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En un procedimiento de rutina que terminó convirtiéndose en una intervención crucial para el resguardo de la producción y el ecosistema del sur argentino, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) logró frenar a tiempo el traslado irregular de 75 palmeras. Las especies vegetales, distribuidas en cuatro transportes de carga, se dirigían directamente a abastecer a diversos viveros santacruceños sin contar con la documentación sanitaria obligatoria para certificar su origen seguro.
El operativo tuvo lugar en el Puesto de Control de la Barrera Sanitaria Patagónica ubicado en el kilómetro 714 de la Ruta Nacional N° 3, un punto estratégico situado en las cercanías de Bahía Blanca donde se fiscaliza de manera permanente el tránsito federal de alimentos y material vegetal. En dicho control, los agentes del organismo sanitario detuvieron la marcha de cuatro vehículos comerciales que trasladaban mercadería proveniente de distintas localidades de la provincia de Buenos Aires, una región delimitada expresamente bajo emergencia fitosanitaria debido a la presencia de plagas reguladas.
Según pudo saber La Opinión Austral, al momento de la inspección, los fiscalizadores constataron una falta grave a la normativa vigente: ninguna de las 75 plantas contaba con el Documento de Tránsito Vegetal electrónico (DTV-e). Este instrumento digital resulta de uso obligatorio e indispensable en todo el territorio nacional, ya que es el único mecanismo que permite garantizar la trazabilidad de la especie, conocer su lugar de origen y verificar que no provenga de predios infectados.
La rigurosidad en los controles no responde a un mero celo burocrático, sino a una amenaza biológica concreta que ponía en riesgo directo a la vegetación de la provincia de Santa Cruz: el picudo rojo de las palmeras (Rhynchophorus ferrugineus). Al respecto, desde el propio SENASA explicaron la peligrosidad que entraña esta especie invasora y remarcaron que “el picudo rojo de las palmeras es una plaga que puede atacar a estas plantas en los viveros y en cualquier etapa de su desarrollo”. Asimismo, advirtieron sobre el impacto directo del insecto en la vegetación al señalar que “los daños que ocasiona son rápidos y severos, provocando desde la caída de hojas hasta la muerte de la planta“.
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