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Hay audiencias judiciales donde el rigor de las pruebas y la contundencia de las leyes se cruzan con postales humanas de una profundidad conmovedora. Entre la tensión del recinto y el llanto contenido de la familia de Nelson Ariel Romero, la figura de Valeria Garnica se transformó en el símbolo del afecto puro y la memoria intacta hacia la víctima.

Valeria no era una espectadora más. Como empleada doméstica de Romero, vivió de cerca su cotidianeidad, su calidad humana y la calidez con la que trataba a quienes trabajaban a su lado. Su compromiso con la causa fue absoluto: asistió sin faltar a una sola de las extensas jornadas del debate oral, convirtiéndose en un pilar silencioso pero firme al lado de la querella. En la última sesión, cuando los jueces se disponían a leer la sentencia definitiva, se presentó sosteniendo entre sus manos una fotografía de su exempleador, un retrato que mantuvo en alto como un reclamo ético de verdad y justicia.

Valeria Garnica sosteniendo una foto de Nelson Ariel Romero tras conocer la sentencia. FOTOS: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Una vez concluida la lectura del veredicto y disipada la sofocante tensión del tribunal, Valeria se dirigió al patio interno de la Cámara Oral, donde el aire patagónico acompañó el desahogo de los allegados a la víctima. Visiblemente conmovida y con las lágrimas en el rostro, dialogó brevemente con La Opinión Austral para expresar el sentimiento que la embargaba tras escuchar la condena máxima para el responsable del crimen: “Siento que se hizo justicia”.

La resolución judicial, que cerró uno de los capítulos más cruentos de la crónica policial santacruceña reciente, significó un bálsamo no solo para los parientes directos del empresario, sino para todo su entorno laboral y afectivo. Reafirmando el concepto que ya había volcado frente al tribunal cuando le tocó declarar como testigo clave, Valeria replicó con profunda emoción: “Él fue la mejor persona que conocí en el mundo“.

Instantes después de brindar sus palabras, se fundió en un abrazo apretado con uno de los familiares de Romero, en una escena que sintetizó dos años de sufrimiento compartido, contención mutua y búsqueda incesante de una respuesta institucional.

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