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Una joven vecina de Río Gallegos decidió romper el silencio e hizo pública a través de sus redes sociales la pesadilla que le toca atravesar desde hace aproximadamente medio año por parte de un sujeto que no cesa en su tesitura de perseguirla, rondar su vivienda y vigilar cada uno de sus movimientos en la vía pública.

La situación, según el testimonio de la propia damnificada, comenzó a gestarse tras un cruce casual en un espacio de recreación de la ciudad. Sin embargo, lo que para ella fue un escenario cotidiano y sin trascendencia, para el agresor se transformó en el punto de partida de una conducta obsesiva que rápidamente traspasó todos los límites del respeto y la seguridad personal.

En su descargo público, la víctima relató con precisión el origen y la gravedad del hostigamiento: “Quiero hacer pública una situación que vengo viviendo hace aproximadamente seis meses y que sinceramente ya se volvió insostenible para mí. A A. Aguirre lo crucé en el gimnasio Akuarel, al que también asistí un tiempo. Quiero aclarar algo desde un principio que yo nunca tuve ningún tipo de relación ni contacto con este hombre. Nunca hablamos, ni cruzamos un saludo. Sin embargo, de alguna manera consiguió saber mi nombre, apellido y mi dirección”.

El nivel de intromisión escaló de forma abrupta cuando el denunciado se presentó sin aviso previo en el domicilio particular de la joven, admitiendo de manera explícita que la había rastreado. “La primera vez apareció un día directamente en la puerta de mi casa diciendo que quería conocerme, que quería hablar de lo nuestro, que sabía dónde vivía porque me había perseguido.. Me sorprendió y me incomodó muchísimo. Ese mismo día le dije claramente que yo no quería conocerlo, que no sabía ni quién era, que no estaba interesada y que no volviera a acercarse a mi casa. ¡Cosa que no respetó!”, enfatizó la víctima.

Pese a la firmeza y la claridad con la que se le exigió que se alejara, las conductas intrusivas no cesaron, sino que se repitieron de forma intimidatoria. “Volvió a mi casa dos veces más, nuevamente con la intención de hablar conmigo, diciéndome que yo le gustaba y que quería conocerme. Las veces que apareció volví a dejarle claro que no quería ningún tipo de acercamiento y hasta le advertí que si seguía iba a denunciarlo. Y aun así siguió…”, detalló.

La rutina diaria de la joven se vio alterada de forma drástica, transformando su hogar en un lugar de alerta permanente y los trayectos urbanos en situaciones de extremo estrés. El nivel de asedio llegó al punto de manifestarse varias veces durante una misma jornada: “Hasta el día de hoy pasa por mi casa constantemente, incluso ha pasado 3 veces por día, por mi vereda mirando hacia la ventana. También me lo cruzo prácticamente todos los días en la calle y, cuando sucede, se queda mirándome hasta que me alejo y me pierde de vista” indicó agregando que realizó la denuncia en la Comisaría Segunda de Policía.

El ámbito digital tampoco quedó exento del patrón de persecución. Al respecto, la mujer señaló: “También consiguió encontrar mis redes sociales y empezó a mandarme muchísimos mensajes. Yo nunca le di mis redes, nunca le contesté, lo bloqueé para que me deje de molestar.. Estoy cansada de vivir de esta manera, de estar pendiente de quién pasa por mi casa, de salir y encontrarme con esta persona, de sentirme observada y de no poder estar tranquila..”.

Ante la gravedad de los hechos y la falta de límites demostrada por el denunciado, la joven confirmó haber acudido a las dependencias correspondientes para solicitar el auxilio del Estado y la protección que la ley otorga en casos de violencia y hostigamiento contra las mujeres. “La situación ya fue denunciada y continuaré utilizando las vías legales para protegerme. ¡Quiero volver a vivir tranquila otra vez!”, concluyó.

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