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Finalmente y con ambiente de final a estadio lleno, Hispano Americano ganó un partido en los últimos seis segundos de juego suplementario frente a su clásico rival de  los últimos años como lo es San Miguel, quien puso alma y vida para llevar adelante un juego en en un principio parecía destinado a perder, pero que remontaron con hidalguía y mucho juego.

En todo caso el resultado final de 77 a 76 es anecdótico pero pone de manifiesto lo que se vivió a partir del tercer cuarto cuando San Miguel logro superar su inestabilidad y su noviazgo con el aro se hizo mas patente a tal punto que a falta de 7 minutos se produjo el primer empate en 56, cuando el primer cuarto había terminado 19/13 y el segundo a 37/28 dando una idea de que  los celestes venían para mas.

El buen trabajo de Gonzalo Torres y su calidad profesional hizo que en las alturas Hispano fuera el dueño de la zona pintada, mientras que por el otro lado solo Molina podía hacerle frente pero costaba mucho y con cierta parsimonia y con el esfuerzo de Valentino Tresguerres en el traslado de la bola, los celestes se fueron alejando en ese primer tiempo sin muchas exigencias pero si con contundencia por lo menos en la primera parte.

Cuando se inició el tercer cuarto (segundo tiempo) nada hacía pensar que se revertiría la situación pero a lo largo de los minutos la gente de Zorzoli fue tomando distancia como en el colegio, acomodándose en la fila y mirando para adelante y los de Hispano es como que se dejaron estar, y de pronto cuando todo parecía que sería distinto, los santos estaban encima y no solo eso sino que lo empataron y entonces todo cambió de color.

El trabajo de Tudanca, de Agustín Acosta (ex Hispano), el aporte de Suarez y el funcionamiento de su excelente base como lo es Felgueroso complicó sobradamente las líneas celestes e incluso pasaron al frente en el último cuarto lo que parecía impensado cuando en el segundo cuarto perdían por 13 de diferencia y pasar a ganar por seis, un cambio radical y contundente del plantel frente a su gran rival.

Así las cosas se llegó a las instancias finales donde no se regaló nada y donde  escasos segundos de la chicharra, el tablero marcó el empate en 67 que obligaba a un suplementario definitivo lo que se dio con el griterío de las tribunas colmadas de un lado y de otro, con algunos roces que habían provocado situaciones complicadas que le costaron a Hispano la presencia de Gonzalo Torres en la cancha (lo mandaron a los camarines con tarjeta roja), y algunos del otro lado con otros altibajos como un ojo en compota para Dávila luego de un choque vehemente en cancha y algunas palabras de saludos a familiares para ambos lados.

Pero el agua no llegó al río y cuando se calmó la marea, la cuestión siguió con la misma tenacidad y con la misma tensión que tenía en los momentos previos, porque el aire “se cortaba con cuchillo” en determinados momentos de los minutos finales e incluso vimos a un integrante del público que bajó de la tribuna y que hubo que sacar para que no se provoquen situaciones inmanejables.

Así se llegó al minuto final donde uno y otro tuvieron la posibilidad y cuando todo terminaba, cuando el reloj inexorable marcaría el final y el griterío era tremendo, San Miguel ganaba 76 a 75 pero estaba la mano milagrosa de Benicio Sendes para largar la bola la que con solvencia entró en el aro y marcó dos puntitos mas que esperados para los celestes y en los 4 segundos restantes, un tiro agónico y lejano de San Miguel no prosperó y la chicharra le otorgó el tercer título al Hispano Americano en una final descomunal y el griterío se adueñó del Cepard.

Un final mas que atractivo de ver y de compartir, un desenlace cambiante y mas que ajustado para medir la calidad de ambos equipos que en este caso favoreció a los celestes, pero que bajo ningún concepto definió supremacía ni mucho menos, sino igualdad y aprovechamiento del tiempo y espacio, mas un puntito casi depredador que les dio otra nueva victoria y la alegría de pasar otra vez a la historia.

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