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La tarde del martes quedó marcada por una montaña rusa de emociones para los argentinos y Río Gallegos no fue la excepción. Cuando el árbitro marcó el final del encuentro que decretó la victoria de la Selección Argentina por 3 a 2 sobre Egipto, luego de remontar una desventaja de dos goles, la ciudad volvió a teñirse de celeste y blanco en una celebración que tuvo como epicentro la emblemática intersección de las avenidas Néstor Kirchner y San Martín.

Las familiaras volvieron a festejar otra alegría de la “Scaloneta”. FOTO JOSE SILVA/LA OPINION AUSTRAL

En cuestión de minutos, decenas de vehículos comenzaron a confluir hacia el tradicional punto de encuentro de los grandes festejos deportivos. Los bocinazos rompieron el silencio de la tarde invernal mientras familias enteras, grupos de amigos y jóvenes con camisetas argentinas, gorros, bombos y banderas transformaban la esquina en una verdadera fiesta popular.

El sufrimiento vivido durante gran parte del partido hizo que el festejo tuviera un sabor especial. El silencio y la preocupación que dominaron los primeros minutos del encuentro quedaron atrás para dar paso a un estallido de euforia cuando Argentina concretó una de las remontadas más emocionantes de los últimos años.

Los cánticos dedicados a la Selección comenzaron a multiplicarse entre abrazos interminables y lágrimas de emoción. “Dale campeón”, “Muchachos” y el clásico “El que no salta es un inglés” se escucharon una y otra vez mientras las banderas flameaban impulsadas por el viento patagónico, una postal que ya forma parte de cada gran noche futbolera vivida en la capital santacruceña.

La abuela, siempre presente. FOTO JOSE SILVA/LA OPINION AUSTRAL

Las caravanas recorrieron las principales arterias de la ciudad con vehículos decorados con los colores nacionales, mientras muchos vecinos optaron por llegar caminando al histórico cruce para compartir un festejo que, más allá del resultado deportivo, volvió a reunir a generaciones enteras bajo una misma pasión.

No faltaron las bengalas de humo celeste y blanco, los redoblantes ni las selfies para inmortalizar una noche cargada de emociones. Cada nuevo automóvil que llegaba hacía sonar su bocina y recibía el saludo de quienes ya ocupaban la esquina, generando un clima de comunión que se extendió durante varias horas.

La felicidad fue total. El desahogo también. FOTO JUAN PALACIOS/LA OPINION AUSTRAL

La clasificación conseguida por el equipo dirigido por Lionel Scaloni alimentó nuevamente la ilusión mundialista y renovó la esperanza de los hinchas argentinos, que ahora esperan con entusiasmo el próximo compromiso por los cuartos de final.

Como ocurrió en Qatar 2022 y en cada cita importante de la Selección, Río Gallegos volvió a demostrar que el fútbol trasciende los 90 minutos. La esquina de Kirchner y San Martín se convirtió, una vez más, en el escenario donde la alegría colectiva encontró su mejor expresión, con una ciudad que descargó toda la tensión acumulada en un grito unánime que volvió a ilusionar a miles de santacruceños: Argentina sigue en carrera y el sueño mundialista continúa.

 

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