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Un operativo de alto riesgo movilizó durante el fin de semana a fuerzas de seguridad y equipos de emergencia en la localidad de Los Antiguos, donde un joven efectivo policial atravesaba una crisis severa y fue rescatado a tiempo en una zona pantanosa cercana al Lago Buenos Aires. La intervención, que demandó horas de tensión y negociación, evitó un desenlace trágico y derivó en una medida judicial que hoy marca el eje del caso: su internación involuntaria en un centro de salud mental de Río Gallegos.

Tal como lo informó La Opinión Austral, el episodio se inició cuando en la Comisaría local se detectaron señales de alarma vinculadas al estado emocional del agente, de poco más de 20 años, quien se había incorporado a la dependencia a comienzos de año y se había trasladado desde la capital provincial para prestar servicio en el extremo norte santacruceño. Un mensaje dejado por el joven encendió las alertas y activó de inmediato el protocolo para personas en situación de crisis, un mecanismo que contempla desde la búsqueda urgente hasta la intervención de personal capacitado en negociación.

La localización no fue sencilla. Tras un trabajo de rastreo en una zona de terrenos anegados, se logró ubicar al efectivo en un sector de difícil acceso, con el agua a la altura de la cintura y portando su arma reglamentaria. Previamente, durante la búsqueda, se había hallado su teléfono celular, un indicio clave para delimitar el área. Se estableció un perímetro de seguridad y comenzó un diálogo que se extendió durante aproximadamente tres horas. Dos uniformados lograron entablar un vínculo de confianza, condición que el propio joven había solicitado, y finalmente consiguieron desarmarlo y ponerlo a resguardo sin que sufriera lesiones.

En el operativo trabajaron de manera conjunta personal de la dependencia local, Criminalística, efectivos que incluso se encontraban de licencia, y se sumaron recursos de Gendarmería Nacional, Prefectura Naval y dotaciones de Bomberos. La escena, en un entorno natural tan imponente como riesgoso, contrastaba con la fragilidad de la situación humana que se desarrollaba allí.

Tras la contención inicial, el efectivo fue trasladado al hospital de la zona para su evaluación médica. Allí comenzó otra etapa, menos visible pero igualmente determinante. Con el correr de las horas y ya en la capital provincial, se dispuso una medida judicial de internación involuntaria, una herramienta prevista para resguardar la integridad de personas que atraviesan cuadros críticos y requieren abordaje especializado inmediato.

Según pudo saber este diario, durante la madrugada de este lunes se articularon las comunicaciones entre el ámbito judicial, autoridades policiales y áreas de sanidad. Desde el Hospital Regional de Río Gallegos, donde se completaban estudios médicos, se coordinó el acompañamiento del joven hacia el Centro de Salud Mental de la ciudad, en un móvil sanitario y bajo supervisión profesional. Allí quedó alojado en un sector destinado a personas judicializadas, con custodia y seguimiento, y con la participación del área de bienestar de la fuerza, que también tomó intervención. En el lugar se encontraba además un familiar directo, también integrante de la institución, lo que refuerza el carácter humano y cercano que rodea el caso.

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