El centro de cualquier capital suele ser el epicentro de la vida social, el lugar donde las familias pasean un sábado a la tarde, donde los jóvenes se reúnen en las heladerías y donde el tránsito no da respiro. Sin embargo, en Río Gallegos, ese mismo bullicio urbano estaba siendo utilizado como la pantalla perfecta para un negocio oscuro que se movía en las sombras de la cotidianidad: el narcomenudeo.
Este sábado, en horas de la noche, un megaoperativo policial irrumpió en la emblemática intersección de Alcorta y Avenida San Martín, desarticulando un punto de venta de estupefacientes que operaba, literalmente, a la vista de todos.
La intervención no fue producto de la casualidad, sino el corolario de una paciente y compleja investigación judicial liderada por la División Narcocriminalidad de Río Gallegos. Durante un largo período, los sabuesos policiales realizaron tareas de campo y vigilancia encubierta, recolectando la evidencia necesaria para desnudar el modus operandi del morador de la vivienda apuntada.
Lo que los investigadores observaron en sus horas de guardia ratificó sus sospechas: el domicilio funcionaba como un verdadero “kiosco” de drogas, abasteciendo a una clientela rotativa mediante la clásica y rápida maniobra del “pasamanos”.
El escenario no podía ser más audaz. De acuerdo a la información a la que tuvo acceso La Opinión Austral, a través de fuentes consultadas, se pudo saber que los intercambios se producían a pasos de locales de comidas rápidas, gimnasios y de un local bailable. Los “clientes” llegaban a pie, en bicicleta o estacionaban sus vehículos por breves instantes.
Un saludo rápido, un intercambio furtivo de dinero por pequeños envoltorios y cada uno seguía su camino, diluyéndose entre los vecinos que caminaban por la avenida San Martín. Esta modalidad de narcomenudeo buscaba, precisamente, mimetizarse con el intenso flujo peatonal y vehicular de la zona céntrica para no levantar sospechas.
Con el cúmulo de pruebas sobre la mesa, y amparados en el mandato de la Ley de Seguridad Pública Provincial que exige garantizar la tranquilidad de los santacruceños, la Fiscalía a cargo de Pablo Mansilla solicitó avanzar con medidas de acción directa. Así, con el aval de Marcelo Vásquez, titular del Juzgado de Garantías local, se dio luz verde a los allanamientos.
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El sábado por la tarde, el factor sorpresa fue clave. El operativo fue encabezado por el Superintendente de Policía Judicial e Investigaciones y contó con el despliegue táctico de la División Fuerzas Especiales, bajo supervisión del Ministerio de Seguridad, quienes aseguraron el perímetro y el ingreso al inmueble. Una vez adentro, la requisa arrojó resultados categóricos. Los uniformados secuestraron varias dosis de una sustancia blanquecina que, al ser sometida a los reactivos de campo, arrojó resultado positivo para clorhidrato de cocaína.
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Además, se incautaron dos balanzas digitales de precisión, elementos de corte y fraccionamiento (recortes de nylon), dinero en efectivo de distinta denominación y dos teléfonos celulares que, de cara al futuro de la causa, podrían resultar una verdadera caja de Pandora para descubrir a los eslabones superiores de esta cadena ilícita.
En paralelo al registro de la vivienda, las autoridades requisaron un automóvil Fiat Punto vinculado a los investigados. Como saldo final de la jornada, cinco personas mayores de edad -tres hombres y dos mujeres- quedaron supeditadas a la causa y debieron fijar domicilio a disposición de la Justicia Federal.
El despliegue en pleno centro riogalleguense, que llamó la atención de cientos de curiosos, no hubiera sido posible sin un trabajo interagencial aceitado. Al equipo de Narcocriminalidad y Fuerzas Especiales se sumaron efectivos de la División Guardia de Infantería, la infalible División Canes, personal de la Comisaría Primera -con jurisdicción en la zona- y profesionales de la Dirección General de Bienestar Policial, garantizando un procedimiento ajustado a derecho y sin fisuras.
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