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Tendría 3 o 4 años. Todavía no sabía que el futuro estaba bajo los tres palos. Lo único que quería era correr y patear la pelota. Y lo pudo hacer primero en el club Boca RG, en un paso que marcó el inicio de su trayectoria deportiva. Aunque fue un primer paso fugaz.
Es que a los 5 años ya estaba defendiendo los colores de Unión Santacruceña. Allí sí le empezó a tomar el gusto al puesto de arquero. En el albinegro estuvo siete años, aprendiendo el ABC de las materias que hacen a un número 1.
Ahí empezó a destacar, y sus buenas actuaciones hicieron que uno de los clubes ‘poderosos’ de la ciudad, el Atlético Boxing Club, posara sus ojos en él. Tenía tan solo 12 años y ya empezaba a entender un poco que sus condiciones destacaban por sobre otros compañeros de su misma edad.
Además, no dejaba pasar la oportunidad de perfeccionarse y asistía, después de entrenar con el club, al Centro de Entrenamiento y Formación de Arqueros (CEFA) que dirige Claudio Garay.
En el Boxing, según cuenta, tuvo su actuación más recordada. Fue en un partido de Liga Sur contra el Club Talleres. El partido se definió en la tanda de penales y Thiago fue el héroe de la jornada conteniendo un penal para darle la victoria a su equipo.
Esas buenas actuaciones le abrieron la posibilidad de ir a probarse a uno de los grandes equipos de la región como la Universidad Católica de Chile. Así fue que a comienzos del año pasado Thiago viajó a Chile y se sumó al equipo del país trasandino.
Sin embargo, porque de estas cosas también está hecha la vida de los futbolistas, las cosas no sucedieron como imaginaban Thiago y su familia. Y no porque Thiago no estuviera a la altura de las exigencias ni nada por el estilo. Simplemente, por una cuestión burocrática donde hasta la FIFA tomó parte.
La idea del club chileno era sumar al joven arquero riogalleguense a sus filas para que haga todo el recorrido hasta el primer equipo. Pero el hecho de ser menor de edad dificultaron las cosas, y luego de semanas de incertidumbre, de papeles para un lado y para el otro, de autorizaciones, permisos y demás, finalmente Thiago no pudo firmar con la Universidad Católica y tuvo que regresar al Boxing, club dueño de su pase.
Luego de disputar dos amistosos con la U y dejar muy buenas sensaciones, la propuesta del club fue dejarle las puertas abiertas para cuando cumpla 18 años, siendo que en ese momento ya no habría problemas de papeles ni de edad. Pero el destino le tenía preparado nuevos desafíos al joven portero.
Es que su padre, José “Pepe” Chacón, entendía que era el momento para Thiago de pegar el salto. Entonces se puso en contacto con un amigo suyo que a la vez conocía al coordinador del club Sarmiento de Junín y le consiguió una prueba en el verdolaga, equipo que actualmente disputa la Liga Profesional de Fútbol.
Así fue que el club de Junín conoció a Thiago y luego de evaluarlo durante la pretemporada decidieron que se tenía que quedar. Y hasta el momento respondió con creces, ya que de cinco arqueros que tiene su categoría, fue uno de los tres elegidos para integrar la lista de buena fe del club en las competencias oficiales de AFA.
En esos dos meses que duró la pretemporada, Thiago que es categoría 2009, estuvo entrenando con la 4ta división, es decir, con chicos categoría 2006/2007. El entrenamiento empezaba a las 9 de la mañana y finalizaba a las 12. Otra vez había estado a la altura de las exigencias.
Hoy ya entrena con su categoría y se prepara para afrontar la competencia oficial buscando meterse en el once titular.
“Soy bueno para el estudio”
Pero Thiago también tiene otras responsabilidades, no sólo jugar al fútbol. Por eso cada mañana de 7:30 a 11:30 asiste al Colegio Nacional Número 6 de Junín junto a sus otros compañeros de equipo para luego sí, llegar a su casa, almorzar y a las 13:00hs ir a tomar el colectivo que Sarmiento pone a disposición de sus juveniles para trasladarse a la Ciudad Deportiva de la institución, un complejo de diez canchas con césped natural.
En ese moderno centro de alto rendimiento que el club construyó para todas sus categorías, incluyendo la primera división, Thiago entrena todos los días hasta las 15:30hs. Luego, tres veces por semana, va al gimnasio por su cuenta.
Es una disciplina que lo acompaña desde chico. Un compromiso que asumió con él mismo. Porque si falta, siente culpa. Y no está dispuesto a ceder un centímetro en ese camino. Se puso la camiseta de Sarmiento de Junín y piensa defenderla de la mejor manera cada vez que le toque.
Es el ejemplo que le transmiten desde chico, y el ejemplo que aprendió de su hermano mayor, José Chacón, que hoy se desempeña en la CAI de Comodoro Rivadavia, y de su primo Tomás “Toto” Avilés, hoy en el Montreal de la MLS. En ellos se apoya constantemente y sigue sus consejos al pie de la letra. Porque a veces los ejemplos son más poderosos que cualquier palabra, y en ellos se refleja para llegar a competir al máximo nivel.
Thiago ya firmó los papeles, y en esa firma puso más que su nombre. Ahí quedó estampado un sueño y un compromiso de entregarse al máximo. Es lo que hizo en todos los clubes por donde pasó y lo que lo llevó hasta este lugar. Sabe que el futuro se marca con sacrificio, esfuerzo y entusiasmo por hacer las cosas bien. Y eso no tiene pensado negociarlo.
La primera prueba será este fin de semana contra Estudiantes de Río Cuarto, marcando el inicio de una nueva etapa en la vida de este joven y talentoso arquero. A la distancia, una ciudad entera lo alienta.
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