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Hay delanteros que esperan su oportunidad y hay otros que, cuando la tienen, no perdonan. Renzo Reynaga está en ese segundo grupo. El atacante de Puerto Deseado volvió a demostrarlo este domingo, fue protagonista de principio a fin y se despachó con un doblete en la goleada de Patronato por 3-0 ante San Martín de San Juan, por la fecha 31 de la Primera Nacional.
El deseadense necesitó apenas dos minutos para dejar su marca. Cuando el partido recién comenzaba, Reynaga ganó en las alturas, encontró el espacio y definió cruzado para poner al conjunto entrerriano rápidamente arriba en el marcador. Un comienzo ideal para el delantero y una señal de lo que vendría.
A los 40 minutos del primer tiempo volvió a aparecer en el lugar indicado y otra vez hizo lo que mejor sabe: mandar la pelota al fondo de la red. Segundo gol de la tarde, doblete personal y 2-0 para Patronato, que se fue al descanso con una ventaja que terminó siendo decisiva.
En el complemento, el equipo de Paraná manejó los tiempos y sostuvo la diferencia hasta los minutos finales. Sobre el cierre, Tomás Attis apareció para marcar el tercero y ponerle cifras definitivas a una tarde perfecta para el conjunto local.
Pero buena parte de las miradas se las llevó Reynaga. Dos goles, una actuación decisiva y otra demostración de que atraviesa un momento dulce frente al arco.
Y detrás de este presente hay una historia que comenzó muy lejos de los grandes estadios del fútbol argentino. Mucho antes de vestir la camiseta de Patronato, antes de pasar por clubes importantes y antes de conocer el fútbol internacional, Renzo era un chico de Puerto Deseado que soñaba con ser futbolista.
Sus primeros pasos fueron en EFID, donde comenzó a jugar desde muy pequeño. Luego llegó a Banfield de Puerto Deseado y, con apenas 13 años, tomó una decisión enorme para un adolescente: dejar su ciudad y viajar hacia Rosario para continuar su formación.
El sacrificio tuvo recompensa. Pasó por ASAC de Arroyo Seco y llegó a Rosario Central, donde continuó creciendo hasta convertirse en una de las promesas de las divisiones juveniles. Su recorrido incluso lo llevó al fútbol de Costa Rica, donde tuvo la oportunidad de jugar para la Liga Deportiva Alajuelense.
Cada etapa fue sumando experiencia a una carrera que Reynaga construyó lejos de casa, pero sin perder nunca el vínculo con Puerto Deseado.
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