Your browser doesn’t support HTML5 audio

La inflación en la Patagonia registró una desaceleración en abril al ubicarse en un 2,6%, acumulando de este modo un 12,3% en los primeros cuatro meses de 2026,. Así lo detalló el contador y docente de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), César Herrera, en diálogo con LU12 AM680. El dato coincide con el último dato estadístico del INDEC.

El especialista explicó que el cierre del mes de abril confirmó este menor ritmo de incrementos, aunque advirtió que al evaluar la dinámica interna de las góndolas “muchos precios se mantuvieron constantes; los que aumentaron, aumentaron mucho”.

Entre los principales impulsores de estos incrementos puntuales identificó a “las harinas y sus derivados u otros que realmente tiene mucho que ver con el incremento de las naftas y de todo lo que sucede en el aspecto internacional, los fertilizantes asociados que han aumentado en Argentina un 14%”.

César Herrera, director del Observatorio de Economía de la UNPSJB.

A diferencia del Área Metropolitana de Buenos Aires, donde las consultoras privadas reportaron una baja a finales de abril, el registro patagónico mostró otra velocidad. “Para nuestra medición patagónica los precios habían acelerado mucho. Los precios en estas últimas dos semanas del mes pasado desaceleraron en Buenos Aires; para nosotros aceleraron un poquito más”, diferenció Herrera. Sin embargo, aclaró que la tendencia cambió recientemente: “Desaceleraron ahora porque ya tenemos la medición de ayer. Se van cayendo los precios ahora, se van van desacelerando“.

Para graficar la situación comercial mediante el sistema de monitoreo que coordina, el docente precisó el comportamiento de las góndolas en base a un muestreo informático. “Eso qué me indica, que de 1.500 artículos, 350 aumentaron de precio. Otros 150 bajaron con ofertas y 1.000 se mantuvieron. Pero en líneas generales eso nos dio una canasta con el 2,5%”, detalló.

Llenar el “changuito”, una odisea en la Patagonia.

Este escenario de menor ritmo de subas ya había sido anticipado por el observatorio a principios de mayo bajo el término de “desinflación“, un concepto que “había llamado mucho la atención acá en la zona, entonces nos llamaban mucho por decir cómo pueden decir eso”.

Sin embargo, el profesional aclaró que la concentración del mercado y las remarcaciones abruptas en firmas líderes distorsionan la percepción del consumidor. Al respecto, ejemplificó con el caso de un grupo alimenticio concentrado: “Establecimiento líder de producción de yerba mate tiene el 55% del mercado. En la primera semana del mes de abril, una de sus marcas aumentó el 63%“.

A esta suba se sumó “una manteca que aumentó un 50%“. Estas distorsiones provocan que la estadística choque con la experiencia en el supermercado. “Si eso consumís vos, decís: ‘Totalmente desacertado el 2,6%, eso es mentira'”, graficó el contador, señalando que los compradores se ven obligados a migrar hacia segundas marcas al no poder convalidar las subas.

Región

En cuanto a los costos consolidados en la región, Herrera estimó que la canasta básica de alimentos para una familia tipo de cuatro integrantes se ubica actualmente entre los 500 y los 600.000 pesos, “más acercándose los alimentos a 600.000 pesos”. El indicador se compone en un 35% por el rubro de carnes y derivados, seguido por harinas, fideos y arroz con un 24%, frutas y verduras con un 20% y el segmento de lácteos.

El docente especificó que estos cuatro grupos concentran el 90% del gasto del hogar, mientras que el 10% restante corresponde a productos complementarios. Al proyectar la Canasta Básica Total en base a los criterios del INDEC, el costo de vida global para no ser pobre en la región se eleva sensiblemente. “Lleva arriba de 1.800, casi llegando ya a 1.900, las distintas canastas básicas totales”, especificó para un esquema de dos adultos y dos niños.

Esta realidad económica impactó de manera directa en los hábitos de compra, configurando una retracción real del consumo que obedece tanto a la incertidumbre laboral como a un fenómeno generalizado de endeudamiento familiar. “Muchas familias no pueden pagar la tarjeta, pagan el mínimo, eso lleva a un endeudamiento. Hay ahí una restricción al ingreso que yo tengo disponible para poder consumir”, sentenció Herrera, añadiendo que la tasa de impago “ya supera el 11% en algunas categorías, fundamentalmente en tarjetas de crédito”.

A esto se suma el fácil acceso a créditos a través de billeteras virtuales y aplicaciones financieras con tasas de interés exorbitantes. “Ya tienen una mora del 20% en el sentido que tienen tasas exorbitantes pero es de fácil acceso”, advirtió el investigador. Detalló que ante la falta de recursos “se da una particularidad de este tiempo: entre 16 y 24 años se da una cantidad de personas que no tienen trabajo formal y que ya están endeudadas y muchos de ellos en el Veraz”.

Herrera diferenció esta situación del discurso oficial del Gobierno nacional al remarcar que, si bien el consumo general subió por variables específicas de un sector de ingresos altos, la realidad en las góndolas es opuesta. “El consumo subió en base a viajes al exterior de un grupo de argentinos. Pero el consumo en los supermercados de otro grupo grande de argentinos, ponele el 80% según la distribución del ingreso de nuestro país, ese consumo está bajando”, contrastó.

Como consecuencia, el comprador “primero dejó las carnes que habían aumentado mucho, después va más hacia las harinas, dejó los gustitos. Hay una retracción real en el consumo, consumimos menos alimentos”. Este cambio de conducta también modificó la modalidad de abastecimiento, migrando de la compra mensual a la diaria debido a la falta de proyección.

El más caro

Finalmente, el economista analizó la paradoja que mantiene a Santa Cruz con el changuito más caro del país, vinculándolo de forma directa al impacto de los salarios de la actividad hidrocarburífera. “Tenemos un resabio de que todavía los precios no van hacia la baja. El resabio es que hay una fuerte incidencia de la actividad de hidrocarburos con sueldos muy altos”, argumentó.

El especialista graficó la asimetría señalando que se trata de ingresos que están “orillando los 6 millones de pesos promedio”, un escenario que “contrasta con un docente privado por debajo de la línea de pobreza”. Por este motivo, “esos precios fijados ‘a lo petrolero’ todavía resisten a bajar, pero ya están bajando”.

Aunque indicadores fijos como el valor del metro cuadrado de construcción y el consumo eléctrico ya comenzaron a disminuir, los precios locales se rigen por la rutina comercial de calcular “costos más un margen de beneficio”. Este margen se reduce únicamente ante la falta total de ventas, pero choca con la presión de los alquileres e impuestos.

Como contracara de esta crisis comercial, Herrera reveló que la estadística fría de los primeros tres meses del año muestra llamativamente más altas que bajas en los registros de comercios. Esta aparente contradicción responde a un cambio estructural muy potente en la región, donde “muchos están dejando el lugar físico y pasan a vender a menor valor en su casa, en un showroom, como la ropa”, adaptando sus estructuras de costos a la caída global del poder adquisitivo.

Leé más notas de La Opinión Austral