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En un contexto económico donde el bolsillo de los argentinos no da tregua y los locales comerciales en el centro de Río Gallegos bajan sus persianas día a día, surge una iniciativa que busca dar vuelta la taba.

La empresa estatal Santa Cruz Puede (SAU) dio un paso fundamental para cambiar la matriz productiva de la provincia, concretando la apertura de su primera boca de expendio de productos marinos con valor agregado en origen. Se trata de una apuesta que busca fortalecer la economía regional y también saldar una deuda histórica: que los santacruceños puedan consumir, a precios accesibles, los recursos que se extraen de sus propias costas.
Gustavo Sivorí, presidente de la entidad, explicó en una extensa charla con LU12 AM680 que este hito es el resultado de un arduo trabajo en la planta de procesamiento de Puerto San Julián.

Con una mirada puesta en la mesa de los vecinos, Sivorí destacó que la intención es llevar un producto “hecho con materia prima de Santa Cruz, procesado por gente de Santa Cruz y para Santa Cruz“. A diferencia del modelo extractivo tradicional, esta gestión apuesta por no primarizar la industria, evitando que el recurso se exporte sin dejar beneficio directo en la provincia.

Según Sivorí, “nosotros no estamos exportando, sino que todo lo producido de la planta, nuestra idea es abastecer al comercio local. Esto no es para competir con nadie, sino al revés. Nosotros queremos asociar entregarle nuestros productos a nuestros comerciantes para que ellos lo comercialicen”.

Para facilitar este proceso en un momento de crisis, la empresa provee la logística, el transporte y hasta los exhibidores propios. “Nosotros no vinimos por orientación del gobernador a competir con el comercio a ponerle al lado una pescadería a los dueños de la pescadería. Eso no lo vamos a hacer“, aseguró el funcionario para llevar tranquilidad a un sector que atraviesa momentos de incertidumbre.
Uno de los puntos más atractivos de esta propuesta es el impacto en el presupuesto familiar.

Los medallones de merluza en las góndolas de Río Gallegos. FOTO: GOBIERNO

Sivorí subrayó que los productos, que incluyen medallones de merluza, de trucha y filete, presentan una ventaja competitiva arrolladora. “Estamos hablando del 40% casi menos de lo que vale en una góndola de un supermercado. Eso es muy importante”, afirmó, destacando además que se trata de alimentos 100% naturales, sin aditivos ni conservantes.

Sivorí reflexionó sobre nuestros hábitos de consumo: “Es cierto que nosotros los argentinos compramos por precio… toda mi vida viví en crisis y siempre elegí por el precio. Pero el día que nosotros decidamos dar vuelta el paquete y mirar el valor nutricional… nos vamos a dar cuenta que estamos comiendo mal“.
La paradoja de vivir frente al mar y consumir pescado que viene desde Mar del Plata es un tema que la gestión de Claudio Vidal busca erradicar, indicó Sivorí y lamentó que, históricamente, ni siquiera en los menúes escolares o de instituciones públicas se incluyeran proteínas locales como el pescado o el guanaco. “Ya nosotros mismos nos pegamos un tiro en el pie. Lo poco que comercializamos, comemos, compramos viene de Mar del Plata. Pero che, si lo pescamos acá enfrente”, cuestionó con énfasis. Esta nueva etapa busca romper ese círculo vicioso, extendiendo la oferta a futuro con medallones de róbalo y pejerrey, aprovechando la riqueza de los lagos y costas santacruceñas.

Algunos de los productos que ya se comercializan. FOTO: GOBIERNO

La empresa avanza con paso firme en el desarrollo agroindustrial, gestionando el matadero de Gobernador Gregores para poner en valor la carne de guanaco, un recurso abundante que suele ser visto más como un problema vial que como una oportunidad nutricional. “Es baratísimo el guanaco y es buenísimo y nosotros lo tenemos en la provincia y nosotros lo procesamos“, señaló Sivorí, comparando la accesibilidad que buscan lograr con los precios prohibitivos que pagan los turistas en El Calafate por el mismo producto. Además, la empresa ya está incursionando en la producción de huevos para dejar de depender de lo que llega desde Mendoza y en la cosecha de cereales en El Calafate para alimentar al ganado local, cerrando así un ciclo productivo que busca abaratar costos en toda la cadena.

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