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Lo que debía ser un viaje de rutina con destino a Río Gallegos se transformó en un enigma que hoy mantiene en vilo a dos países y a una familia sumida en la angustia. Desde el último sábado, la tierra parece haberse tragado a Juan Contreras Contreras, un ciudadano chileno de 52 años que, en su afán por llegar a la capital de Santa Cruz, tomó una decisión extrema: sortear los controles migratorios e internarse a pie por la implacable pampa fronteriza.

Contreras, un conocido mueblista de su región dedicado a la confección de cercos de madera, había planificado su fin de semana con un objetivo claro. Se despidió de su madre por la mañana, prometiéndole que regresaría por la tarde, y emprendió el trayecto hacia el este. Su brújula personal marcaba un único destino: la ciudad argentina de Río Gallegos. Sin embargo, la burocracia y un conflicto legal le pusieron un freno abrupto a su travesía.

Al presentarse en las ventanillas del paso fronterizo, el personal de control le impidió la salida de su país. El sistema había arrojado una alerta insalvable: pesaba sobre él una orden de restricción de salida debido a una demanda pendiente por pensión de alimentos, lo que en Argentina conocemos comúnmente como el incumplimiento de la cuota alimentaria. Rebotado en la aduana y frente a la frustración de ver su viaje truncado a escasos kilómetros de su meta, el trabajador tomó una determinación que sellaría su suerte.

En lugar de regresar a su hogar, Contreras inició un retorno a pie que rápidamente se desvió de las rutas seguras. Las cámaras de seguridad del propio recinto fronterizo, cuyas cintas ya fueron revisadas exhaustivamente por sus familiares, lo captaron caminando por los alrededores del complejo. Nadie lo detuvo. Ningún efectivo lo fiscalizó. La silueta del hombre de 52 años simplemente se fue desdibujando a lo lejos, fundiéndose con el paisaje monocromático y ventoso de la frontera. Había decidido cruzar a la Argentina por un paso no habilitado, desafiando a la naturaleza.

El reloj marcaba las seis de la tarde de ese mismo sábado cuando el celular de la familia Contreras sonó. Era un video grabado por el propio Juan. Lejos de llevar tranquilidad, las imágenes desataron el pánico. En el registro, capturado con la poca luz que ofrece el atardecer patagónico, el mueblista muestra el terreno desolado que lo rodea. Se lo escucha desorientado, con la voz quebrada por la fatiga y el frío incipiente, confirmando lo que todos temían: había logrado cruzar hacia territorio argentino, pero la inmensidad de la pampa le había arrebatado el rumbo.

Sandra Contreras, hermana del hombre desaparecido, fue quien debió enfrentar a los medios locales para visibilizar el drama. En diálogo con el portal El Pingüino, relató que en el video se ve claramente la pampa seca y abierta. Su hermano, apuntando con la cámara hacia un horizonte idéntico en todas las direcciones, repite una y otra vez que está perdido, mientras a lo lejos apenas se llega a divisar la línea fronteriza que dejó atrás. Ese fue su último rastro. Después de ese mensaje, el teléfono enmudeció y el contacto se perdió por completo.

Inmediatamente, el entorno íntimo del trabajador interpuso una denuncia por presunta desgracia, el equivalente legal chileno a nuestra averiguación de paradero. Desde entonces, se han mantenido reuniones de urgencia y una estrecha coordinación con el personal policial para definir las líneas de rastreo terrestre en la zona limítrofe.

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