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Un nuevo y doloroso episodio vial sacude a la Patagonia y enluta a una familia que emprendía viaje hacia uno de los destinos turísticos más emblemáticos del sur argentino. Un violento vuelco ocurrido el domingo por la tarde sobre la Ruta Nacional Nº 40, a unos 15 kilómetros al norte del paraje La Esperanza, dejó como saldo la muerte de un niño de apenas 2 años y mantiene a su padre internado en grave estado, en lo que hoy constituye el dato más sensible y preocupante de la evolución del caso.
Tal como lo informó La Opinión Austral, el siniestro se registró alrededor de las 15 horas, en un tramo caracterizado por largas rectas, extensiones abiertas y condiciones que suelen variar según el clima patagónico. La familia, integrada por cinco personas, había partido desde la provincia de Tierra del Fuego con destino a El Calafate. Viajaban a bordo de un Chevrolet Prisma blanco cuando, por causas que aún son materia de investigación judicial, el vehículo se desvió hacia la banquina, dio al menos dos tumbos y terminó detenido sobre sus cuatro ruedas, aunque orientado en sentido contrario al de circulación, una imagen que grafica la violencia de la secuencia.
El impacto tuvo consecuencias devastadoras. El menor de los ocupantes, un niño de 2 años, salió despedido del habitáculo y sufrió lesiones de extrema gravedad. Automovilistas que transitaban por el lugar dieron aviso inmediato a las autoridades, en un gesto que volvió a demostrar la importancia de la solidaridad en rutas extensas donde cada minuto cuenta. Personal policial y sanitario del puesto de La Esperanza acudió con rapidez y organizó el operativo de emergencia para asistir a los heridos y coordinar su traslado.
Debido a la complejidad del cuadro, todos fueron derivados al Hospital Regional de Río Gallegos, ubicado a unos 170 kilómetros del lugar del accidente. Allí, el pequeño permaneció internado en estado crítico, pero lamentablemente falleció el martes, luego de dos días de intensa lucha médica. Su muerte marcó el desenlace más trágico de un viaje que había comenzado con fines familiares y terminó en un drama imposible de dimensionar.
En paralelo, la evolución del padre, un hombre de 48 años, concentra hoy la mayor atención. Permanece internado en grave estado, con un edema pulmonar que complica su cuadro clínico y obliga a un monitoreo permanente. Este tipo de afección implica la acumulación de líquido en los pulmones, lo que dificulta seriamente la respiración y requiere cuidados intensivos. Su situación es seguida de cerca por el equipo médico, en un contexto de extrema delicadeza que mantiene en vilo a su entorno.
La madre, de 40 años, y los otros dos hijos de la familia, adolescentes de 14 y 12 años, resultaron con lesiones de menor consideración y se encuentran fuera de peligro.
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