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Me autoexilié“: tiene 35 años y es el único habitante de un mítico observatorio abandonado en medio de la estepa patagónica. Así arranca la nota firmada por Leandro Vesco, publicada este sábado en el diario La Nación. ¿Quién es el personaje del reportaje? Javier Soto, quien dice que llegó hace un tiempo a este lugar, a 100 kilómetros de El Calafate, donde funcionó hasta la década del 70 lo que iba a ser un centro para mapear el cielo del sur.

He decidido aislarme del mundo“, confiesa Soto, que vive en las instalaciones de un viejo observatorio abandonado en la solitaria estepa santacruceña, a un costado de la mítica ruta 40, a 500 metros del río La Leona y lejos de todos. La extravagante cúpula metálica brilla como un objeto espacial, algo oxidado y sometido a las tormentas del olvido. “La gente para y quiere conocer la historia”, afirma Soto entrevistado por Vesco.

“Me autoexilié en busca de un propósito”, afirma Soto.

Llama la atención“, dice acerca del observatorio. Una vieja tapera al costado del camino, el parador “Luz Divina“, en ruinas, luego: la basáltica naturaleza de la soledad patagónica. “No es normal ver seres humanos en este territorio, ni mucho menos un observatorio”, agrega Soto. Tiene dos grandes historias que contar. Nació en Puerto Deseado y vivió en Trelew. “Un día me levanté, junté plata para pagar los servicios y el alquiler y me pregunté: ‘¿Así será la vida siempre?’. No lo acepté“, cuenta. También recibió la noticia que la tierra donde había estado su tío viviendo los últimos 25 años podía quedar sola. Un primo la estaba cuidando y lo invitó a seguir con el legado familiar.

En octubre del año pasado llegó al observatorio, que su tío cuidó hasta su muerte, y desde entonces está solo. “Me autoexilié en busca de un propósito“, afirma. “Quise adentrarme en introspecciones y alejarme de la propuesta que hoy domina el mundo: trabajar más para ganar menos“, sostiene.

Del sueño de un astrónomo al abandono en la década del 70

1946: el Gobierno nacional cedió estas tierras a la UNLP.

En 1934 el ingeniero Félix Aguilar asumió como director del Observatorio de La Plata. En aquellos años el cielo del hemisferio sur estaba muy poco estudiado y para trabajar sobre la ubicación de las estrellas cercanas al polo sur propuso crear una “Estación Astronómica Austral“. En el confín del mapa argentino eligió este paraje recóndito conocido como La Leona, por la estancia y el parador que está cinco kilómetros más al norte. Río Gallegos quedaba a 350 kilómetros por caminos de ripio, el pueblo más cercano era El Calafate fundado hacía pocos años, en 1927.

En 1940 se aprobaron los trabajos y en 1946 el gobierno nacional cedió estas tierras a la Universidad de La Plata. En 1950 comenzaron los trabajos. Para 1951, el edificio donde iba a montarse el telescopio estaba terminado, al igual que unas caballerizas y una casa para los astrónomos. El plan original era hacer una usina eléctrica y un edificio para una bomba de agua, pero el proyecto quedó sin presupuesto y estos dos espacios no fueron hechos. Recién en 1965, en diciembre, el Observatorio Austral Félix Aguilar pudo comenzar a mapear el cielo. El cierre del complejo fue en 1973. El telescopio regresó a La Plata y el edificio quedó abandonado.

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