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Con apenas 23 años, siendo madre y lejos de su tierra natal, Camila Antonella Oyarzo atraviesa uno de los momentos más difíciles de su vida. Nacida y criada en Río Gallegos, fue derivada de urgencia a Comodoro Rivadavia tras recibir en septiembre pasado un diagnóstico de leucemia que cambió de golpe su realidad cotidiana. Desde hace tres meses permanece en esta ciudad chubutense, donde lleva adelante un tratamiento médico complejo que requiere, de manera permanente, donantes de sangre de cualquier grupo y factor.

La historia de Camila resume, en muchos aspectos, la de tantos pacientes que deben abandonar su ciudad y su entorno para acceder a tratamientos de alta complejidad. En diálogo con el medio El Comodorense, la joven relató con crudeza lo que implica atravesar una enfermedad grave lejos de casa, de los afectos cotidianos y de la rutina que hasta hace poco parecía inalterable. “Es difícil estar tan lejos de la familia”, expresó, poniendo en palabras una sensación compartida por muchos pacientes derivados desde Santa Cruz a centros de mayor complejidad.

Si bien Camila cuenta con el acompañamiento permanente de sus padres, el desarraigo no deja de sentirse. En ese contexto, hubo un momento que marcó un antes y un después en su ánimo durante la internación: gracias al esfuerzo y la ayuda de una de sus hermanas, su hijo pudo viajar a Comodoro para visitarla durante algunos días. Ese reencuentro, breve pero profundamente significativo, le devolvió fuerzas en medio del tratamiento y le permitió transitar esta etapa “más acompañada” desde lo emocional, un aspecto clave en procesos de recuperación prolongados.

El tratamiento que recibe Camila requiere transfusiones frecuentes, motivo por el cual la donación de sangre se vuelve un eslabón indispensable en su lucha diaria. Desde el entorno médico explican que, más allá del grupo sanguíneo, toda donación suma y permite sostener no solo a un paciente, sino al sistema de atención en su conjunto. En ciudades como Comodoro Rivadavia, que reciben a pacientes derivados de distintas localidades de la Patagonia, la demanda suele ser constante.

Quienes deseen colaborar pueden hacerlo acercándose al Banco de Sangre y Servicio de Hematología de la Clínica del Valle, donde las extracciones se realizan de lunes a viernes, en horario matutino. Es fundamental indicar que la donación se realiza a nombre de Camila Antonella Oyarzo, ya que de ese modo se garantiza que el aporte sea contabilizado dentro de su tratamiento. Para quienes necesiten realizar consultas previas, se encuentra habilitado un número telefónico de contacto.

Desde el equipo de salud recuerdan que los requisitos para donar son simples y accesibles para una gran parte de la población: tener entre 18 y 65 años, pesar más de 50 kilos, concurrir con un desayuno liviano y respetar los plazos establecidos desde la última donación. Se trata de un gesto rápido, seguro y controlado, que puede marcar una diferencia enorme para quienes atraviesan enfermedades complejas.

A la espera de la respuesta solidaria de los vecinos de Comodoro y de la región, Camila reflexiona con claridad sobre el valor de este acto. “La importancia de donar es que ayudan a muchísima gente con enfermedades como la mía”, señaló. Y agregó una definición que resume el sentido profundo de su pedido: “Es algo muy sencillo y muy importante para la gente que lo necesita”. Su mensaje final, breve y contundente, resuena más allá de su situación personal y alcanza a toda la comunidad: “Donar es vida”.

La historia de esta joven madre de Río Gallegos no solo interpela desde lo humano, sino que vuelve a poner en agenda la importancia de la donación voluntaria de sangre, un recurso que no se fabrica y que depende exclusivamente del compromiso colectivo.

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