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A una semana del violento episodio que conmocionó a la comunidad universitaria de Río Gallegos, la Unidad Académica Río Gallegos (UARG) de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral retomó las actividades académicas en medio de un clima de incertidumbre, reclamos y fuerte impacto emocional entre estudiantes y docentes.

El martes 19 de mayo, José Fernando Águila, estudiante de primer año de la Licenciatura en Comunicación Social, fue brutalmente atacado con un arma blanca dentro del campus universitario por Pablo B., un trabajador no docente del área de mantenimiento de la institución.

El joven recibió varias puñaladas, una de ellas le provocó la perforación de un pulmón y debió ser intervenido quirúrgicamente de urgencia en el Hospital Regional Río Gallegos. Desde entonces permaneció internado bajo observación médica hasta mostrar una evolución favorable.

“Gracias a Dios, estamos más tranquilos respecto a la salud de nuestro hijo. Él continúa con su recuperación”, expresó su madre, Ángela Catelicán, en diálogo con La Opinión Austral.

Suspensión de clases y medidas de seguridad en la UNPA

Tras el ataque, las autoridades universitarias suspendieron las actividades académicas del martes y miércoles posteriores al hecho para permitir el trabajo de Criminalística y evitar interferencias en la investigación judicial.

También se suspendieron las clases del viernes y sábado luego de que trascendiera la liberación del agresor, situación que generó preocupación y temor dentro de la comunidad educativa.

En paralelo, desde la UARG comenzaron a implementar distintas medidas institucionales de contención y seguridad.

A través de un comunicado oficial, la universidad informó la creación de espacios de acompañamiento psicológico y reflexión destinados a estudiantes, docentes y trabajadores no docentes. El encuentro fue coordinado por la licenciada Florencia Navarro y, según adelantaron, continuarán realizándose nuevas convocatorias con diferentes profesionales.

Además, la universidad anunció la instalación de nuevas cámaras de seguridad en distintos sectores del campus y confirmó el cambio de cerraduras en espacios a los que tenía acceso el agresor.

Reclamos estudiantiles y denuncias de situaciones similares

El regreso a clases estuvo atravesado por asambleas estudiantiles y pedidos de mayor seguridad dentro de la universidad.

Durante los encuentros realizados en los últimos días, alumnos y docentes reclamaron respuestas institucionales y denunciaron que existían antecedentes de situaciones de acoso que habrían sido expuestas ante la Comisión de Género de la universidad sin obtener soluciones concretas.

La profesora Romina Behrens describió el fuerte impacto emocional que todavía atraviesa la comunidad educativa.

“Estudiantes y docentes no olvidan la sangre en el pasillo de la universidad, la que perdió J. mientras intentaba regresar al edificio hasta desplomarse debajo de la ventanilla de informática”, señaló y bregó por volver al campus “con el protocolo en la mano”.

Los pedidos de justicia y esclarecimiento del caso comenzaron inmediatamente después del ataque y continúan vigentes entre integrantes de la comunidad universitaria, que todavía intenta recuperarse de uno de los episodios de violencia más graves ocurridos dentro de la institución.

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