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En una jornada que marca un punto de no retorno en el conflicto regional, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) anunciaron el inicio de una segunda y más intensa ola de bombardeos coordinados contra blancos estratégicos en Irán.
Esta etapa amplía el alcance de la ofensiva y apunta, principalmente, a los sistemas de misiles balísticos y a la estructura de defensa aérea de la República Islámica. En paralelo, se registraron fuertes detonaciones en distintos sectores de Teherán.
La situación adquirió además una dimensión personal y simbólica de máxima sensibilidad. De acuerdo con reportes difundidos por medios estatales iraníes y agencias internacionales, los ataques conjuntos ejecutados por fuerzas de Estados Unidos e Israel causaron la muerte de la hija y el nieto del Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei.
El hecho, que todavía sacude a las principales cancillerías, constituye el golpe más directo contra el entorno íntimo del liderazgo clerical iraní en décadas. Analistas en seguridad internacional advierten que el episodio podría detonar una reacción de alcances imprevisibles desde Teherán.
En Washington, distintas fuentes sostienen que el operativo no responde a una acción puntual, sino al arranque de una campaña sostenida. Un alto funcionario estadounidense señaló a Reuters que la ofensiva se prolongará durante varios días con el objetivo de neutralizar por completo la capacidad ofensiva iraní.
El presidente Donald Trump utilizó sus redes sociales para fijar la posición oficial de la Casa Blanca con un tono inusual. El mandatario sostuvo que los bombardeos “continuarán ininterrumpidamente durante toda la semana o mientras sea necesario”.
Según expresó Trump, la meta de la operación es alcanzar la “Paz en Oriente Medio y, de hecho, en el mundo”, en línea con la estrategia de intervención directa que define su actual gestión.
En Teherán, el temor se extendió entre distintos sectores de la población, al tiempo que el sistema antiaéreo intentó interceptar, con resultados acotados, los proyectiles de última generación empleados por las fuerzas aliadas. La caída de las comunicaciones y el cierre del espacio aéreo en buena parte de la región profundizaron la falta de información, bajo estrictas restricciones de seguridad.
La comunidad internacional sigue con preocupación el avance del conflicto. El precio del crudo mostró una volatilidad marcada y las Naciones Unidas convocaron a una reunión urgente que, por ahora, no logra incidir sobre el terreno frente a la firmeza de la coalición encabezada por Washington y Jerusalén.
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