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La investigación por la desaparición de José y Leo, los hermanos de 10 y 12 años que fueron arrastrados por la corriente del río Gallegos en la zona de La Toma, en Palermo Aike, sumó detalles clave. Fuentes vinculadas al caso confirmaron a La Opinión Austral que los perros de búsqueda delimitaron un área de aproximadamente 40 por 40 metros que coincide con el sector señalado por uno de los adolescente que estuvo con los niños antes de que desaparecieran.
Los pequeños desaparecieron el domingo pasado, cuando se encontraban junto a dos chichos, de 14 y 15 años. Los cuatro habían nadado hasta una especie de isla, formada por un montículo de tierra en medio del río. Cuando intentaron regresar a la orilla, una crecida repentina los sorprendió y arrastró a José y Leo. Los adolescentes lograron salir del agua y alertar a sus familiares.
Desde entonces, los equipos de rescate trabajan intensamente para localizar a los hermanos, mientras la investigación busca precisar el lugar exacto donde fueron vistos por última vez.
La delimitación del sector
Fuentes de la investigación confirmaron a La Opinión Austral que los perros utilizados durante los rastrillajes marcaron una zona específica del río. Sin embargo, durante las primeras jornadas de búsqueda, el punto exacto donde los niños habrían caído al agua no había podido establecerse con precisión.
Según indicaron a este medio, un testigo clave habría tenido dificultades para señalar el lugar. La intervención de personal médico de Gendarmería Nacional resultó determinante. Tras varias entrevistas, el equipo logró establecer el sector donde los hermanos habrían desaparecido. La ubicación coincidió con la zona previamente marcada por los perros de búsqueda.
El área delimitada abarca aproximadamente 40 por 40 metros y presenta pozones de hasta siete metros de profundidad. Por sus características, los investigadores concentran allí la búsqueda y descartan, en principio, que los niños se encuentren río arriba, donde no se registran este tipo de depresiones profundas en el lecho.
Los pozones son sectores del cauce en los que el fondo desciende abruptamente debido a la erosión provocada por la corriente. Su peligrosidad radica en que la profundidad puede aumentar en pocos pasos, sin una transición gradual. En esas condiciones, una persona puede pasar de caminar con el agua a la altura de las rodillas a perder pie de manera repentina, una situación especialmente riesgosa para los niños cuando hay corrientes intensas.
Drones, una tecnología clave para orientar los rastrillajes
Fuentes de la investigación destacaron el rol clave de la tecnología en la búsqueda de José y Leo. A través de drones y equipamiento especializado, los rescatistas pueden obtener imágenes del fondo del río y examinar sectores de difícil acceso. Para estas tareas utilizan dispositivos similares a los empleados en la pesca, que permiten detectar características del lecho y orientar los rastrillajes.
El uso de estos recursos se suma al trabajo de los equipos que intervienen en el operativo, con el objetivo de delimitar las áreas de interés y concentrar los esfuerzos en los sectores donde las condiciones del cauce podrían dificultar la búsqueda.
En ese sentido, el comisario mayor Luis Alberto Poblete, jefe del Departamento del Delito Organizado Zona Sur, había explicado que los drones permiten georreferenciar el terreno, sectorizar las zonas y realizar barridos para identificar posibles anomalías o movimientos en el agua.
“Para nosotros la utilización de drones nos sirve más que nada para marcar un georreferenciamiento del lugar y sectorizar también las zonas”, señaló el funcionario al referirse al trabajo conjunto con los integrantes del GERS.
Poblete también había precisado que cuentan con tres drones que permiten filmar, fotografiar y establecer referencias geográficas, además de brindar apoyo a los rescatistas cuando lo necesitan.
Mientras continúan las tareas, la coincidencia entre el área marcada por los perros y la señalada durante las entrevistas constituye uno de los datos relevantes de la investigación.
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