mayor presión fue clave en la etapa de playoffs, donde el equipo mostró su mejor versión.
El cierre perfecto de una construcción colectiva con sello propio
La consagración en la final ante Quimsa terminó de validar el proceso. Gimnasia mostró madurez, carácter competitivo y una identidad clara: defensa intensa, inteligencia táctica y resiliencia en contextos adversos.
El trabajo previo de Martín Villagrán también formó parte de esta construcción. Su participación en la conformación de buena parte del plantel dejó una base sólida sobre la que se terminó de edificar el equipo campeón.
El título de Gimnasia en la Liga Nacional no solo representa una conquista deportiva, sino también la validación de un proyecto que supo sostenerse en el tiempo, corregir en el camino y crecer hasta alcanzar la cima del básquet argentino.
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