Your browser doesn’t support HTML5 audio
Las pantallas concentraron todas las miradas desde el pitazo inicial. En cada mesa se repetía el mismo sentimiento: confianza absoluta en el equipo dirigido por Lionel Scaloni y la expectativa de que las principales figuras aparezcan en los momentos decisivos.
“Hoy lo gana Argentina. Julián Álvarez va a hacer un gol y Messi siempre aparece cuando el equipo más lo necesita”, comentó uno de los hinchas.

Las opiniones coincidían en que la Selección estaba manejando el desarrollo del juego y que las oportunidades terminarían llegando. Para muchos, la sociedad entre Lionel Messi y Julián Álvarez representa la principal carta ofensiva para romper la resistencia suiza.
“Estamos tranquilos porque este equipo sabe jugar estos partidos. Messi puede resolverlo en cualquier momento“, expresó otro simpatizante, convencido de que el segundo tiempo traería las emociones esperadas.
Más allá del desarrollo del encuentro, los fanáticos ya comenzaban a proyectarse hacia una posible semifinal frente a Inglaterra, que previamente había asegurado su clasificación. La posibilidad de reeditar un duelo cargado de historia despertaba entusiasmo entre los presentes.
Durante toda la primera mitad, los bares céntricos de Río Gallegos ofrecieron una postal típica de una jornada mundialista: familias, grupos de amigos y turistas compartiendo el partido entre aplausos, nervios y cánticos, con la esperanza intacta de ver a la Selección defender el título y dar un paso más hacia una nueva final.
Con el entretiempo como momento de análisis, el sentimiento predominante entre los hinchas fue uno solo: confianza. En Río Gallegos nadie dudaba de que Argentina encontraría el camino hacia la victoria, con la ilusión puesta en un gol de Julián Álvarez, otra aparición estelar de Lionel Messi y el anhelado boleto a una semifinal que ya todos imaginaban frente a Inglaterra.










Leé más notas de La Opinión Austral
Compartir esta noticia