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El sábado, en una vivienda de la calle África al 2000 de Río Gallegos, un joven de 23 años armado con un cuchillo atemorizó a su entorno en medio de un severo cuadro de delirio persecutorio. Sin embargo, la historia no terminó en un desenlace fatal ni en un despliegue represivo: tras horas de pacífica negociación, el protocolo de contención se resolvió con la persona bajo atención médica y su familia a salvo. Este episodio, sumado a intervenciones recientes en residenciales céntricos y patrullajes preventivos, devela un cambio de paradigma profundo en la Policía de Santa Cruz, donde la palabra y la asistencia profesional reemplazan a la fuerza bruta.
El drama en la calle África se desencadenó cuando llamados de emergencia alertaron sobre un hombre atrincherado en su domicilio con un arma blanca. Dentro de la propiedad se encontraban su pareja, su hija menor de edad y su padre. La noticia, difundida rápidamente por La Opinión Austral, generó un clima de angustia e incertidumbre en toda la comunidad.
La perspectiva de las autoridades distó de abordar la escena como un hecho delictivo convencional. En diálogo con LU12 AM680, el comisario Elbio Ramírez, referente del Equipo de Negociación Policial de la provincia, explicó los pormenores de una intervención donde la prioridad absoluta fue resguardar la integridad física de los involucrados. “Todas las intervenciones tuvieron su desenlace en lo que respecta a que tuvieron la atención necesaria y no hubo personas lesionadas ni vidas que lamentar”, subrayó Ramírez, enfatizando que la activación de estos procedimientos responde a una premisa insoslayable: “Estos protocolos tienen que ver con eso, tienen que ver con salvar vidas“.
El comisario precisó que el joven padecía una descompensación vinculada a un diagnóstico de base. “Tenía algunas cuestiones de base en lo que es la salud mental, había delirios persecutorios que tienen que ver con una enfermedad y con una medicación”, sostuvo el oficial, remarcando el rol decisivo que desempeñó el entorno afectivo durante los momentos más álgidos. En palabras de Ramírez, “la colaboración de la familia fue fundamental y vital, estas redes de contención y la corresponsabilidad no solo de la familia, sino de nosotros, de ustedes y de todos los actores son de un valor inestimable”. Por ello, hizo un llamamiento explícito a “no criminalizar, sino entender que tiene que ver con enfermedades”.
La estructura actual del Equipo de Negociación refleja un esquema multidisciplinario alineado con la Ley de Salud Mental. Conformado de manera permanente desde hace un año y medio por dos negociadores y dos psicólogas, el grupo trabaja en estrecha coordinación. Las profesionales de la conducta analizan el perfil psicológico del sujeto en crisis para sugerir qué negociador posee los rasgos más empáticos para encarar el diálogo, e incluso participan directamente si las condiciones de seguridad lo permiten.
Ramírez detalló que la capacitación del personal contempla instancias en unidades de elite como el Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF) de la Policía Federal, el Grupo Halcón de la Policía Bonaerense, el Grupo ETER de Córdoba y el GRIS de Mendoza. Asimismo, la unidad mantiene intercambios técnicos con fuerzas de Brasil, Ecuador y Perú en materia de abordaje e interdicción del suicidio.
Un engranaje clave en el operativo es la presencia del sistema sanitario público. Durante los procedimientos, médicos y enfermeros del Hospital Regional de Río Gallegos permanecen apostados en la escena durante guardias que suelen extenderse por cuatro o cinco horas. Su labor garantiza que, tras destrabar el conflicto, el paciente reciba de inmediato la atención médica o psiquiátrica adecuada. Ramírez elogió el compromiso de los profesionales de la salud, quienes deben coordinar sus recursos entre las urgencias hospitalarias y el acompañamiento en el terreno operativo.
Finalmente, el comisario remarcó que, aunque el diálogo agota siempre todas las instancias, la preparación del grupo de Operaciones Especiales se mantiene como un recurso de resguardo extremo. Una irrupción táctica no busca el castigo, sino la preservación de la vida cuando la amenaza resulta inminente e inmanejable por vías verbales. “El ingreso táctico es importante porque salva vidas; los efectivos se preparan y entrenan a diario para situaciones de mediana y alta complejidad”, concluyó.
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