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La investigación por la dramática muerte de Carlos Ferrel Gilmar, el hombre de 38 años de nacionalidad boliviana que se descompensó y falleció tras ser aprehendido por las fuerzas policiales en Río Gallegos, sumó este martes una novedad procesal de altísimo impacto institucional: fuentes consultadas por La Opinión Austral confirmaron que durante la intervención desplegada para reducir al individuo se aplicó una maniobra de sujeción cervical, un dato técnico que modifica el enfoque del expediente y pasa a situarse bajo la lupa del Juzgado de Instrucción N° 3 y de la Gendarmería Nacional Argentina. Esta acción, más cercana a un estrangulamiento, complicaría la situación procesal de los policías que participaron del operativo.
Tal como lo informó La Opinión Austral, el luctuoso suceso, que mantiene en vilo a la opinión pública de la capital santacruceña, tuvo su génesis cerca de las 22:35 del pasado viernes 16. Un llamado de código rojo movilizó a los patrulleros a raíz del dramático pedido de auxilio que tuvo lugar en el Gimnasio Municipal “Indio Nicolai” del barrio San Benito.
Un pequeño de tan solo 10 años irrumpió en el establecimiento pidiendo desesperadamente contención a los profesores, alertando que su padrastro estaba agrediendo físicamente a su madre en la vivienda familiar ubicada justo enfrente del predio.
Guiados por los datos proporcionados por el niño, los efectivos de la Comisaría Séptima ingresaron al departamento de la Manzana 71. En el interior se encontraron con un contexto de marcada tensión: el hombre presentaba un cuadro de evidente intoxicación alcohólica y extrema agresividad, al tiempo que la mujer, identificada por sus iniciales L.P.R. (36), presentaba una herida sangrante en el labio inferior. Ante la resistencia del sujeto y la imposibilidad de retirarlo del inmueble, fue necesaria la llegada de refuerzos del Comando de Patrullas para concretar su reducción y contención física.
El desenlace fatal sobrevino minutos más tarde en la dependencia policial. Al momento de ser conducido hacia el sector de celaduría, el detenido colapsó de manera repentina. Pese a que los agentes iniciaron maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) y los profesionales médicos del 107 emplearon un equipo desfibrilador en el lugar, logrando percibir latidos débiles de forma efímera, el médico de guardia confirmó la muerte de Ferrel Gilmar.
Si bien los análisis preliminares indicaron que registraba más de 2 gramos de alcohol por litro de sangre y patologías de salud preexistentes, la gravedad del hecho motivó que la cúpula policial y el magistrado interviniente apartaran a la fuerza provincial, encomendando la instrucción de forma integral a la Gendarmería Nacional para garantizar la máxima transparencia.
En las últimas horas, la causa dio un vuelco determinante. Fuentes consultadas por La Opinión Austral confirmaron que existió una maniobra de sujeción cervical por parte del personal policial interviniente.
En el ámbito legal y médico – forense, dejar constancia formal de que la fuerza sujetó o inmovilizó el cuello del individuo resulta trascendental por dos motivos esenciales: por un lado, para certificar los protocolos de inmovilización aplicados en el forcejeo; por el otro, para evaluar mediante peritajes científicos la intensidad del uso de la fuerza y determinar si dicha manipulación provocó o indujo lesiones o traumas vasculares o respiratorios.
Con este nuevo elemento sobre la mesa de trabajo, los efectivos de Gendarmería intensifican las medidas ordenadas por la Justicia en el barrio San Benito.
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