Your browser doesn’t support HTML5 audio
Por Hugo Ferrer
El Papa León XIV se aferra a las fechas y el destino. El domingo 11 de octubre en su último Ángelus, habló y anunció que tenía un nódulo en el pulmón. El martes 13 lo operaron. Fue un éxito. El sábado 17, de alta. El domingo 18, otra vez el Ángelus. Su médico personal Stefano Margaritora adelantó que “no hay razones clínicas para no hacer el viaje a Sudamérica”.
Mientras en la Argentina se espera con gran expectativa su visita prevista para el domingo 8 de noviembre, este domingo en Argentina se celebra el día de la madre. En Perú y Estados Unidos, el segundo domingo de mayo.
Como recordamos a la madre del Papa Francisco, lo hacemos con la de León XIV, casi como si fuera argentino.
Por primera vez el Papa habló de su mamá en un acto público. Y fue justo el día de su cumpleaños, el lunes 14 de septiembre, cuando celebró sus 71 años.
En el acto oficial en la Biblioteca Vaticana, León XIV, Robert Francis Prevost, tuvo un momento muy especial para recordar a su madre. No le importó salir del protocolo para hablar de ella. Mildred Martínez Prevost fue quien más lo guió y lo impulsó a su dedicación.
El Papa sintió que donde estaba era el mejor lugar para homenajearla: “Muchos de ustedes quizás no sepan que mi madre era bibliotecaria, y hoy me encuentro aquí precisamente por mi cumpleaños, precisamente para saludarlos a todos”. Y reflexionó sobre el silencio inherente a un lugar así. “Cuando pensamos en una biblioteca, la imaginamos como un entorno pacífico y tranquilo. En efecto, los libros son silenciosos y requieren silencio. Este silencio, lejos de ser sinónimo de inmovilidad, es para él la condición para que la investigación se mantenga vibrante. Si, por un lado, un libro reconforta, por otro, despierta inquietud, alimenta el deseo y el valor de indagar”. Así puso en valor lo que significa leer, encontrarse con documentos, autores y libros. .
Para “entender” a la Biblioteca del Papa, León XIV utilizó los movimientos del corazón humano, sístole y diástole, para definirla: “Una contracción y una relajación, un movimiento hacia el centro y otro hacia la periferia” que permiten mantener la vida. “La sístole consiste en que siga siendo un lugar lleno de discreción, tranquilidad, respeto y esmero”. Y recordó el Evangelio de San Lucas: “Si tienes que construir, si tienes que luchar, primero siéntate y estudia”.
Y le dio aún más relevancia al valor de la Biblioteca Apostólica: “Depende también del único e inestimable tesoro que conserva”. Y destacó que se facilite su estudio mediante la digitalización: “Es preciso mantener y fomentar el antiguo gesto de desplazarse físicamente hasta la Biblioteca. No es sólo un depósito de libros, sino un ambiente compuesto por vínculos, confrontación e intercambio de ideas”. Y habló de la diástole al recordar a León XIII: “Protagonizó grandes avances culturales, como la apertura del Archivo Vaticano a los estudiosos de todo el mundo y la ampliación del acceso al a biblioteca hasta transformar un depósito de armas en un espacio de consulta, conocida como Sala Leonina”. Para el Papa, “con este estilo, la Biblioteca Apostólica da testimonio de la antigua y nueva apertura cultural de la Iglesia”.
El Papa recordó el amplio catálogo de la Biblioteca Vaticana: “ No se limita a la teología, sus colecciones abarcan literatura en diversas formas, filosofía, astronomía, física, matemáticas, historia, geografía, derecho, arte, economía, medicina e incluso botánica y zoología”.
Quién fue la madre del Papa
Mildred Martínez, fue la madre de sangre española que crió al Papa León XIV entre libros, cantos y fe. Al Papa eso lo marcó para siempre.
“Millie”, como la conocían, nació en Chicago el 30 de diciembre de 1911. Era hija de Joseph Martínez, dominicano, y de Louise Baquié (de ascendencia española con raíces en Nueva Orleans. Estudió en la Universidad De Paul a los 34 años, donde se graduó en Biblioteconomía en 1947 y posteriormente realizó una maestría en Educación. Por eso su hijo, León XIV, la recordó en la Biblioteca Vaticana.
Se casó en 1949 con Louis Marius Prevost (hijo de inmigrantes franceses) y vivieron en el suburbio de Dolton, al sur de Chicago. El hogar estaba lleno de fe católica, hospitalidad y cultura. Tuvieron tres hijos: Louis Martin, John J. y Robert Francis. Recuerdan que eran constantes las visitas de sacerdotes al hogar familiar. “Se sentían atraídos por los irresistibles platos que preparaba su madre, Mildred Martínez”
Iba siempre a misa, cantaba en el coro, limpiaba los altares en la iglesia, la sacristía. Participaba hasta en la recaudación de fondos. Sin dudas, el futuro papa creció en la iglesia rodeado de hábitos. Su vocación fue firme desde el inicio. A los 14 años eligió el seminario directamente en vez del Instituto Agustino Mendel, donde estudiaron sus hermanos y trabajaba su madre. “Millie” le dio el envión que necesitaba al advertir su vocación: apoyo total.
La madre del Papa a los 34 años ingresó a la Universidad De Paul, donde se licenció en Bibliotecología en 1947. Más tarde, hizo la Maestría en Educación. Ella también tenía vocación por el conocimiento y el servicio, fue bibliotecaria en varias instituciones en Chicago (Holy Name Cathedral School, Von Steuben High School y Mendel Catholic High School).
Junto a su esposo, Louis M. Prevost, fundó y se puso al frente de la primera biblioteca de la parroquia St. Mary of the Assumption (Santa María de la Asunción), en Dolton, al sur de Chicago. Allí no solo gestionó los libros, sino que se convirtió en una figura destacada de la sociedad.
Robert, fortaleció su vocación sacerdotal. Fue misionero en Perú, obispo, cardenal. El 8 de mayo de 2925 fue elegido Papa.
Mildred murió en 1990. No pudo ver el ascenso de su hijo.
León XIV, con el sencillo recuerdo de su nombre y profesión que hizo el día de su cumpleaños, ratificó dónde comenzó su fe y quien fue la responsable.
Antes de dejar la Biblioteca Vaticana, “Robert”, “León XIV”, “el Papa”, despidió a “Millie”, a “mamá”, con una frase inolvidable: “Simplemente quisiera decir que Dios, en su Providencia, siempre nos recuerda que está con nosotros”.
Leé más notas de Hugo Ferrer
Compartir esta noticia

