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Luis Oyarzún fue una de las figuras más queridas del automovilismo de Río Gallegos. Fanático de los fierros desde joven, debutó como piloto a fines de la década del ’80 en la categoría 850 Regional y luego continuó compitiendo con distintos autos preparados para el ámbito local.

Más allá de su trayectoria en pista, dejó una huella como impulsor y principal sostén de la carrera deportiva de su hijo, José Luis Oyarzún, a quien acompañó durante décadas en cada desafío.

Trabajador incansable, primero como empleado de comercio y luego como productor ganadero, fue reconocido por su calidad humana y su compromiso con el deporte motor, convirtiéndose en un referente respetado del automovilismo santacruceño.

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