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El Tribunal Oral Federal de Santa Cruz, dictó finalmente sentencia en una serie de causas acumuladas que pusieron bajo la lupa el tráfico de drogas en El Calafate. La resolución, firmada esta semana marcó el cierre de una investigación que desnudó cómo el narcomenudeo se filtraba en la cotidianidad de la villa turística.
Los principales implicados en esta trama judicial son DI Herbas, un ayudante de albañil nacido en Salta, y LM González, un pintor porteño con discapacidad motriz. Ambos fueron el foco de tres operativos distintos que, sumados, pintaron un cuadro irrefutable de la actividad ilícita en la ciudad tiempo atrás.

En contraste, la tercera imputada, PM Silva, logró el sobreseimiento luego de que la fiscalía admitiera que no existían pruebas suficientes para vincularla con las maniobras de venta, a pesar de haber estado presente en uno de los procedimientos.
El derrotero de Herbas comenzó a gestarse mucho antes de esta sentencia, precisamente el 19 de noviembre de 2019. En aquel entonces, durante un control de rutina de la Gendarmería Nacional sobre la Ruta Provincial 11, un can antinarcóticos marcó su equipaje mientras viajaba en un transporte de pasajeros hacia las represas.

Según pudo saber La Opinión Austral, en un intento desesperado por eludir la ley, el acusado trató de entregarle su campera roja a otro pasajero, pero los efectivos advirtieron la maniobra y hallaron en sus bolsillos 92 gramos de marihuana fraccionada en varios envoltorios.

Segundo hecho

Lejos de ser un hecho aislado, la actividad delictiva continuó y sumó nuevos episodios de ribetes casi cinematográficos. En octubre de 2021, la policía provincial divisó un Ford Fiesta realizando maniobras zigzagueantes e imprudentes cerca de la rotonda “El Chabón”. Al interceptar el vehículo, descubrieron que Herbas y Silva estaban consumiendo alcohol, pero lo más grave fue el hallazgo de más de 104 gramos de cannabis y envoltorios con cocaína, estos últimos ocultos incluso en la ropa interior del albañil.

Tercera causa

La caída definitiva ocurrió en marzo de 2022, en una situación que roza lo insólito. Mientras la policía buscaba a un paciente psiquiátrico fugado del hospital local, divisaron a un hombre de características similares subiendo apresuradamente a un Volkswagen Gol conducido por Herbas. Al intentar detenerlos, se inició una persecución durante la cual González, quien iba como acompañante, comenzó a arrojar bultos por la ventanilla. Tras la detención, los efectivos recuperaron los envoltorios, que resultaron ser cocaína y marihuana, además de secuestrar una balanza digital debajo del asiento del conductor y casi 50 mil pesos en efectivo.
Las pruebas más contundentes contra Herbas no surgieron solo de las incautaciones físicas, sino de su propio teléfono celular. Los peritajes revelaron diálogos que no dejan margen a la duda: desde clientes que ofrecían “oro y plata por faso” hasta negociaciones directas sobre el precio de “la piedra” o “una bolsa de quinientos”. El lenguaje coloquial de las calles calafateñas quedó registrado en mensajes donde se pactaban encuentros rápidos y se discutía la calidad de las “flores“.
Ante la contundencia de las pruebas y las tareas de campo que incluyeron vigilancias y seguimientos de “pasamanos” en locales comerciales como carnicerías, la defensa y la fiscalía acordaron un juicio abreviado. DI Herbas reconoció su responsabilidad y fue condenado a cuatro años de prisión de cumplimiento efectivo, además de una multa económica. Por su parte, González recibió una pena de dos años de prisión en suspenso, supeditada a reglas de conducta estrictas, debido a que se consideró su rol como un colaborador secundario y reemplazable en la estructura.

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