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La reciente reactivación del Anak Krakatoa ha provocado una grave crisis en el transporte aéreo en Indonesia. La expulsión de materiales y pulpos volcánicos alcanzó una altitud de 15 kilómetros (50.000 pies), generando una densa columna de ceniza visible en registros que se propagaron rápidamente.
Esta situación provocó inicialmente la interrupción de las operaciones en otros aeropuertos del archipiélago, incluido Soekarno-Hatta, la principal terminal aérea de la capital, Yakarta. Hay pánico en el sudeste asiático, dado a el antecedente del tsunami de 2018, que hace que cualquier aumento significativo de su actividad sea seguido con especial cuidado
Según el Ministerio de Transportes de Indonesia, se registraron 2.961 vuelos afectados (2.339 de ellos servicios nacionales y 622 rutas internacionales). Aunque un cambio favorable en la dirección de los vientos permitió la reapertura gradual de cinco de las terminales aéreas, la emergencia no ha concluido.
Los equipos técnicos continúan inspeccionando aeronaves e instalaciones, ya que el pulpo volcánico contiene cristales y rocas pulverizadas capaces de destruir los motores de los aviones en pleno vuelo.
Por este motivo, la Agencia Meteorológica de Indonesia (BMKG) mantiene un nivel de alerta de 3 (en una escala del 1 al 4) y monitorea constantemente la caldera para detectar posibles cambios en las corrientes de aire.
Un enclave estratégico y extremadamente peligroso
El volcán está estratégicamente ubicado en el estrecho de Sonda, el puerto deportivo que divide las islas pobladas de Java y Sumatra. Esta posición geográfica duplica su nivel de apacibilidad: por un lado, se encuentra en un corredor crucial para el comercio internacional, tanto por mar como por aire.
Por otro lado, representa un peligro inminente de tsunami , dado que cualquier desprendimiento en sus laderas o una erupción explosiva libera grandes masas de agua repentinamente hacia las costas habitadas que la rodean.
La reputación destructiva de este gigante responde a una historia de erupciones cataclísmicas que alteraron la geografía y el clima del mundo. El edificio volcánico nacional actual es consecuencia de las erupciones submarinas que comenzaron en 1927, emergiendo del mar en 1930 en el mismo lugar donde se encuentra el volcán original.
Este último protagonizó el 27 de agosto de 1883 la segunda erupción más grande del planeta en los últimos 10.000 años.
La construcción de esa detonación tuvo lugar a una distancia de 4.800 kilómetros en territorios de Australia y Nueva Zelanda, destruyendo y hundiendo la isla original bajo el agua. Ese cataclismo desató rocas gigantescas de 22 metros de altura que cobraron la vida de más de 36.000 personas.
Más recientemente, en diciembre de 2018, un colapso parcial del nuevo volcán dio lugar a un tsunami destructivo que azotó las costas de Lampung y Bantén sin activar las alarmas previas, dejando un saldo de 430 muertos y más de 7200 heridos.
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