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Un operativo de rutina en el paso fronterizo Monte Aymond, uno de los cruces más transitados entre Santa Cruz y la Región de Magallanes, terminó revelando un caso que generó fuerte repercusión en ambos lados de la frontera patagónica. Una mujer argentina que había salido desde Río Gallegos fue descubierta cuando intentaba ingresar a Chile transportando dos pieles de puma ocultas dentro de su vehículo.

De acuerdo a la información a la que tuvo acceso La Opinión Austral, a través de fuentes consultadas y lo consignado por medios trasandinos, se pudo establecer que el procedimiento fue llevado adelante por funcionarios de la Dirección Regional de Aduanas de Punta Arenas, quienes realizaban controles preventivos sobre los vehículos que cruzaban hacia territorio chileno. Según trascendió, la mujer viajaba a bordo de una camioneta y, al momento de ser consultada por los inspectores sobre si trasladaba productos o elementos para declarar, aseguró que no llevaba nada fuera de lo habitual.

Esa respuesta quedó asentada tanto verbalmente como en la Declaración Jurada Aduana-SAG, documento obligatorio que deben completar todas las personas que ingresan a Chile. Sin embargo, durante la inspección física del rodado, los agentes detectaron una bolsa plástica sospechosa en el interior del vehículo.

Fue allí donde apareció el hallazgo que cambió por completo el tenor del control fronterizo: dentro de la bolsa había dos pieles curtidas de puma, especie protegida por la legislación chilena y alcanzada además por normas internacionales de preservación de fauna silvestre.

De acuerdo a la información difundida por las autoridades aduaneras chilenas, la propia conductora reconoció que las pieles pertenecían a ejemplares de puma. El descubrimiento motivó el inmediato decomiso de los elementos y la apertura de actuaciones por contrabando, en el marco del Artículo 168 de la Ordenanza de Aduanas de Chile.

El caso no pasó desapercibido debido a que el paso Monte Aymond es una de las principales vías de conexión terrestre entre Río Gallegos y Punta Arenas, utilizada diariamente por turistas, trabajadores y transportistas. En ese contexto, el intento de cruzar con restos de fauna protegida encendió nuevamente el debate sobre el tráfico ilegal de especies y los controles en la región patagónica.

Desde la Aduana de Punta Arenas, el director regional Reinhold Andronoff explicó que, más allá de las diferencias normativas que puedan existir entre ambos países respecto de la caza deportiva o el control poblacional de pumas, la legislación chilena es estricta en materia de protección animal.

“Si bien en algunas zonas de Argentina se permite la caza deportiva o control sobre estos animales, en Chile nuestra normativa es tajante y el puma es una especie protegida”, señaló el funcionario. Además, recordó que el país vecino adhiere a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), tratado internacional que regula el traslado y comercialización de especies protegidas.

En ese sentido, Andronoff remarcó que Aduanas cumple un rol clave en la prevención de delitos vinculados al tráfico de fauna. “Nosotros, como Aduanas, dentro de nuestros múltiples roles, somos uno de los servicios llamados a proteger este tipo de animales”, sostuvo.

El puma figura en el Apéndice II de CITES, categoría que incluye especies que, si bien no necesariamente están en peligro de extinción inmediata, podrían verse amenazadas si no se controla estrictamente su comercialización y circulación internacional.

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