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Elba Arruga volvió a Río Gallegos con una medalla, una enorme satisfacción y una historia que difícilmente olvidará. Hace apenas un año y medio comenzó a correr y el último domingo se animó a completar los 21 kilómetros de la Media Maratón de Buenos Aires, una de las competencias más importantes del país.
En diálogo con LU12 AM 680, Arruga contó cómo vivió la competencia junto a sus compañeros del grupo Las Águilas y destacó el valor de haber compartido la experiencia con corredores de distintos puntos del país y del mundo.
“La verdad que fue una emoción muy grande. Yo no soy del palo del running, hasta hace un año y medio que me sumé con el grupo a correr”, contó.
La carrera reunió a miles de participantes y tuvo como escenario algunos de los lugares más emblemáticos de la Ciudad de Buenos Aires, como el Obelisco, la Casa Rosada, San Telmo, Palermo y Puerto Madero.

“Compartir este espacio con mis compañeros, en esta carrera tan icónica, fue increíble. Había mucha gente de Gallegos que fue a participar, se vivió una fiesta”, señaló.
El frío tampoco representó un problema para los corredores patagónicos. “Para nosotros, los que ya vivimos en la Patagonia, eso no era frío, era un día normal”, bromeó Arruga.
La preparación comenzó varios meses antes. Para la corredora riogalleguense, completar los 21 kilómetros fue el resultado de un proceso que empezó desde cero. “Yo no corría una cuadra y era empezar a trabajar de a poquito la resistencia”, explicó.
El acompañamiento de sus compañeros fue fundamental para sostener los entrenamientos, especialmente durante el invierno, cuando las calles congeladas de Río Gallegos obligaron a buscar alternativas para continuar con la preparación.
“Para mí fue fundamental el entrenamiento y mis compañeros, que no nos dejamos nunca de motivar”, destacó.
El viaje también requirió planificación y esfuerzo económico. Pasajes, estadía e inscripción fueron parte de una organización que comenzó muchos meses antes.
“Hay cuestiones económicas que tuvimos que prever para la compra de este espacio, para los boletos de avión, la estadía. La carrera fue el cierre de mucha preparación física y también de ese viaje”, relató.
Arruga ya había completado una media maratón en Río Gallegos, por lo que sabía que podía afrontar la distancia. Sin embargo, hacerlo en Buenos Aires significó mucho más. “Hacerla allá, en esa carrera tan icónica, le dio un broche de oro”, sostuvo.
Pero la jornada tendría para ella un momento que trascendería cualquier resultado deportivo. A la altura del kilómetro 15, Arruga se encontró con un corredor colombiano que sufría un fuerte dolor en uno de sus pies. Decidió detenerse para ayudarlo. “Le pregunté si venía bien y me dijo que tenía un dolor en el pie. Le dije: ‘Bueno, te ayudo, te hago unos masajes y seguimos’”, recordó.

El atleta ya no podía continuar corriendo al mismo ritmo. Arruga entonces tomó una decisión que modificó completamente su carrera.
“Él me pidió que siguiera la carrera como la venía haciendo y le dije que no, que mi carrera en ese momento cambiaba el objetivo y era seguir con él”, contó.
Desde ese momento, ambos avanzaron juntos, alternando entre trotar y caminar. En un tramo incluso tuvieron que detenerse en un puesto de emergencia para que el corredor pudiera ser asistido.
Finalmente, llegaron juntos a la meta.
“Fuimos los últimos, cerramos la carrera de los 21 y estábamos tan felices”, relató.
El corredor había viajado desde Cali especialmente para participar de la competencia y compartía el viaje con su hermana y su novia. Para Arruga, acompañarlo hasta el final convirtió la carrera en una experiencia todavía más emotiva.
“Llegar a la meta y hacerlo juntos fue muy emotivo para los dos”, aseguró.
Mientras tanto, en la punta de la competencia se escribía una página histórica. El etíope Yomif Kejelcha estableció un nuevo récord mundial de media maratón en Buenos Aires con un tiempo de 56 minutos y 51 segundos, a un promedio de 2 minutos y 42 segundos por kilómetro.
Arruga pudo observar de cerca a los atletas de elite durante el recorrido, cuando los corredores más rápidos ya regresaban mientras ella todavía transitaba los primeros kilómetros.
“Verlos correr es un placer, ver sus técnicas. Son perfectos y dándolo todo con esa pasión que lo hacen. Sin lugar a dudas, motiva”, expresó.
La diferencia de ritmos también dejó una anécdota que todavía recuerda entre risas: “Nosotros mirábamos cinco kilómetros y en el grupo elite ya habían hecho los 21. No, nos queríamos morir”, contó.
Para Arruga, sin embargo, el running no pasa exclusivamente por los tiempos ni por las posiciones. “Cada uno va por su objetivo”, afirmó.

“Nosotros estamos para pensar en una mejor calidad de vida, para pensar en un grupo, para pensar en las cuestiones que hacen al compañerismo y todas las habilidades que se desarrollan en un team”, agregó.
Con la experiencia de Buenos Aires todavía fresca, la corredora de Río Gallegos ya piensa en los próximos desafíos. Entre ellos aparece una carrera de montaña en El Chaltén, donde tiene previsto participar en la distancia de 10 kilómetros.
“En la montaña hay otra exigencia y a mí me gusta mucho ir disfrutando del lugar. Si corriera 20 en montaña, me muero”, bromeó.
También tiene en agenda competencias en Río Turbio, como el Desafío al Puma, y la tradicional carrera de la Vial en Río Gallegos. Además, confirmó que estará presente en el próximo Desafío Bajo Cero, una competencia de carácter solidario.
“Para la gente que nunca corrió, que por primera vez toma una carrera de montaña, tiene circuitos lindos. Es una hermosa carrera para hacerlo”, destacó.
Apenas unas horas después de completar los 21 kilómetros, Arruga ya estaba nuevamente en Río Gallegos y se presentó a trabajar con su medalla.
“Hoy bajé del avión y muy orgullosa, con mi medalla acá en el trabajo”, contó en diálogo con LU12 AM 680.
A los 44 años y después de apenas un año y medio vinculada al running, Elba Arruga se convirtió en un ejemplo de que no siempre se trata de correr más rápido, sino de animarse a empezar.
“Hay que animarse, porque cada uno va por su objetivo”, sostuvo.
Su primera experiencia en la Media Maratón de Buenos Aires quedó marcada por los 21 kilómetros, por la medalla y por haber compartido la carrera con sus compañeros de Las Águilas. Pero, sobre todo, por haber entendido que algunas veces la verdadera victoria está en cambiar el propio objetivo para ayudar a otro.
“Mi carrera en ese momento cambiaba el objetivo y era seguir con él”, una frase que resume una jornada en la que llegar juntos terminó siendo mucho más importante que llegar primero.
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