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Un mensaje escrito en la puerta de un baño bastó para alterar la rutina escolar y encender las alarmas en El Calafate. La amenaza de un presunto “tiroteo” en la Escuela Primaria N° 9 no solo activó un protocolo institucional y judicial, sino que dejó al descubierto una problemática creciente: la expansión de este tipo de intimidaciones hacia niveles cada vez más sensibles del sistema educativo.

Según pudo saber La Opinión Austral, a través de fuentes consultadas y lo consignado por medios de la villa turística, el episodio ocurrió en las últimas horas, cuando alumnas del establecimiento encontraron una inscripción en uno de los sanitarios que advertía sobre un supuesto ataque armado. El contenido del mensaje -“hoy tiroteo a las 10.50 PM”- generó inmediata preocupación y fue reportado a docentes y directivos.

Frente a la situación, las autoridades escolares activaron el protocolo establecido por el Consejo Provincial de Educación, que contempla la intervención de fuerzas de seguridad, la Justicia y organismos de niñez. En ese marco, tomó participación el Juzgado de Instrucción local, a cargo del magistrado Alberto Albarracín, quien días atrás ya había instruido a las instituciones educativas a denunciar cualquier tipo de amenaza o intimidación.

Efectivos de la Comisaría Primera y personal de Criminalística ingresaron al establecimiento para realizar las pericias correspondientes, mientras se iniciaba una causa judicial para intentar determinar la autoría del mensaje. Hasta el momento, no se ha identificado a la persona responsable.

El hecho no quedó circunscripto al ámbito institucional. La preocupación se trasladó rápidamente a las familias, que fueron informadas tanto en una formación escolar como en una reunión posterior. Allí, el desconcierto y la inquietud se hicieron evidentes.

Ya tienen una carga con lo que adultos les mostramos en la vida cotidiana. Ahora van a la escuela y se encuentran con una amenaza de un tiroteo, después llegan los policías uniformados y los de criminalística. Los docentes dan sus charlas, no siempre de la mejor manera. En la casa los padres no tenemos tampoco todas las herramientas para abordar estas situaciones”, expresó Claudia, madre de un alumno, reflejando el sentir de muchas familias.

Lo que para algunos puede parecer una “broma” o una conducta impulsiva, en términos legales configura un delito. Pero más allá de la tipificación penal, el impacto emocional en niños y niñas resulta difícil de dimensionar. A diferencia de lo que ocurre en el nivel secundario, donde los adolescentes pueden procesar estos episodios desde otra perspectiva, en el ámbito primario el miedo se instala con mayor crudeza.

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