Este miércoles, el gobierno de Brasil dio a conocer un nuevo récord de 1.910 muertes por coronavirus en un día. La cifra elevó a 260.000 las víctimas fatales en el país que conduce Jair Bolsonaro.

 

Como consecuencia, hubo cacerolazos, bocinazos y ruidazos convocados por las redes sociales tuvieron lugar en Brasilia, San Pablo, Río de Janeiro, Salvador, Pernambuco, Porto Alegre y Fortaleza.

Luego de las protestas, el gobierno brasileño se comprometió a comprar 138 millones de vacunas de Pfizer y Janssen, mientras gran parte del país está en cuarentena severa por el colapso del sistema hospitalario.

 

La situación del país coincide también con la divulgación de la caída del 4,1 por ciento de su PBI, el mayor de la historia y el retroceso en el ranking de la calificadora Austing Ratings, que informó que Brasil salió de las 10 primeras economías del mundo para ocupar el duodécimo lugar.

 

 

Vivimos uno de los peores momentos de nuestra historia“, dijo Tasso Jereissati, influyente político de centro derecha e integrante de un grupo de senadores que pide se abra una investigación sobre la gestión de la pandemia del presidente Bolsonaro.

 

Por su parte, Renato Casagrande, gobernador del estado Espírito Santo, definió: “Hemos perdido la guerra… es como si hubiera caído una bomba atómica sobre Brasil”, dijo.

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