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En el universo de la Selección Argentina, las cábalas dejaron de ser simples supersticiones para convertirse en parte de la identidad del grupo. La “Scaloneta” construyó una cultura de rituales compartidos que refuerzan la unión del plantel y que, con el tiempo, pasaron a ocupar un lugar central en la narrativa que rodea a los campeones del mundo.
Detrás de cada una de estas costumbres hay historias personales, creencias, recuerdos familiares o tradiciones populares que se consolidaron dentro del vestuario.

La banda del palo santo
Una de las postales más repetidas en las concentraciones argentinas es la del grupo de jugadores recorriendo pasillos de hotel con un sahumerio de palo santo encendido. La práctica, conocida internamente como “la banda del palo santo”, se convirtió en un clásico antes de cada partido.
La iniciativa comenzó con Cristian “Cuti” Romero, quien incorporó el ritual convencido de las energías positivas atribuidas a esta madera sagrada. Con el tiempo se sumaron futbolistas como Rodrigo De Paul, Leandro Paredes, Exequiel Palacios y Alexis Mac Allister, entre otros.
El humo recorre habitaciones y espacios comunes con la idea de generar armonía, concentración y un clima de calma previo a la competencia.
El agua bendita de Cuti Romero y Lisandro Martínez
Otro de los rituales más visibles ocurre en la antesala de los partidos. Cuti Romero y Lisandro Martínez mantienen la costumbre de persignarse y utilizar agua bendita antes de salir al campo de juego.
Se trata de un gesto de fe que ambos defensores sostienen desde hace años y que repiten con absoluta naturalidad en cada convocatoria. Más allá de su significado religioso, el ritual funciona como un momento de introspección y concentración antes de la competencia.
Los caramelos de Rodrigo De Paul: un recuerdo familiar
Entre las cábalas más emotivas aparece la de Rodrigo De Paul, quien suele repartir caramelos entre sus compañeros antes de los partidos.
El origen de la costumbre se remonta a su infancia y a un gesto de su abuelo, que le entregaba un caramelo como señal de apoyo y buena suerte antes de cada encuentro. Con el tiempo, aquel recuerdo se transformó en una tradición que el mediocampista mantiene intacta dentro de la Selección.
Hoy, ese pequeño gesto familiar se convirtió en un símbolo de cercanía y unión dentro del plantel campeón del mundo.
La pastafrola cuya historia contó La Opinión Austral
Una de las historias que más llamó la atención en el último tiempo es la de la pastafrola, un clásico de la repostería rioplatense que trascendió lo gastronómico para transformarse en una curiosa cábala del cuerpo técnico.
El vínculo comenzó de manera casual en Estados Unidos, cuando integrantes del cuerpo técnico encabezado por Scaloni, entre ellos Roberto “Ratón” Ayala, probaron una pastafrola casera elaborada por la emprendedora argentina Elena, radicada en Miami. A partir de aquella primera degustación y la difusión de una imagen en redes sociales, el producto comenzó a circular con mayor frecuencia en el entorno del seleccionado.
Con el tiempo, aquella pastafrola de membrillo pasó de ser un obsequio ocasional a integrarse en las rutinas del grupo de trabajo, consolidándose como un gesto repetido en distintas concentraciones. La propia emprendedora, a cargo del proyecto “OMG Elena”, sostiene que la relación se mantuvo gracias a la continuidad de los envíos y a la aceptación del cuerpo técnico, que la incorporó como parte de sus costumbres informales.
La cábala del taxista de Río Gallegos y la réplica de la Copa del Mundo
Otra historia singular surge desde Río Gallegos, donde el taxista Miguel Pérez se convirtió en protagonista de una de las cábalas más comentadas en la previa de los torneos recientes.
Pérez mantiene desde hace años una réplica exacta de la Copa del Mundo, que lleva a distintos espacios y eventos como parte de su ritual personal para acompañar a la Selección Argentina. El objeto, que ya había estado presente antes del Mundial de Qatar 2022, volvió a aparecer en los estudios de LU12 AM680 en la antesala del nuevo torneo.
El gesto, que se repite desde 2022, se transformó en una tradición local que combina fe futbolera, promesas personales y una fuerte identificación con la “Scaloneta”. Según relata el propio protagonista, el trofeo forma parte de su vida cotidiana y de los festejos familiares, donde la Selección siempre está presente.
Mucho más que supersticiones
Las cábalas de la Selección Argentina no garantizan resultados, pero sí reflejan algo más profundo: la construcción de un grupo unido, donde los pequeños gestos tienen un valor simbólico enorme.
El palo santo, el agua bendita, los caramelos, la pastafrola patagónica revelada por La Opinión Austral, y la réplica de la Copa del Mundo del taxista de Río Gallegos son parte de un mismo universo cultural que rodea a la “Scaloneta”.
En un equipo acostumbrado a convivir con la presión de representar al país, estos rituales funcionan como un puente entre lo cotidiano y la competencia. Pequeñas tradiciones que, partido tras partido, ayudan a sostener una idea: que el fútbol también se juega con memoria, fe y costumbres que se vuelven identidad.
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