Una investigación que comenzó con un hecho de violencia en pleno centro de El Calafate terminó por destapar una modalidad tan ingeniosa como preocupante para el narcomenudeo en la región. La Justicia Federal de Río Gallegos condenó a cuatro años de prisión efectiva a un hombre hallado culpable de comercializar cocaína y marihuana, en un caso donde la droga era ocultada dentro del calzado para facilitar su transporte y distribución.
De acuerdo a la información a la que tuvo acceso La Opinión Austral, a través de fuentes consultadas se pudo saber que el expediente tuvo su punto de partida el 27 de septiembre de 2025, cuando un ataque a tiros dejó a un hombre herido en una pierna en inmediaciones de la Comisaría Primera de la villa turística. A partir de ese episodio, la Justicia provincial ordenó una serie de siete allanamientos simultáneos en distintos barrios de la ciudad, en un despliegue que puso en evidencia no solo la violencia asociada al delito, sino también un circuito activo de comercialización de estupefacientes.
Durante esos procedimientos, las fuerzas de seguridad secuestraron armas de fuego, municiones y una importante cantidad de droga, además de más de 2,2 millones de pesos y 3.100 dólares en efectivo. Sin embargo, lo que más llamó la atención de los investigadores fue la modalidad de ocultamiento: la cocaína y la marihuana estaban camufladas dentro de plantillas y alpargatas, un método que buscaba eludir controles y facilitar el traslado sin levantar sospechas.
A raíz de ese hallazgo, tomó intervención la Justicia Federal, que avanzó con la causa por infracción a la Ley de Estupefacientes. En ese marco, el fiscal general interino Julio Zárate sostuvo durante la audiencia que la cantidad de droga incautada -37,72 gramos de cocaína y 38,43 gramos de marihuana- excedía ampliamente el consumo personal. Además, remarcó que las sustancias estaban fraccionadas en dosis listas para la venta, lo que permitió acreditar su destino comercial.
La investigación se fortaleció con otros elementos probatorios. Entre ellos, una balanza de precisión, dinero en efectivo y, especialmente, el contenido de los teléfonos celulares secuestrados. Según se detalló, de esos dispositivos se extrajeron mensajes, audios, imágenes y videos que evidenciaban maniobras concretas de compra y venta de estupefacientes.
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Según pudo saber este diario, en una de las conversaciones analizadas, el imputado recibía una imagen de una balanza acompañada de un mensaje vinculado al control de la sustancia. En otra, respondía afirmativamente a una consulta sobre disponibilidad de droga, lo que para la fiscalía confirmó que la actividad estaba en pleno funcionamiento al momento de los allanamientos.
El proceso judicial avanzó mediante un acuerdo pleno entre la fiscalía y la defensa, mecanismo que fue homologado en audiencia por el juez federal Claudio Vázquez. La sentencia incluyó, además de la pena de prisión efectiva, el decomiso del dinero incautado, los teléfonos celulares, las balanzas y los elementos utilizados para ocultar la droga. También se ordenó la destrucción de las sustancias secuestradas.
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