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Luego de nueve años de dolor, incertidumbre e indignación, este miércoles 8 de julio se dio inicio a la audiencia del juicio por el hundimiento del Ara San Juan. En cuestión de horas se dará a conocer el veredicto que definirá la responsabilidad penal de cuatro altos mandos de la Armada Argentina por una de las tragedias más dolorosas de la historia naval.
Antes de conocerse el veredicto, el tribunal le dio un espacio a los cuatro imputados para que den sus últimas palabras los cuatro imputados. Se trata de Claudio Villamide, excomandante de la Fuerza de Submarinos; Luis Enrique López Mazzeo, quien encabezaba el Comando de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada; Héctor Aníbal Alonso, exjefe del Estado Mayor de la Fuerza de Submarinos; y Hugo Correa, exjefe del área de Operaciones.
El primero en romper el silencio fue Correa, mientras que el segundo fue Alonso. Con voz pausada y una actitud que combinó la sobriedad propia de su formación militar con una evidente carga emocional, el exjefe tomó la palabra ante el Tribunal. Antes de ingresar al fondo de su declaración, quiso dejar sentado el tono con el que se había desenvuelto durante todo el proceso judicial:
“Señor Presidente, señores miembros del Tribunal, quiero agradecerles en primer lugar por el respeto con el que fui tratado durante todo este juicio. Ese trato me permitió ejercer plenamente mi derecho de defensa y explicar cada vez que fue necesario cuál fue realmente mi función y cuáles fueron mis responsabilidades“.
Alonso fue categórico al describir su relación con la verdad a lo largo del juicio. No apeló a tecnicismos ni a evasivas, sino a una declaración directa sobre su postura personal: “Durante todo el proceso dije siempre la verdad. No la verdad que pudiera favorecerme, sino la verdad de los hechos tal como los viví y de las responsabilidades que realmente tuve y cumplí”.
Y continuó: “Así fui educado por mis padres, una familia trabajadora de la provincia de Misiones, donde mi papá fue empleado del Estado y mi mamá ama de casa. Ellos me enseñaron que la palabra tiene valor, que uno debe responder por sus propios actos y que la honestidad no depende de las circunstancias”.
Fue en este punto donde el testimonio adquirió una dimensión más íntima. Alonso dejó a un lado, por un momento, al oficial para hablar desde otro lugar: “Aquí hoy estoy hablando como un padre, un esposo, un compañero, un camarada. La desaparición del ARA San Juan cambió mi vida y la de mi familia para siempre“.
Mientras el comandante de la Fuerza de Submarinos se trasladaba a Puerto Belgrano para encabezar las operaciones de búsqueda, Alonso quedó a cargo de una tarea para la que, según admitió, nadie estaba realmente preparado: “Me tocó permanecer en la base naval Mar del Plata y asumir una de las tareas más difíciles de toda mi carrera: acompañar a las familias y afrontar el momento de los partes de situación. No nos prepararon para eso. Fueron días de una intensidad imposible de describir. Durante los primeros 10 días no regresé a mi casa y viví en la base“.
En medio de ese momento, tuvo un acercamiento especial con su hijo menor y contó: “En medio de esos días, mi hijo, que en ese momento tenía 15 años, me llamó para preguntarme si podía ir a visitarme. Le dije que sí. Pasó la tarde conmigo en la oficina viendo el movimiento permanente, escuchó los partes que iban llegando y observó cómo muchos submarinistas se presentaban espontáneamente para ofrecerse a hacer lo que fuera necesario: embarcarse inmediatamente, colaborar con la búsqueda o simplemente acompañar a las familias“.
“Esa noche me acompañó al parte de las 20 horas. Yo estaba tan concentrado en lo que estaba sucediendo que por un momento me olvidé que él estaba ahí. Volví a mi oficina y al rato volvió a entrar y me dijo: ‘Papá, quiero ingresar a la Armada‘. Sorprendido, le pregunté por qué me decía eso precisamente en ese momento y en esas circunstancias. Y me respondió: ‘Porque quiero ir a buscar al San Juan‘. Me explicó que lo que había visto ese día —el espíritu de equipo, la camaradería y la solidaridad entre quienes integraban la fuerza— lo habían conmovido profundamente”. Ese hijo hoy es guardia marina y está realizando el curso para piloto de la aviación naval.
Una vez superada la etapa más aguda de la crisis en Mar del Plata, Alonso continuó cumpliendo funciones en el ámbito institucional. Integró una comisión de respuesta ante distintos poderes del Estado y luego tomó una decisión que describió como una obligación moral.
“Después de esos días, ya en el edificio Libertad, integré una comisión para responder preguntas a la comisión bicameral, al Senado, a la Justicia y a la Jefatura de Gabinete. Posteriormente, me embarqué en la búsqueda. Lo hice porque sentía que era mi obligación para con mis camaradas. Conocía profundamente a esa dotación. Muchos navegaron conmigo. Otros fueron alumnos míos durante los tres años que tuve el honor de conducir la Escuela de Submarinos y Buceo. No eran nombres escritos en un expediente; eran hombres con los que compartí años de trabajo, de navegación, de formación y de vida“.
Cuando el submarino fue finalmente hallado, su participación continuó. Estuvo presente en la confección del informe de identificación que fue comunicado a los familiares, y en la entrega de la información a la justicia. “Todo esto también forma parte de mi historia. Por eso nunca podría ser indiferente a lo ocurrido“.
Asimismo, se refirió al sufrimiento de quienes perdieron a sus seres queridos: “Comprendo profundamente el dolor de los que perdieron un ser querido. No puedo decir que sé exactamente lo que sienten, porque no puedo ponerme en el lugar de alguien que perdió un hijo, un padre, un hermano o un esposo. Pero sí puedo decir que esta tragedia también dejó una marca que voy a llevar conmigo el resto de mi vida“.
Por otro lado, uno de los ejes centrales de su declaración fue la distinción entre las responsabilidades que le correspondían según su función real y aquellas que, eventualmente, pudieran serle imputadas en exceso. “Nunca aspiré a otra cosa que servir y responder por mis propios actos. Durante el juicio expliqué cuáles fueron mis funciones y cuáles no lo fueron, no para eludir responsabilidades, sino porque sigo creyendo que la única manera de honrar la memoria de quienes no están es reconstruir los hechos con verdad y juzgar a cada persona por aquello que realmente hizo y por las responsabilidades que efectivamente le correspondían“.
Alonso concluyó su testimonio volviendo al punto de partida: “Elegí esta profesión cuando tenía 17 años. Si pudiera volver el tiempo atrás, volvería a elegir el mismo camino, porque sigo creyendo que servir a la Patria es un honor. Y hoy, después de tantos años, lo único que humildemente les pido es que cuando llegue el momento de decidir, me juzguen por mis propios actos, por las funciones que verdaderamente desempeñé de acuerdo a los reglamentos de la Armada, y por las responsabilidades que realmente tuve. Nada más. Muchas gracias”.
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