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Más que una victoria deportiva, aquel logro representó la concreción de un sueño largamente perseguido por dirigentes, jugadores e hinchas. Por primera vez en la historia, un club de Santa Cruz alcanzaba la élite del básquet argentino, colocando a la provincia en el mapa grande del deporte nacional.
Para recordar aquel día, el periodista de La Opinión Austral Carlos Zapico fue hasta el emblemático Tito Wilson para conversar con los artífices de aquella hazaña dentro de la cancha Gastón Morales y Gonzalo Torres y también fuera, como Jorge Castro, que en ese momento era parte de la sub comisión de Básquet y luego fue presidente de la institución celeste.
Justamente es Castro, o “Castrito” como se lo denomina dentro del club, quien rompe el hielo y cuenta una anécdota conocida por pocos.

“Tenía un viaje programado desde febrero de ese año con unos amigos fuera del país. El 9 de junio es mi cumpleaños y viajábamos el 4 o 5. Así que vi el partido en un hotel con Daniel Llaneza, Jorgito Aricheta de Punta Arenas que hace muchos años es socio del club y el ‘Pato’ Estevez. En el hotel pensaban qué está pasando en esa habitación” rememora aquel día.
Con el ascenso consumado, Jorge dice que lo primer que hizo fue llamar a Bernardo (NdeR: Bernardo Murphy, entrenador del equipo) para felicitarlo y a partir de ese momento, cada vez que hablan, aflora una emoción muy importante.
“¿Quién pensaba que alguna vez un equipo de Santa Cruz podía estar en la Liga Nacional de Básquet? Gracias a Dios fue Hispano, nuestro club” sentencia.
En el caso de Gastón Morales, jugador surgido del club celeste, recuerda aquel histórico día rodeado de su familia, amigos e hinchas.

“Son muchas las cosas que se vienen a la cabeza en momentos así. Sobre todo, ver a tu familia completa, hinchas fanáticos, amigos, gente que uno siente cariño y aprecio por haber estado metido acá adentro, el esfuerzo que hicieron un montón para estar…” dice visiblemente conmovido por el recuerdo.
“Que me llamen para ver si les podía conseguir entradas cuando antes las entradas sobraban fue una cosa maravillosa” expresa el base de aquel equipo que, para sorpresa de muchos, reconoce no haber visto un solo partido de aquella campaña porque prefiere quedarse con los recuerdos vividos en el momento.
Para Gonzalo Torres, jugador que llegó de Bahía Blanca para defender los colores de Hispano siendo muy joven, el ascenso significó mucho más que un logro deportivo.
“Llegué de muy chico, desde muy lejos y el vínculo que se generó fue muy rápido y fuerte. Creo que lo que ayudó a que se forjara ese vínculo es lo que siempre se habla, esto de la ‘familia celeste’, siendo chico me sentí adoptado y apañado por el club y su gente” resalta.
“Eso hizo que el sentido de pertenencia que podía tener por ejemplo el “Gato” (NdR: Gastón Morales) se me haya gestado en poco tiempo. Han pasado muchísimos años desde que me fui, pasé por un montón de clubes, anduve por varios lados, pero sigo siendo Gonzalo Torres el de Hispano Americano”.

Una campaña construida para hacer historia
La temporada 2015-2016 del Torneo Nacional de Ascenso (TNA) encontró a Hispano Americano decidido a pelear por el único boleto disponible hacia la Liga Nacional. Bajo la conducción técnica de Bernardo Murphy, el conjunto celeste desarrolló una campaña sólida, respaldada por una estructura institucional que apostó fuerte al crecimiento deportivo.
Sobre esa estructura se para Jorge Castro, que, si bien asumió en octubre de ese año 2016 la presidencia, venía trabajando incansablemente en la sub comisión de básquet.
“Yo estoy en representación de esa sub comisión. Ellos se dedicaban a jugar y nosotros a atender de la mejor manera posible a los equipos visitantes” cuenta Jorge, que destaca el acompañamiento de las familias de los miembros de la comisión para que ellos puedan reunirse dos o tres veces por semana a organizar todo.

“La estructura del Hispano es la más grande de la Patagonia, por la infraestructura y el personal que tenemos, lo voy a resaltar toda la vida, el Hispano tiene 58 personas en relación de dependencia, sin recibir la ayuda del Estado provincial, municipal, nunca en la vida, se mantiene solo, y cuesta mantenerlo”.
El “Gato” Morales fue justamente uno de los que se dedicaba a jugar. Y lo hacía como un hincha más.
“Yo sabía que se me había roto la mano. Pero fui al banco y le decía a Pacheco ‘acomódame el dedo que vuelvo’, porque no quería perderme el momento. Sentía que estaba jugando muy bien, tenía mucho protagonismo, aportaba mucho”.
Y se toma un tiempo extra para hablar del entrenador Bernardo Murphy.
“Bernardo lo debe haber pensado bien el equipo. Todos los años íbamos a los viajes y nos hablaba uno por uno de por qué no podíamos ganar de visitante si de local ganábamos todo”.
Una final para el recuerdo
El último obstáculo en el camino fue Barrio Parque, uno de los equipos más fuertes de la temporada. La serie final se desarrolló con una paridad absoluta y mantuvo en vilo a los aficionados hasta el último instante.
Tras cuatro encuentros, la definición quedó igualada 2 a 2, obligando a disputar un quinto y decisivo partido en Río Gallegos. La ciudad vivió la previa como un acontecimiento histórico. El Tito Wilson presentó un marco imponente, con tribunas repletas y una atmósfera pocas veces vista en el deporte provincial.
Impulsado por su público, Hispano salió decidido a escribir la página más gloriosa de su historia. Con una actuación sólida y una notable fortaleza mental, el equipo se impuso por 77 a 67 para quedarse con la serie por 3 a 2 y concretar el ascenso.
Al contrario del “Gato”, Gonzalo dice que cada tanto ve el partido de la final con amigos.
“Cada vez que lo veo me doy cuenta lo mal que había arrancado a jugar. Aunque después fue un partidazo, los primeros tiros no le acerté al aro” se sincera.
“Eso fue porque se caía el estadio” lo interrumpe Morales. “Seguramente el visitante siempre arranca mejor porque el que tiene la presión es el local, con su propia gente, hasta que te empezás a soltar” le tranquiliza como cuando era su capitán dentro de la cancha.
Torres solo atina a confirmar esa apreciación contando que ese día “arrancamos el entrenamiento para el partido por el ascenso con la gente haciendo fila en la cancha para las entradas”.

Los protagonistas de una gesta inolvidable
Aquel plantel quedó para siempre en la memoria de los hinchas. Entre sus principales referentes, además de Gastón Morales y Gonzalo Torres se encontraban Sebastián Mignani, Bruno Oprandi, Pablo Fernández, Terry Martin, Fernando Gutman.
“El equipo era completo, Bruno en la final la descoció, Seba Mignani estaba en su momento, Pablo Fernández daba tranquilidad, ‘Gonza’ ofensivamente un caballo…” repasa el “Gato”.
Pero claro, una vez consumado el ascenso, tocaba enfrentarse con los mejores equipos del país y los mejores jugadores.
“Capaz que no tomamos noción de adonde llegamos. Digo llegamos en Río Gallegos, en Santa Cruz. En ese momento en la Liga estaban Walter Hermann, Paolo Quinteros, Gabriel Deck, José Vildoza, Selem Safar… Ojalá me equivoque, pero va a ser muy difícil volver a esos niveles, de poder tener lo mejor acá para poder verlo. Hicimos algo muy grande” subraya.
El impacto para Santa Cruz
La conquista trascendió ampliamente el ámbito del básquet. El ascenso de Hispano Americano significó un hito para todo el deporte santacruceño, demostrando que desde el extremo sur del país también era posible competir y triunfar al más alto nivel.
“Fue el evento más importante que tuvo la provincia. El evento deportivo institucional más grande de la Patagonia. Muchos clubes empezaron a hacer básquet acá en Río Gallegos por el Hispano. Por ejemplo, FeBrro era fútbol y empezó a hacer básquet. San Miguel, Boxing, Independiente, Tigres…” enumera Castro.

Un legado que permanece
La imagen de los jugadores celebrando junto a miles de hinchas en el Tito Wilson sigue ocupando un lugar privilegiado en la memoria colectiva del deporte provincial.
Porque más allá de los resultados, aquella conquista dejó una enseñanza imborrable: los sueños más grandes también pueden construirse desde el sur más austral de la Argentina.
Y fue Hispano Americano quien se encargó de demostrarlo.






















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