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Claudio Villamide, excomandante de la Fuerza de Submarinos, es uno de los cuatro imputados en el juicio por el hundimiento del ARA San Juan, en el 2017. Hoy serán sentenciados por los cargos que se les atribuyen, con penas que van desde los dos a cinco años.
El excomandante Villamide no se extendió en argumentos procesales. Fue directo desde la primera frase: “Soy inocente”. Descartó volver sobre lo que ya había sido debatido durante el juicio y eligió, en cambio, reafirmar la misma postura que sostuvo desde el inicio.
“No voy a referirme -que ya se ha hablado cuantiosamente sobre lo acontecido-, sobre las responsabilidades, sobre la injerencia de la política. Simplemente voy a decir, tal cual el día que me senté en mi declaración indagatoria, que soy inocente”.
Y fue más allá: “Al día de hoy no entiendo claramente por qué me han acusado por el naufragio del submarino. No me han podido indicar taxativamente qué es lo que hice mal y cuál fue el incumplimiento a mis deberes que ocasionó la pérdida del control del buque, su ida a pique y su naufragio”.
Para el comandante, la respuesta a esa pregunta está en su trayectoria: ingresó a la Armada a los 19 años, se formó y se desempeñó cumpliendo los reglamentos y procedimientos de la institución. Eso, dijo, era precisamente lo que tornaba incomprensible su situación: “Por esa razón, es lo que les digo que no entiendo claramente por qué estoy aquí”.
“La Fiscalía nunca me indicó claramente la acusación. Leí más de una vez el requerimiento de elevación a juicio y no lo podía entender técnicamente. Al día de hoy no sabemos por qué se fue el buque, pero sin embargo nos acusan”, mencionó y volvió a insistir en que “Es un juicio a la Armada”.
“De alguna manera, aunque se ha dicho que no, esto es un juicio a la Armada. Porque nosotros nos han preparado y cumplimos procedimientos. Y lo mismo fue en ese momento. Más aún, más nos apegamos a ellos, porque nos indicaban lo que específicamente debíamos hacer. Y así lo hicimos. Aquí se está cuestionando a los reglamentos y a la Armada misma. Es un ataque directo al ejercicio del comando en el mar”.
Asimismo, recurrió a una reflexión más amplia para contextualizar lo que implica vestir el uniforme. “Nuestra profesión ha sido siempre riesgosa y todos nosotros cuando ingresamos a la Armada así lo aceptamos. Siempre lo supimos y siempre convivimos con eso. Siempre supimos que íbamos a estar ausentes en momentos importantes para nuestras familias y así lo aceptamos. Es parte de este trabajo.”
También se refirió a las consecuencias que tuvo posteriormente a la tragedia: “Este proceso de 8 años y medio, en particular para mí, tuvo un impacto altísimo. No solo por mi destitución, la pérdida de mi grado, de mi derecho, de mi estado militar, de mi derecho a usar el uniforme —que ni siquiera me lo pude poner en el casamiento de mi hija—, la pérdida del derecho a mi haber luego de 38 años de servicio, la asignación de una pensión a mi mujer del 75% de mi haber teniendo un hijo en edad escolar, la pérdida de mi obra social en el medio de la pandemia cuando me encontraba bajo atención médica”.
“Sin hablar de la afectación a mi imagen, a mi prestigio, por la condena social que se recibió. Porque ustedes saben que se habló de todo, pero por primera vez escucharon a los submarinistas acá”. El efecto se extendió a toda su familia. Su esposa, su hijo mayor y su hijo menor cargaron con las consecuencias del proceso.
Por otro lado, Villamide se dirigió también a los familiares de los tripulantes fallecidos, con quienes había tenido contacto en instancias previas del proceso. Reconoció la asimetría del dolor, pero también la autenticidad del propio: “A los familiares les he expresado las veces que tuve oportunidad —el 6 y 7 de diciembre del 2017, que participé en el parte diario y también en la comisión bicameral— mi más profundo dolor y pésame por la pérdida sufrida. Sé que no hay nada que pueda llenar el dolor ante la ausencia de sus seres queridos, nada que yo pueda decir”.
“Yo navegué con muchos de ellos. Compartí navegaciones, cumpleaños, ejercitaciones, trabajos. Yo conocía a la mayoría de los suboficiales y a más de la mitad de la plana mayor. ¿Cómo no vamos a tener dolor? Naturalmente es distinto, es cierto, no puedo estar en el lugar de ellos y no voy a sentir lo mismo, pero nosotros perdimos camaradas, compañeros de trabajo en un trabajo distinto a otros, donde realmente existe un vínculo cercano.”
Finalmente, Villamide cerró con una imagen que trasciende el juicio: “La tripulación del submarino ARA San Juan eran orgullosos por la tarea que hacían, por ser submarinistas. Ellos demostraron incansablemente el cariño que tenían por su buque y el trabajo permanente que realizaban por mantenerlo en la mejor condición posible, de alta idoneidad y calidad profesional. Mi absoluto reconocimiento a ellos. Mis submarinistas, los submarinistas argentinos, no eran personas o jóvenes con miedo a embarcar e irse a inmersión. Todo lo contrario. Siempre fueron orgullosos de lo que hacían. Siempre se mostraron entusiasmados con navegar y mucho más con la ida a Ushuaia”.
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