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Venezuela atraviesa una de las peores tragedias de su historia reciente tras los dos violentos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron al país y dejaron un saldo devastador: cerca de mil muertos, miles de heridos y más de 50 mil personas desaparecidas.
Los sismos ocurrieron con menos de un minuto de diferencia y provocaron el colapso de cientos de edificios, especialmente en La Guaira, una ciudad costera cercana a Caracas que quedó entre las zonas más afectadas.
En esa localidad, estructuras enteras se desplomaron en segundos. Torres de departamentos, edificios comerciales y viviendas quedaron reducidos a montañas de escombros, mientras miles de personas continúan atrapadas.
La desesperación crece entre los sobrevivientes, que denuncian una respuesta insuficiente por parte del Estado y una lenta llegada de asistencia en las primeras horas posteriores al desastre.
Ante el escenario crítico, el gobierno venezolano dispuso la militarización de las zonas más golpeadas, especialmente en La Guaira, donde además se restringió el acceso para controlar la situación social y facilitar las tareas de emergencia.
Mientras tanto, brigadas internacionales trabajan contrarreloj en la búsqueda de sobrevivientes. Equipos especializados de al menos 11 países ya se encuentran operando en territorio venezolano, con perros de rescate, maquinaria pesada y equipamiento para detección bajo escombros.
Entre los países que enviaron ayuda se encuentran Estados Unidos, España, México, Chile, Colombia, Italia, Ecuador, Suiza y República Dominicana, entre otros.
En paralelo, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, mantuvo reuniones con expertos internacionales para coordinar las operaciones de rescate y asistencia humanitaria.
Además, confirmó contactos con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y con el secretario de Estado Marco Rubio, quienes ratificaron apoyo logístico y humanitario.
La ayuda internacional sigue llegando. En las últimas horas, autoridades venezolanas informaron el arribo de 17 vuelos con más de 1.600 rescatistas, mientras se espera el ingreso de nuevas misiones de asistencia.
A tres días de la tragedia, el tiempo se convierte en el principal enemigo. Cada hora reduce las posibilidades de hallar sobrevivientes entre los escombros, mientras miles de familias continúan esperando respuestas en medio del dolor, la incertidumbre y el caos.
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