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España se suma a países como Japón y Reino Unido en la decisión de abordar la soledad no deseada como un desafío de estado. El Consejo de Ministros aprobó en febrero de 2026 el Marco Estratégico Estatal de Soledades 2026-2030, una estrategia pionera en el país que establece, por primera vez, un marco común para prevenir y abordar las distintas formas de soledad a lo largo de todo el ciclo vital. La iniciativa, presentada por Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, sitúa la pertenencia y los vínculos sociales en el centro del estado del bienestar y supone un cambio de paradigma en el modo en que las políticas públicas españolas entienden la conexión social.
Los datos que impulsan esta decisión son contundentes. Según el Barómetro del Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada, elaborado por Fundación ONCE y Fundación AXA en 2024, el 20% de la población española experimenta soledad no deseada. Y en la mayoría de los casos no se trata de una situación puntual: dos tercios de ese porcentaje lleva sintiéndose solo más de dos años, lo que evidencia el carácter crónico del fenómeno. La dimensión económica agrava el cuadro de manera significativa. Casi la mitad de las personas que llegan a fin de mes con mucha dificultad —el 47,4%— experimenta soledad no deseada, frente a solo el 10,9% de quienes lo hacen con facilidad. La falta de recursos limita la participación en actividades sociales, reduce la movilidad y dificulta el sostenimiento de vínculos. “Abordar la soledad es una cuestión democrática”, subrayó el ministro Bustinduy durante la presentación del Marco, dejando claro que la respuesta no puede reducirse al ámbito privado ni a la voluntad individual.
De problema invisible a desafío estructural
El Marco parte de una premisa que redefine el enfoque tradicional: la soledad no es un problema individual, sino una realidad atravesada por factores sociales, territoriales y relacionales que requieren respuestas públicas ambiciosas y sostenidas en el tiempo. La estrategia incorpora de forma explícita la dimensión relacional, históricamente relegada en el diseño de políticas públicas, y apuesta por actuar sobre las condiciones que generan, agravan o cronifican las soledades. Como señaló el propio ministro: “El problema no es la soledad, sino que es algo que no siempre se puede elegir. Tenemos que garantizar que haya una comunidad a la que acudir cuando se busque compañía”.
El 20% de la población española experimenta soledad no deseada.
Uno de los avances más relevantes del documento es la incorporación del enfoque de curso vital, que analiza cómo la soledad impacta en las distintas etapas de la vida. Los datos recogidos en el Marco revelan que en España la soledad sigue un patrón en forma de U: alcanza cifras especialmente elevadas en la juventud —afectando al 34,6% de las personas entre 18 y 24 años—, desciende en la edad adulta y vuelve a aumentar en la vejez. Este dato desmonta el estereotipo que asocia la soledad exclusivamente a las personas mayores y obliga a ampliar el foco hacia colectivos que hasta ahora permanecían invisibles en este debate. “Este enfoque permite identificar momentos críticos en la infancia y la adolescencia donde el riesgo de aislamiento se intensifica, y donde la intervención pública puede marcar la diferencia”, señala Ricardo Ibarra, director de la Plataforma de Infancia, entidad que participó en el Consejo Asesor encargado de revisar los contenidos del documento.
El Marco reconoce además que existen contextos donde la soledad puede volverse estructural. Las niñas, niños y adolescentes que viven en centros residenciales o que han pasado por el sistema de protección afrontan mayores riesgos de aislamiento y ruptura de vínculos. Las transiciones a la vida adulta de jóvenes extutelados son especialmente vulnerables si no existen recursos de acompañamiento adecuados. Para responder a esas situaciones, la estrategia contempla programas específicos como los Itinerarios de Emancipación de Éxito (IMEX), orientados a garantizar que esa transición no se produzca en soledad.
La dimensión económica agrava el cuadro: el 47,4% que llegan a fin de mes con mucha dificultad experimenta soledad no deseada, frente a sólo el 10,9% de quienes lo hacen con facilidad.
El marco institucional
La estrategia se articula en torno a cuatro grandes ejes de acción. El primero es la transversalidad de las soledades en las políticas públicas, integrando esta perspectiva en ámbitos tan diversos como la vivienda, la educación, la salud o el urbanismo. El segundo es el tejido social y el desarrollo comunitario, con medidas orientadas a impulsar entornos de proximidad, iniciativas intergeneracionales y modelos de convivencia colaborativa. El tercero abarca la detección, el acompañamiento relacional y los apoyos de proximidad, con criterios comunes para identificar situaciones de soledad desde los sistemas sanitario, educativo y de servicios sociales. El cuarto eje es el de concienciación social, conocimiento e innovación, orientado a reducir el estigma asociado a la soledad y a transformar la narrativa pública sobre el fenómeno.
Para garantizar la implementación efectiva del Marco, el Consejo de Ministros aprobó también la creación de una Mesa Interinstitucional de Soledades, un órgano colegiado presidido por la Secretaría de Estado de Derechos Sociales, con representantes de doce ministerios y diez miembros de la sociedad civil. La elaboración del documento implicó un amplio proceso participativo en el que intervinieron once ministerios, comunidades autónomas, entidades locales, organizaciones del tercer sector, entidades académicas y personas con experiencia directa en situaciones de soledad. El Marco incorpora además un sistema de seguimiento y evaluación que permitirá medir su desarrollo y ajustar las medidas a las realidades cambiantes a lo largo del periodo 2026-2030.
“Desde la Plataforma de Infancia valoramos la aprobación de este Marco como un paso relevante para garantizar que ninguna niña o niño crezca sin vínculos significativos ni redes de apoyo. La soledad no deseada es una cuestión de equidad y de derechos, y requiere una respuesta pública ambiciosa, coordinada y sostenida en el tiempo”, concluye Ibarra. Una respuesta que, con este Marco, España empieza a construir de manera formal, estructural y, por primera vez, desde el más alto nivel del estado.
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